MDP Archivo 2010 Junio 10
Mensaje de Paz,
edición de junio de 2010
Campeonato mundial 2010
En este mes todo el mundo habla del fútbol, pues el campeonato mundial tiene lugar en Sudáfrica. Supongo que en los tiempos de Jesús y de los apóstoles todavía no existía este deporte que hoy en día tiene tantos aficionados. Sin embargo, las competiciones deportivas sí eran conocidas y populares. Uno de estos espectáculos era los juegos olímpicos, que originalmente tenían lugar en Atenas. Son los juegos deportivos de la antigüedad más conocidos hoy en día porque fueron revivificados en 1896.
Se organizaba además los juegos délficos, competiciones de arte y música, y los juegos ístmicos, concursos deportivos nombrados según el istmo -el estrecho puente de tierra- que une la península del Peloponeso con el continente griego; dichos juegos tenían lugar en Corinto, un centro económico y cultural de aquella época que estaba situada junto a este istmo. De ahí que el apóstol Pablo en su primera carta a la iglesia de Corinto animara a los creyentes a seguir el ejemplo de los deportistas y los usara a ellos y sus disciplinas como metáfora para la vida cristiana.
De la misma manera nosotros, en esta edición, queremos usar el fútbol, el deporte de equipo más popular del mundo, para hablar de nuestra relación con Jesucristo y con Su iglesia.
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"¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible." 1Corintios 9:24-25
Cómo ganar el campeonato de la vida
En estos días todo el mundo está electrizado por el fútbol. Muchos siguen el acontecimiento por la tele temblando de ansiedad por la selección de su país, mucha gente ha viajado a Sudáfrica para estimular y animar a su equipo. Vestidos con los colores de su nación aplauden y dan gritos de ánimo y júbilo. Aún más tensos están los deportistas mismos. No hay ningún desmotivado o aburrido en el campo. Todos se someten a una disciplina rígida, atentos y dispuestos a dar todo lo posible, con un único fin: ¡Quieren ganar el gran premio!
Dios quiere que ganemos
La Biblia presenta esta actitud de los deportistas como buen ejemplo que debemos seguir, aún más porque el propósito final que Dios tiene para con nosotros vale mucho más que todos los premios y el honor terrenales.
¿Qué propósito tiene Dios con nuestra vida; para qué nos la dio?
Dios nos creó para compartir su vida divina con nosotros.
¿Es este premio digno del esfuerzo?
Contemplar la creación con su diversidad y creatividad, la vastedad del universo y el detalle del microcosmos y pensar en los momentos románticos que a veces vivimos en la naturaleza, y por otro lado los aventureros, nos demuestra algo del carácter de Dios. Además quiere compartir con nosotros su bondad y misericordia; quiere que seamos justos y santos como él es justo y santo (significa apartado de toda maldad); quiere que estemos llenos de amor y gozo como él lo es; y quiere que vivamos eternamente como él. En otras palabras: Dios quiere compartir el cielo con nosotros. Esto es el propósito final de nuestras vidas, esta es la corona incorruptible. Y Dios mismo nos anima y dice: "Corred de tal manera que lo obtengáis." Quiere que ganemos este premio, quiere que seamos vencedores.
Cartulina roja
Sin embargo, dice la Biblia que hay todavía un grave problema, y este es que has hecho una falta y has recibido la cartulina roja: estás expulsado.
¿Quieres saber en qué fallaste? ¿Ya has mentido una vez, engañado o difundido medias verdades? Entonces has cometido una falta contra la verdad, es decir contra Dios, y también contra tu prójimo. ¿Ya has sido envidioso, tacaño, despiadado o estado furioso? Entonces has faltado contra el amor, contra tu prójimo y contra Dios. ¿Has hecho o dicho o pensado cosas malas o sucias? Esto es una falta contra la santidad de Dios. Aquí se podrían nombrar muchas más cosas, pero nos basta con estas.
