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MDP Archivo 2003 Sept 03

Mensaje de Paz
Edición de Septiembre de 2003
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Índice
De las riñas, a la paz
Elegir la Paz
¿Por qué la maldad?
La Paz
Acróstico
Cómo yo encontré la paz


 

De las riñas, a la paz

Desde niño siempre supe que Jesucristo dice “yo os doy la paz”, pero a esta promesa, la juzgaba muy inapropiada, pues consideraba que tenía que luchar por mí mismo  y que con la paz no se ganaba nada. Yo debía, por fuerza, tener razón en todo y no quería aceptar ciertas injusticias, por las cuales, según mis criterios, yo estaba sufriendo mucho.

Y así escogí el camino de la autodefensa y justificación de mí mismo, sin darme cuenta de que en realidad estaba fomentando tremendamente mi egoísmo. No me enteré en absoluto que mis próximos tuvieran que sufrir mucho por mi carácter cada vez más contencioso. Y yo mismo, gradualmente era más infeliz.

Llegué al extremo incluso de inculpar a Dios… Pero Él, una vez me hizo una pregunta, dándome la siguiente reflexión: – Bueno, yo tengo la razón, ya que juzgo las cosas claramente; pero yo no tengo la paz en mi corazón. (En realidad mi egoísmo a veces me llevaba a la desesperación.) Yo me hice la siguiente pregunta: ¿Quiero tener siempre la razón, y nunca la paz? Entonces empecé a pensar en la eternidad. Yo sabía que con mis pecados la pasaría en el infierno. ¿Quizá allí mi tormento será el tener la razón contra todos, y nunca tener paz…?

Espantado por esta reflexión, me puse de rodillas confesando: ¡Señor, tú tienes la razón; yo me pierdo en mi egoísmo; Señor, sálvame, por favor, dame Tu Paz!

Luego, después de pocos instantes, empezé mi vida nueva con la Salvación y la Paz de Nuestro Maravilloso Señor Jesucristo.

J.U.K.

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Elegir la Paz

Demás está describir los horrores de la guerra y el ánimo de búsqueda de paz que esto despierta en todos los seres humanos. En algunos países de Europa hay casas donde se han enarbolado banderas de colores como un arco iris en reclamo por la tan anhelada paz mundial. Grandes y multitudinarias marchas a favor de la paz se han alzado en todas las capitales del mundo. Organizaciones no gubernamentales y religiosas proclaman la paz mundial y pregonan estar trabajando en pos de ella. Hasta se hacen desfiles de modelos y recitales de rock a favor de la paz. Nada hay más honroso y que brinde tanto prestigio en el mundo como demostrar que se busca la paz. En tiempos antiguos, relata la Biblia, ocurrían cosas como estas, muchos habían que decían paz, paz, pero en realidad no la había. El Señor, una vez les dijo: “…ustedes engañaron a mi pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz, y uno edificaba la pared y he aquí que los otros la recubrían con lodo suelto” (Ezequiel 13:10). Cuántas veces, animados por las campañas publicitarias, nos encontramos emocionados frente a una gran suelta de globos o fuegos de artificio en reclamo por la paz y se nos llenaron los ojos de emoción. Pero al volver a casa, a nuestra vida cotidiana, nos encontramos con que todo seguía igual, la paz que se pregonaba pareció durar tanto como el lodo suelto dura recubriendo una pared, tanto como una cinta roja dura en nuestra solapa en la lucha contra el sida, o como una bandera de colores de arco iris en contra de la guerra, dura puesta en nuestra ventana.

