MDP Archivo 2008 Noviembre 08
Mensaje de Paz,
edición de noviembre de 2008
La verdadera riqueza
Se cuenta que un hombre bastante rico como para poder adquirir todo lo que deseara, por curiosidad fue a visitar a un hombre piadoso que vivía voluntariamente en la pobreza. El rico le manifestó su aprecio y le dijo:
- ¡Cuán grande es tu renunciamiento! Pero el pobre repuso:
- El tuyo es más grande.
- ¿Qué quieres decir con esto? ¿Es una broma? - preguntó su interlocutor.
- De ningún modo - respondió - yo sólo renuncio al mundo temporal, pero tú renuncias a lo que es eterno.
Comprendemos que no es la pobreza la que nos abre el cielo, como tampoco es la riqueza la que nos lo cierra. Esta es la superficial conclusión de quienes opinan que la desdicha en la tierra es una especie de compensación por la felicidad en el cielo, y viceversa. No, lo que Jesús reprocha es la inclinación hacia los bienes terrenales y la importancia que se da a lo que es momentáneo y material; para muchos, este afán por los bienes materiales se vuelve un impedimento para interesarse por lo eterno.
Por esto Jesús dijo: ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Marcos 8:36
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Dichosos los que mueren en el Señor
En el libro Apocalipsis 14:13 dice: "Entonces oí una voz del cielo, que decía: Escribe: Dichosos los que de ahora en adelante mueren en el Señor. Sí - dice el Espíritu -, ellos descansarán de sus fatigosas tareas, pues sus obras los acompañan."
No es un tema del que se guste hablar muy a menudo. Sin embargo, algo que es común para todos los seres humanos, es que todos vamos a morir algún día. Dios, nuestro creador, en Génesis 3:19 lo afirma categóricamente: "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás".
Lo que hace la diferencia es que la Biblia llama "dichosos" a una clase de personas, y son las que mueren en el Señor.
¿Qué significa morir en el Señor?
Isaías 57:2 dice: "Los que van por el camino recto mueren en paz; hallan reposo en su lecho de muerte". Y Jesús es quien dijo: "Yo soy el camino…" Morir en el Señor es haberse entregado en vida a Jesucristo, el dador de la vida. Sólo con él sabemos que estamos predestinados a una vida eterna junto a él.
Alguien dirá: ¿cómo vida eterna? ¿No quedamos en que todos vamos a morir? Juan 5:28-29 dice "No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser condenados." Sí, amigo, habrá una resurrección para todos.
Los que mueren en Jesús son llamados dichosos, pues ellos tienen un abogado ante Dios, quien pagó las culpas de todos sus pecados en la tierra. Para ellos el día de resurrección será glorioso. Otros serán resucitados y condenados a la muerte segunda, que es la muerte eterna. En Apocalipsis 21:8 se dice: "Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican artes mágicas, los idólatras y todos los mentirosos recibirán como herencia el lago de fuego y azufre. Ésta es la segunda muerte." Sin embargo, si estas personas en vida se arrepienten de sus malas acciones y buscan a Jesucristo para su salvación, serán perdonados y pasarán de muerte a vida plena y estarán entre los que el Señor llama "dichosos".
Por eso es importante, de vital importancia, valorar este tiempo de vida, que Dios nos ha dado, para poner en orden nuestras cuentas con él y empezar a disfrutar de sus promesas en esta vida y en la que vendrá después de la muerte. La Biblia nos lo dice: "Él murió por nosotros para que, en la vida o en la muerte, vivamos junto con él".
¡Acepta a Jesucristo y empieza a vivir una vida plena, ahora y después de partir de aquí! - ¡Dios te bendiga!
Hugo Alberto Díaz
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El paraíso recuperado
"Y no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en ella (la Nueva Jerusalén), y sus siervos lo servirán, y verán Su rostro, y Su nombre estará en sus frentes" (Ap 22:3-4).
En el último libro de la Biblia se habla de la restauración completa. Nadie y nada en la nueva creación está bajo el juicio de Dios. Todo es santo y perfecto. Todos hacen lo que Dios quiere, lo que le glorifica a Él. No hay ninguna astucia ni degradación, ninguna serpiente ni tentación, ninguna posibilidad de separación de Dios. ¡Qué perspectiva maravillosa y qué descanso perfecto! La deslealtad del hombre pertenece definitivamente al pasado. Aquí todo es hecho nuevo.
También el Señor se goza: "¡He aquí, el tabernáculo de Dios está con los hombres!" Por fin todo es uno, tal como Él lo había proveído de antemano. Todo nuevo. Todos revestidos con la verdadera justicia y santidad para conocer directamente a Dios, amarlo de corazón y vivir con Él la felicidad, para alabarlo y glorificarlo únicamente a Él. Allí Dios mismo, el Santo, tiene su trono. En el centro de Su pueblo Él gobierna con amor.
En fin se ha cumplido y ejecutado Su plan de salvación que diseñó ya antes de la fundación del mundo. Finalmente, el Padre y el Hijo reinan con amor para siempre.