Dios quiere compartir su vida divina contigo, pero con cada pecado que cometiste en tu vida has fallado de manera que mereces la cartulina roja. El pecado es tan ajeno al carácter de Dios que te expulsa del "juego" y te hace imposible alcanzar la meta que él tiene para tu vida.
Tal vez no me crees que sea tan grave, pero dice la Biblia en Romanos 3:23 que "no hay diferencia, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". En la tele se puede volver a ver las escenas claves del partido, se nos enseñan varias perspectivas y en la toma de cámara lenta se ve perfectamente qué ha sucedido. A veces vemos mejor que el arbitro y nos damos cuenta de que la cartulina ha sido una decisión equivocada. Sin embargo, el Dios omnisciente nunca se equivoca y en el día del Juicio Final las imágenes de la cámara lenta demostrarán que el juicio de Dios es justo.
Romanos 6:23 dice que "la paga del pecado es muerte", porque expulsados nunca tendremos la posibilidad de ganar el premio, la vida eterna en comunión con Dios.
Expulsado en tu lugar
¡El pecado es la realidad más triste del mundo - también para Dios, porque él sigue amándonos y queriendo que ganemos! Pero no puede anular simplemente la tarjeta roja, porque Dios es la justicia en persona y no puede ser infiel a sí mismo. Por otro lado también es el amor en persona y no puede dejarnos en la estacada.
¡Dios ha encontrado una solución para este dilema! Envió a su Hijo unigénito Jesucristo. Jesús desde toda la eternidad ha estado con Dios y ha compartido la vida divina con su Padre Celestial. Sin embargo, estaba dispuesto a dejar el cielo y vivir en esta tierra como nosotros. Durante todo este tiempo nunca falló ni contra Dios ni contra nadie, Jesucristo nunca cometió pecado. Sin embargo, fue expulsado de la vida y de la comunión con Dios. Jesucristo murió clavado en una cruz para llevar el castigo que tú y yo hubiéramos merecido, él pagó voluntariamente por nuestros pecados, por nuestra cartulina roja.
Porque él mismo nunca pecó la muerte no le podía retener y Cristo resucitó el tercer día y volvió como vencedor al cielo donde está al lado de su Padre Celestial. Por eso puede ofrecernos un nuevo permiso para participar en el campeonato.
Nueva oportunidad
¿Qué es necesario para obtener este nuevo permiso?
- Reconoce que has pecado y que mereces la cartulina roja (el juicio de Dios).
- Pide perdón a Dios y acepta el regalo de Salvación por Cristo.
- Pon tu confianza en las promesas de Dios que dicen: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16).
- Acepta a Jesucristo como Señor de tu vida, es decir como tu nuevo entrenador. Confía en sus palabras (la Biblia) y obedécelas, pues él tiene la mejor táctica para ganar.
Si has entregado tu vida a Cristo con toda sinceridad, puedes saber que perteneces a su equipo, porque Jesús dice: "Al que a mí viene, no lo echo fuera" (Juan 6:37). ¡El equipo de Cristo es él de los campeones! Lee los demás artículos para aprender más sobre tu nuevo entrenador, su equipo y su manera de jugar y ganar.
Hartmut
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El entrenador y el entrenamiento
Imagínate que tu equipo ha conquistado el primer puesto de la tabla de clasificación de la primera división de tu país y, aunque todavía haya un partido que jugar, ya está claro que nadie lo puede adelantar porque tienen muchos más puntos que los demás. ¡Ya son campeones! Es lo mismo cuando perteneces al equipo de Cristo: Él ya ha ganado todo, él es el vencedor del pecado, de la muerte y del diablo, y es el rey de la vida. Tú no puedes contribuir con nada para ganarte el cielo, pues Cristo ya hizo todo lo necesario. Sólo puedes aceptar humildemente este gran regalo del amor divino.