Dios mismo sabe que ese anhelo es bueno, que el hombre busca y necesita paz en esta vida. Pero profetizó en contra de los que usan esa necesidad para proclamar una paz engañosa de los cuales Dios mismo dice: que “…curan las heridas de mi pueblo diciendo: paz, paz, y no hay paz” (Jeremías 6:14). La Paz entonces, ¿qué es? Si Dios sabe que necesitamos paz, alguna vez te habrás preguntado: ¿por qué no nos la da? Pero el Señor ha establecido la paz para las personas y un único camino para alcanzarla. En el mismo pasaje de Jeremías dice: “Así dice Jehová: paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma, más dijeron: no andaremos” (Jeremías 6:16) Por supuesto que no resulta difícil imaginar un gran espectáculo televisivo de modelos y músicos que se muestran fieles luchadores por la paz, y trabajar ajetreadamente en la confección de chalecos que cientos de adolescentes lucirán en una marcha fríamente coordinada frente al palacio del gobierno. Pero qué difícil que se hace para algunos leer la Palabra de Dios, la Biblia, detenernos un momento a mirar y preguntar cuál sea el buen camino y recién entonces andar por él. En este versículo de Jeremías el Señor nos propone dar tres pasos antes de emprender el camino de la Paz: detenerse, mirar y preguntar. En nuestro ánimo de querer todo ya, en la urgencia de la vida moderna en que todo se reclama a los poderes políticos de turno, creemos y hasta decimos a viva voz que es tiempo de actuar y de acción pronta por la paz. Pero al igual que en los tiempos bíblicos, ante una propuesta semejante de los tres pasos dados en Jeremías muchos responden: no andaremos. Y dice el Señor: “puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad el sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: no escucharemos” (6:17). Los atalayas eran hombres que estaban sobre lugares altos y podían ver cuando los enemigos se acercaban a la ciudad y daban ahí mismo la señal de alarma haciendo sonar una trompeta. Claro que si las personas no le hacían caso lo más seguro era que murieran todos en manos de los invasores. Qué fácil que resulta soltar globos y palomas blancas en la plaza a la vista del público, eso es bueno, pero qué difícil es a veces escuchar a un predicador que nos dice que debemos apartarnos del pecado, que hace sonar como trompeta la voz de Dios que está en la Biblia, a lo cual muchos responden igual que ayer: no escucharemos.

Querido lector, es cuestión de elegir: recibe Palabra de Dios en este momento, la paz que tanto anhelas sólo se encuentra en la persona de Jesucristo, recíbelo en tu corazón como tu personal salvador, no te niegues a escuchar el atalaya y a quienes te traen un mensaje de Paz. Te animo a que des los tres pasos que se proponen en Jeremías y podrás decir como Zacarías en Lucas1:67,69: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y remido a su pueblo (…) para encaminar nuestros pies por caminos de Paz”. El Señor ha prometido la verdadera paz, que es Su Paz, a todos los que han aceptado el camino de salvación que Él nos dio en su infinita gracia y que se llama Jesús. A éstos él dejo la más hermosa de las promesas: “La paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”

Pídele a Jesús que entre a vivir en tu corazón y el te dará toda la Paz que necesites en tu vida y más aún. Porque, dice Jesús: “Si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14:14). ¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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¿Por qué la maldad?

Los jóvenes... la agresión, la rebeldía, la delincuencia... temas que preocupan a los padres y docentes porque son el motivo de las noticias chocantes y horribles de cada día.

Pero te has puesto a pensar que Dios dijo: „Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”.

¿Y cómo hizo a este ser infernal?, te preguntarás.

Claro, buena pregunta. Lo que pasa es que el hombre fue creado para vivir en comunión con Dios, ligado a su voluntad para así vivir en paz y dar frutos de amor, alegría, paz, dominio propio, etc.

Sin embargo, el Señor nos dio la libertad para elegir: o andamos en su voluntad por el camino que Jesús nos enseñó, o nos alejamos de Él.

Lo ignoramos, y bueno aquí viene el drama del hombre. El enemigo de Dios, Satanás, ocupa ese lugar del espíritu en el hombre y lo domina.

Es así, te parecerá infantil pero el Señor dice que el maligno vino a la tierra a robar, matar y destruir y esa es su nefasta misión: robar la paz, destruir vidas, familias, matar... ya lo ves. Lo que pasa es que si estás en tinieblas, lejos de la luz de Cristo no lo captas con la mente natural y a las personas que estorban o causan estragos, las tildas de locos, neuróticos, alienados... Si, así parece ser, pero en verdad son víctimas del mismo Satanás, que dirige las vidas que por el pecado e indiferencia espiritual se alejan de Dios y caen en el error de la maldad.

Pero el Señor nos pide algo. ¿Cómo sabrán esto los jóvenes, si no hay quien les enseñe? y falta justamente esto: Enseñanza de la palabra de Dios.

En los Colegios, radios, TV, poco o casi nada se habla de Jesús y su Verdad. Y muchos jóvenes crecen así, manoteando lo que el mundo les ofrece, sin interesarse de cómo vivir una vida con Dios.