En la nueva Jerusalén todo se concentra en el Rey de la gloria y todos se arrodillan ante Él para ensalzarlo. Todos se dejan conducir por Su mano. En la ciudad de Dios todos ya están liberados de indecisiones y deficiencias, ni hablar del egoísmo u otros pecados. Todos los redimidos le sirven llenos de amor. En ellos resplandece la obra del Espíritu Santo quien los ha preparado para glorificar al Padre y al Hijo. Lo que comenzó en la tierra en cada uno individualmente con el nuevo nacimiento, en la presencia de Dios se perfecciona y se perpetúa.
En la gloria del cielo el motivo de la máxima alegría es "ver Su rostro". Antes, en el templo terrenal, los sacerdotes podían acercarse a Dios, pero sin verlo. Ni siquiera a Moisés, mediador del antiguo Pacto, le fue concedido verlo. Pero allí "somos semejantes a Él, porque lo vemos tal como Él es" (1 Jn 3:2).
¿Y qué es lo que se distingue en la frente de Sus adoradores? Es Su nombre. Los adoradores son marcados como propiedad Suya, así como había prometido: "Escribiré sobre él el Nombre de mi Dios" (Ap 3:12). La gloria y la santidad de Dios se reflejan en la frente de cada uno.
A mí que todavía estoy en este mundo, la esperanza de la Gloria de Dios convoca la añoranza. ¿Cuándo iré y me presentaré delante de Ti? Aquí aún hay mucho que luchar. Hay muchos enemigos que ocultan la visión completa, hay tiempos en que Dios se oculta. Pero a pesar de todo miramos con plena esperanza, confiados en la promesa de Cristo: "Los limpios de corazón verán a Dios" (Mt 5:8). Y decimos con el salmista: "En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia, estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza" (Sal 17:15).
¿Es ésta también la alegre perspectiva de mi lector?
(.)
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Serie Biblia XLIII
Evangelio según Marcos
Marcos, llamado también Juan, era sobrino de Bernabé e hijo de una de las mujeres que llevan el nombre de María en el Nuevo Testamento (Hechos 12:12).
Opiniones varias hay sobre la fecha exacta de la escritura de este segundo evangelio, las cuales no han dado una razón convincente para desautorizar la fecha tradicional de la iglesia primitiva que la sitúa entre los años 57 y 63 d.C.
Este evangelio tiene un lenguaje directo y preciso, sin adornos lingüísticos, que presenta a Jesús en continua actividad, y aunque Él es el Maestro por excelencia, hace este texto más hincapié en Sus hechos que en Sus palabras, es decir, realza más la ejecutoria de Jesucristo que Su oratoria.
Marcos no es un historiador biográfico de Jesús, pues sólo se preocupa por dar a conocer - y lo logra perfectamente - que Jesucristo es el Hijo de Dios, y lo que Él ha hecho en Su ministerio de Salvación.
Muestra este evangelio a Jesús como el Hijo de Dios encarnado en Su carácter de Siervo cuando nos dice: "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir" (10:45). Pero este humilde Siervo es a su vez el "Dios fuerte" (Isaías 9:6) que tiene autoridad sobre los demonios, los cuales lo llaman "el Santo de Dios" (1:24) e "Hijo del Dios Altísimo" (5:7), y puede realizar obras maravillosas.
Este evangelio puede dividirse en cinco partes, a saber:
1. Profecía sobre Jesús, Su bautismo y tentación sufrida (1:1-13)
2. Ministerio de Jesús (1:14 - 8:30)
3. Jesús anuncia Su muerte (8:31 - 10:52)
4. Jesús en Jerusalén (11.1 - 13:37)
5. Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús (14.1 - 16:20)
Fernando Torres
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¿El castigo será eterno?
Preliminar: El concepto del Purgatorio no aparece en la Biblia, y por lo tanto de ninguna manera lo tomamos en consideración. Comúnmente se designa como Infierno el castigo eterno a los que no se arrepintieron durante esta vida.
A continuación citamos unos versículos bíblicos que demuestran que la "perpetuidad" del castigo en el mundo venidero se define con los mismos términos como la inmortalidad de Dios.
La duración de Dios
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La duración del Infierno
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Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Y
él puso su diestra sobre mí, diciéndome: “No temas. Yo soy el primero y el
último, el que vive. Estuve muerto, pero vivo por los siglos de los
siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades. (Ap 1:17-18)
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…y será atormentado con fuego y azufre
delante de los santos ángeles y del Cordero. El humo de su tormento sube por
los siglos de los siglos…” No tienen reposo de día ni de noche los que
adoran a la bestia y a la imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. (Ap
14:10-11)
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Y los veinticuatro ancianos se postraron
sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos
(Ap 5:14).
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Otra vez dijeron: “¡Aleluya! El humo de ella
ha de subir por los siglos de los siglos” (Ap 19:3).
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El ángel que vi de pie sobre el mar y sobre
la tierra levantó su mano hacia el cielo y juró por el que vive por los
siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la
tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él…
(Ap 10:5-6)
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Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado
en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y
serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. El que no se
halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego. (Ap
20:10,15)
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Jesucristo, en Marcos 9 menciona tres veces el infierno como "donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga".