Sin embargo, ¿qué hace un equipo que se encuentra en la situación arriba descrita? ¿Piensan: "Ya somos campeones, de ahí que da igual si perdemos aplastantemente el último partido. Ya no nos esforzaremos."? ¡Seguro que no! Consideramos como lo más natural del mundo que se esfuercen y luchen hasta el fin para demostrar que son dignos de ser campeones. De igual manera es evidente que como cristianos queremos vivir una vida que agrade a Dios. "Porque los que hemos muerto al pecado (junto con Cristo(, ¿cómo viviremos aún en él?" (Romanos 6:2).
Ahora quiero darte unas pautas que te ayuden a ser vencedor.
¡No estás solo!
Lo más elemental es que establezcas y mantengas una buena relación con el entrenador. Un buen entrenador conoce las tácticas del adversario y tiene una táctica mejor para ganar. Nos enseña habilidad con el balón, resistencia física, precisión de tiros y cómo marcar goles. Siempre anima a su equipo, o si es necesario lo exhorta seriamente. Todo esto es necesario para jugar bien y ganar.
Espiritualmente Jesucristo es el mejor entrenador que sabe la mejor táctica de vivir y nos la enseña a través de su Palabra. Por eso mismo es sustancial que leas frecuentemente la Biblia y obedezcas a lo que has entendido. Además, habla siempre y de todo con Cristo, pues él entiende tus problemas y sabe tus déficits, pero también conoce tus puntos fuertes y valora e incentiva tus talentos. Es el mejor entrenador de la vida, ¡confía completamente en él!
Muestra entrega
El fútbol es un deporte de equipo, uno solo no puede ganar, y es necesario que los jugadores participen comprometidos en el entrenamiento. También en la vida cristiana necesitas compañeros para luchar hombro con hombro. Por eso es importante que te reúnas con otros creyentes y participes con compromiso en una iglesia donde amen, enseñen y practiquen la Palabra de Dios.
Nutrición
Otro tema muy importante es la nutrición equilibrada. Ningún deportista profesional se alimentaría principalmente de hamburguesas, patatas fritas y chucherías porque se pondría gordito, lento e inútil. Para mantenerte espiritualmente en forma tu comida principal debe ser la Palabra de Dios. Claro que se puede consumir también otras cosas, pero si comes demasiada comida basura (fast food), o sea si alimentas tu alma sobre todo con entretenimiento secular de la tele, revistas, DVD, radio… no tendrás suficientes fuerzas para vencer el pecado.
Para los deportistas las sustancias dopantes están prohibidas. Consumir estas parecen rendir resultados mejores, pero no tienen validez. Asimismo en el "mercado" espiritual hay muchas ofertas para doparse, a saber todas estas que quieren hacerte creer que para ser salvos necesitas algo más que Cristo, y las que quieren añadir algo a la Palabra de Dios. Cuidado, no te mezcles con estos tunantes.
En la historia del deporte hay unos testimonios tristes de deportistas de la élite mundial que cayeron en drogadicción y perdieron su forma, su éxito o incluso su vida. Las drogas espirituales son por ejemplo la pornografía o el ocultismo. Por un momento te dan un empuje emocional, pero luego te toman preso y poco a poco te destruyen.
Fija tus ojos en Cristo
Sin embargo, te quiero animar. El vencedor está a nuestro lado. "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Romanos 8:31). "Por tanto… despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12:1-2). ¡Quédate siempre cerca del Señor y de su Palabra, con él serás vencedor y podrás celebrar la victoria!
Hartmut
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¡¡Goool!!!
Querido amigo, ya hemos aprendido mucho de los futbolistas. Sin embargo, hace falta pensar sobre algo más: ¿Cómo se marcan goles? y por otro lado ¿Cómo se evita que nuestro adversario marque goles? La importancia de estas preguntas es obvia, pues es la meta de cada partido.