¡Sería tan distinto! Intente usted que lee esto de hablar con Dios y decirle: „¡Cómo hago Señor, quisiera conocerte más y andar en tu camino para guiar a los que me des, en tus caminos de paz, luz y verdad!” Vale.

Mary Galetín (abreviado)

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Lo que la Biblia dice:

La Paz

Dios es un Dios de paz

…esta afirmación se repite en las Escrituras. Especialmente en las Epístolas, en las partes de la aplicación práctica y en las despedidas, los apóstoles hacen referencia al “Dios de paz”. Recuerdan así al pueblo de Dios el carácter de Dios y la vocación de Su pueblo de imitarlo. (Romanos 15:33; 16:20; 2Corintios 13:11; 1Tes. 5:23; Hebreos 13:20 y otros; 2Pedro 3:14.)

El Hombre se ha aliado con Satanás, el rebelde

En el mundo ruge la guerra: entre Satanás y Dios, entre las razas, naciones, individuos y en el corazón de cada individuo. El universo está perturbado por todo lo que ello comporta en inseguridad, angustia, insatisfacción. Ello se debe a la revuelta cósmica de ángeles y hombres caídos contra Dios; todos ellos han venido a ser “gentes rebeldes” (Ezequiel 2:3), “hijos de desobediencia” (Efesios 2:2; 5:6). La realidad es que también ellos sufren en su estado, y desean ardientemente gozar de la paz, aunque dentro de su desobediencia (Deut. 29:19).

Es impresionante contemplar los esfuerzos de las naciones para alejar de sí los peligros de la guerra y de la destrucción, sin que se manifieste un movimiento sincero de arrepentimiento y de fe. La Escritura declara: “No hay paz para los malos, dijo Jehová” (Isaías 48:22; 57:20-21).

Con todo, nunca han faltado los políticos y falsos profetas que anuncian: “Paz, no habiendo paz” (Ezequiel 13:10; Jeremías 6:14; 8:11; 1Tes. 5:3). Es desafortunadamente cierto que habrá aquí en la tierra un terrible ajuste de cuentas, y que un día será quitada “de la tierra la paz” (Apoc. 6:4), y que el último conflicto será el más mortífero de todos (6:8; 19:15-28).

Jesucristo es nuestra paz

Únicamente Jesús puede resolver esta guerra continua y restablecer la paz. “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Él se lanzó en medio del conflicto, aceptando ser golpeado por la vara de la justicia divina que nos perseguía (13-17; Colosenses 1:20). Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo; Él mismo estableció la paz y está desde entonces proclamando la amnistía; Él hace mudar al rebelde arrepentido en una criatura de paz (2Cointios 5:17-21). Ésta es la razón de que todo creyente justificado tiene paz para con Dios (Romanos 5:1). La paz que el creyente posee frente a sus obras que cumple, –ya no por deber o para ganar la salvación, sino por amor– en Hebreos cap. 4 es definido como reposo. Conoce el gozo y la ventura que, en paz se acuesta y duerme (Salmo 4:7-9).

Esta paz no es el producto artificial y pasajero de un esfuerzo humano, sino el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), dada por el mismo Dios (2Tes. 3:16). Jesucristo, después de su resurrección saludó a los suyos, deseándoles la paz (Lucas 24:36). La paz de Dios se revela en los creyentes –nacidos de nuevo según Juan 3– como poder divino y protector contra los pensamientos inútiles y pecaminosos (Colosenses 3:15; Filipenses 4:7).

El hijo de Dios puede y debe ahora vivir en paz (Romanos 12:18; 1Tes. 5:13; Hebreos 12:14; .Santiago 3:18). “Bienaventurados los pacificadores” (Mateo. 5:9). La paz, junto con el amor, es el vínculo que une la Iglesia (Efesios 4:3; 6:24).

Sin embargo, habrá aquellos que le odiarán y perseguirán, por cuanto Cristo vino “no para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34). Y será así en tanto que los individuos y las naciones se dejen seducir por aquel que es homicida y mentiroso desde el principio (Juan 8:44).

Pero la gloriosa certidumbre de la vuelta del Señor nos da la certeza de que pronto la paz reinará. La paz será la característica principal, junto con la justicia, del reinado del Príncipe de Paz (Isaías 2:4; 9:5-6; Salmo 27:7).