Que el lector forme personalmente su opinión respetando siempre lo que dice la Biblia. Sepa también que Dios llama al arrepentimiento a todas la personas (Hch 17:30) para que pasen la eternidad en Su gloria donde "no habrá más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos". (Ap 22:5)
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Experiencia
Comprendí que me estaba muriendo
Tenía quince años. Mi familia y algunos hermanos de la iglesia pasábamos juntos una tarde de domingo en nuestra casa. De repente me sobrevino un debilitamiento general. Levantándome dije a mi hermano: "Me siento muy raro, voy a echarme un rato".
Apenas acostado, el mundo empezó a desvanecérseme. No sirvió tratar con todas mis fuerzas de abrir mis ojos: lentamente desaparecía la luz y todo alrededor se volvió oscuro y silencioso.
"¡Tranquilo - pensé - esto pasará rápido!" Traté de tranquilizarme más: "Ya sé lo que me está pasando, no es la primera vez; dentro de poco podré gritar y alguien llamará al médico; y él sabe qué inyección tiene que ponerme…" Pero nada. Mi boca empezó a secarse. No podía ni mover la lengua. - "¡¿Por qué no vienen a verme?!" Empecé a comprender que la situación era seria.
Entonces grité dentro de mí: ¡Señor, ¿por qué tengo que morir?! ¡Soy joven! ¡No, no! ¡No seas tan duro! - Pero mi rebelión no pudo resolver nada.
Luego en mis pensamientos empecé a discutir: "Señor, tú me llamaste para servirte, y tú sabes que con honestidad te lo prometí. Tú sabes que ya estoy preparándome…". "Señor, morir ahora está en contraposición con tu llamada. Tú que eres justo no puedes permitirte esta incoherencia. ¡Tienes que sanarme! ¿Para qué me llamaste y me distes promesas?" - Los minutos pasaron. Ninguna mejoría.
¿Donde voy a pasar la eternidad? Pensando en esto, lo duro que había en mi corazón se derritió. "Señor Jesús, ¡gracias por el perdón! Gracias que tu obra en la Cruz es suficiente para mí. Gracias, Señor, que muy joven pude convertirme a ti. Señor, tú eres todo para mí." Pero esa paz fue cruzada otra vez por una resistencia - muy natural -, pensando nuevamente que Dios no podía haberme llamado a su servicio para dejarme morir ahora.
En ese momento era como si una voz me insinuara una pregunta: "¿Piensas tú que Dios se encontraría en apuros sin tu servicio? ¿Te crees tan importante?" "Señor - respondí - me arrepiento, confieso que tú no dependes de mí, tú puedes hacer todo lo que quieras. Creo y confieso que tu bondad es sumamente grande hacia mí. Me recibirás en gloria." Ante mi ojo interior apareció una luz, y yo disfruté comprendiendo mejor lo que es la Gracia. ¡Todo está listo, no falta nada! "¡Señor, yo voy a ti; gracias que ya soy tuyo!"
De repente desde muy lejos oigo un grito: "¡Está muerto, está muerto!" (Era uno de mis hermanos, horrorizado viendo mis ojos sin vida y salientes fuera de las órbitas.) Pensé: "Yo estoy bien, voy a la gloria, pero vosotros, pobrecitos, tendréis que seguir aquí". Ya me sentía en el cielo.
Luego escuché una voz de hombre: "Padre, en el nombre de tu Hijo Jesucristo, no lo dejes morir, sino dale la vida…"
"¡No, Señor! me rebelé dentro de mí. Me horroricé pensando que nuevamente tendría que luchar en la vida terrenal. "No puede ser, ¡por favor acógeme, Señor!" En este momento el Señor me habló otra vez en mis pensamientos: "¿No crees tú que yo soy capaz de guardarte durante todos tus días, de bendecirte y hacerte fuente de bendición?" Responder en ese momento crucial era demasiado difícil para mí.
Mi cuerpo se contrajo para dar un suspiro. "¡¿Me oyes, me oyes?!" gritó alguien. Lentamente la luz de mis ojos se iba encendiendo. ¡Cuánta gente estaba alrededor! Después de unos minutos me senté. Al notar que yo todavía no estaba del todo consciente, me acostaron otra vez sobre el sofá. No podían figurarse mi problema: me resultó tan duro tener que volver a vivir. Mas recordaba: "¿No crees que yo soy capaz de guardarte durante todos tus días y hacer que seas una bendición?" Tímidamente, poco a poco, recobré la fe para afirmar. Y cuanto más afirmaba, tanto más recibía fuerzas: ¡El Señor es capaz de guardarme y hacer que yo sea útil en Su reino!
Desde entonces han pasado casi cuarenta años… y desde casi treinta escribo en Mensaje de Paz.
Mi joven amigo, si acaso sufres alguna enfermedad grave acude a Jesucristo, él es el único que puede acogerte, darte paz y concederte una entrada triunfal en la gloria eterna. Y los días que te tocará vivir en la tierra, él puede bendecirlos ricamente. - ¡Que Él esté contigo!
Juan
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