Los goles que hay que marcar
En Gálatas 5:19-21 el apóstol Pablo da una lista de actitudes que podemos comparar con los goles que puede que tengamos que encajar: "Manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lujuria, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, divisiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas." En vez en los versículos 22-23 nombra las actitudes que significan los goles que queremos marcar nosotros: "Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza". Para entender mejor la práctica te doy dos ejemplos:
Entrena tu defensa
Mi primer ejemplo es mayormente un problema de los chicos, la masturbación. Amigo, ¿quieres ser vencedor en la lucha por la pureza sexual? Entonces tienes que saber que esta lucha no sólo empieza en el momento en que aparecen los deseos sexuales, sino mucho antes. En el fútbol los buenos defensas atacan a los delanteros contrarios en cuanto entran en su mitad del campo; no los dejan moverse libremente. Es lo mismo en la vida espiritual. Si te dedicas a mirar lujurioso a las chicas o a revistas, pelis etc. o si te permites fantasías sexuales - es decir si dejas moverse libremente tus ojos y tu imaginación - es como si tu defensa dejase pasar a los delanteros y ellos pudieran rematar libremente. En la mayoría de los casos marcan el gol. Por eso, ¡entrena tu defensa, cuida siempre bien de tus ojos y de tu fantasía!
Ataque a la portería de tu corazón
El segundo ejemplo tal vez afecta más a las chicas, los celos. Imagínate que tu mejor amiga últimamente no tenía mucho tiempo para ti. De repente la ves junto con otra amiga en una cafetería. En este momento empieza el ataque a la portería de tu corazón. La jugadora "Comparación" tiene el balón, piensas: "Para aquella tía tiene tiempo…". "Comparación" pasa el balón a la jugadora "Sospecha": "Ya pensaba que algo no iba bien". Juega la "Acusación": "Me ha dejado en la estacada". Y el "Celo mordaz" marca el gol, le vuelves la espalda a tu amiga con comentarios maliciosos. El amor, el gozo, la paz… se han esfumado. Y todo esto sin conocer la verdad, sin saber que tu amiga de veras no tiene mucho tiempo, pero que la otra tenía problemas y necesitaba a alguien para hablar, es decir que tu amiga la ayudó por amor al prójimo y que no tiene nada contra ti.
Empate y gol de ventaja
Si quieres empatar enseguida mira lo que dice la Palabra de Dios en 1 Juan 1:7: "Si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado". Da el primer paso, sé sincero, comunícate con ella, no guardes rencor en tu corazón - y has empatado. La reconciliación es el gol de ventaja.
Como evitar los goles en contra
Siempre es mejor no tener que encajar goles. Para defender con éxito es importante que tu entrenador te pueda sensibilizar con las tácticas del adversario; practica cada día un tiempo devocional en que leas tu Biblia y hables con tu Señor. Entonces notarás desde el primer momento que la comparación y la sospecha son atacantes contrarios a los cuales no debes dejar demasiado espacio en tu área de penalti, es decir en tus pensamientos y sentimientos, en tu corazón.
Tu jugador más importante es la fe, la confianza en lo que Dios dice en su Palabra. En Romanos 6 p.ej. dice que Cristo nos liberó del pecado, es decir no sólo perdonó nuestros pecados, sino también nos rescató del dominio del pecado. Como cristiano ya no estás obligado a pecar, no tienes que guardar rencor. El jugador "Fe" agarra esta promesa porque sabe que la Palabra de Dios es absolutamente fidedigna. Bien es verdad que la tentación, el asalto de la calumnia y los malos sentimientos seguirán, no obstante vencerás si sigues confiando en las promesas verdaderas de Dios. 1 Timoteo 6:12 nos anima a que peleemos la buena batalla de la fe. Fíjate en que es una batalla de fe. Lo importante para vencer no son nuestros sentimientos, ni los pensamientos o las experiencias - aunque también forman parte de la lucha - sino el Dios vivo y la fidelidad a su Palabra.
Amigo, amiga, te deseo un partido (una vida) de emoción y que marques muchos goles para la gloria de nuestro entrenador Jesucristo. Con él somos más que vencedores.
Hartmut
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