La descripción del cielo nuevo y de la tierra nueva, delinea en manera perfecta la paz, mas sin usar este vocablo: “El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ello; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron” (Apoc. 21: 3-4).

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Acróstico

Si usted coloca correctamente los segmentos, podrá leer de arriba abajo una invitación de Jesucristo.

be-, co-, do-, es-, ga-, mie-, n-, ni-, no-, o-, r-, ra-, se-, ten-, tro-, tu-, vu-, z-

---ticia
---parar
---multo
---econciliar
---ndición
---lnerable
---pontáneo
---pezar
---nfiar
---zón
---orra
---frecer
---egar
---do
---tar
---nancia
---l
---minar


 

Cómo yo encontré la paz

Nací en el Perú en una familia cristiana. Hasta la edad de ocho o nueve años, papá tenía la costumbre de hacer el culto en familia. La reunión alrededor de la mesa era muy importante para mí. Las historias de la Biblia me fascinaban.

Mas, ¡qué lástima!, debido a circunstancias que ignoro, papá cambió completamente y dejó de dar cultos. – Luego, al terminar mis estudios, no me interesaba más en las cosas de Dios. Decía “soy joven todavía, aún tengo mucho tiempo para ocuparme de eso”.

Amigo, tú que lees, ¿es que tú también piensas así? – Escucha lo que a mí me pasó.

Una vez una prima que sigue fielmente al Señor oró conmigo y me dio consejos como leer la Biblia. Entonces comencé a leer la Biblia desde el principio hasta el final, dos veces, como un libro de historias, sin sacar ningún provecho. ¡Qué desilusión!

Años más tarde viajé al extranjero, ilusionada de realizar mis proyectos, soñaba de llegar a ser una mujer importante. Pero no fue así. Desilusionada de los amigos y amistades, me sentía vacía e infeliz. No tenía la paz en mi corazón. Pensaba que Dios me había abandonado. Varias veces me pregunté: ¿podré algún día ser feliz, existe realmente la felicidad?, ¿qué puedo hacer para tener la paz? – Son preguntas que de repente tú también te haces.

Algunos meses más tarde, un amigo me invitó a su casa. El vivía con su mamá; compartimos la comida y luego hicimos una corta meditación. La señora me preguntó si yo creía en Jesús. Yo le respondí: “sí, soy cristiana”, ella se alegró bastante y luego me invitó a su iglesia.

Comencé a asistir a la iglesia dos veces por semana. Un día me acerqué al pastor para preguntarle acerca del bautismo y le cité un versículo de la Biblia (Marcos 16:16). Yo pensaba que si me bautizara, era salva.

Mas el pastor me habló en primer lugar de la conversión. Ahí comprendí que era una pecadora y que todo lo bien que había hecho no podía salvarme y que solamente Jesús podía perdonar todos mis pecados. Oré juntamente con el pastor y acepté a Jesús como mi Salvador.

En el mes de octubre de 1994 fui invitada a una convención de la iglesia; en el culto de la tarde había la participación del coro de los niños y el tema era: “Enseñar a nuestros hijos”según Deuteronomio 6:5-9. ¡Qué día tan especial para mí! El pastor habló sobre la importancia de la enseñanza bíblica que los padres dan a sus niños, y que esa semilla perdura para toda la vida. Ahí yo vi que se trataba de mí. Me acordé cuando era niña y que Dios me hablaba personalmente de seguirle. En ese momento yo me sentía como uno de los niños que cantaba con alegría. Una paz inmensa me inundó y comprendí que Jesús había muerto por mí personalmente, para salvarme.

Así pues Dios se manifestó a mí y me dio su paz que ninguna persona podía dar, y vine a ser una nueva criatura, como dice la Biblia: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Corintios 5:17). También cito otro versículo de la Biblia que tiene mucha importancia en mi vida cotidiana: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

Querido joven que me lees, guarda en tu corazón las palabras de Dios. Quizás tus padres te las enseñaron, o las has leído en tu Biblia. Puedes estar seguro/a que Jesucristo te ama y te comprende. Él te da su paz, cuando le entregues a Él tu vida, tal como eres. ¿Qué esperas para hacerlo?

Te deseo a ti también, esa paz de Dios.

Ana Cristóval

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