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MDP Archivo 2003 Nov 03

Mensaje de Paz
Edición de Noviembre de 2003
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Índice
“¡Baksheesh!”
El miedo ante la muerte
Seguridad eterna
Quiero ver a Jesucristo
¿Cielo o infierno?
Sopa de letras
¡Una noticia increíble!


“¡Baksheesh!”

Un joven misionero en Armenia fue llamado al lecho de dolor de una mujer que estaba muriendo. La enferma había estado endurecida tanto hacia el Señor como hacia el Evangelio mientras había gozado de buena salud. Sin embargo, la enfermedad había suavizado su actitud, y ahora escuchaba atentamente mientras el misionero le explicaba el camino de salvación por la gracia mediante la fe en el Señor Jesús.

Por mucho que deseaba ser perdonada, aquella dama encontraba imposible creer que la gracia de Dios podía ser extendida a una persona que había sido tan rebelde durante toda su vida. “Puedo entender que Dios quisiera tener a alguien como usted –dijo– pero mi vida ha sido demasiado mala.” El misionero, frustrado por su fracaso en comunicar la verdad de que la salvación es un don de la gracia de Dios, hizo un último intento. Mirándola atentamente, le dijo: “¡Baksheesh! ¡Baksheesh!”. (Este es un término generalmente utilizado en Armenia por los mendigos que extienden sus manos para recibir limosna de los viandantes.)

De inmediato la agonizante mujer vio la luz. En aquel momento se dio cuenta de que la salvación se ofrece libremente, y que no tenía que ganarla. Podía ser de ella debido a la bondad, compasión y generosidad del Dador. Allí en su lecho de muerte recibió el maravilloso don de salvación, al poner su confianza en Cristo, en Aquél que se la había provisto mediante Su vida impecable, Su muerte expiatoria y Su resurrección corporal.

No, no recibimos la salvación debido a que la merezcamos; en lugar de ello la recibimos como el libre don de Dios. Por ello, cree que el Señor Jesucristo murió por tus pecados, y pídele que te salve. Él siempre responde al clamor del pecador de “¡Baksheesh!”.

R.W.D. de “Nuestro pan diario”

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El miedo ante la muerte

Hay una historia anónima muy interesante acerca del miedo a la muerte que dice: Había un rey que causaba espanto en una tierra en guerra. A sus prisioneros no los mataba. En una sala les hacía formar un círculo y les decía: Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta.

Detrás de esa puerta yo los estaré esperando. Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminarse la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano:

– Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?

– Dime, soldado.

– Señor, ¿qué había detrás de la puerta?

El rey contestó: Ve y mira tú mismo.

El soldado abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y la luz invadió el ambiente… Y finalmente, sorprendido descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la libertad.

El soldado, embelesado, miró a su rey, quien le dijo:

– Yo les daba la oportunidad de hacer una elección, pero por temor preferían morir a arriesgarse antes de abrir esa puerta.

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el miedo de arriesgar? ¿Cuántas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de barrer la puerta de nuestros sueños?

El temor es una de las causas para no ser emprendedores y creativos. El salmista David oró: “No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo” (Salmo 23:4). Es decir, hay que confiar en Dios, aún en medio de la muerte.

¿Por qué tenemos miedo a la muerte? Porque la muerte es desconocida, porque la muerte vino a causa del pecado de Adán y –por ende– contaminó a toda la raza humana. Pero para destruir a la muerte vino el Señor Jesucristo, en quien hay vida eterna.

Amigo mío, hay varios tipos de muerte: La separación entre el cuerpo físico y el espíritu inmaterial que Dios nos dio; además, la muerte espiritual o la separación de la comunión con Dios de los que viven sin Cristo; y la muerte eterna, que consiste en no tener a Cristo como Salvador y Señor y morir eternamente sin Dios.

El temor a morir es constante. Existen ya millones de medicinas que se venden para remediar el temor a morir en las alturas o aerofobia, el temor a morir en el agua o hidrofobia, el temor a morir dentro de un espacio cerrado o claustrofobia. Temor a las deudas, al estrés, a morir en un viaje, pero el Señor Jesucristo vino para darnos “vida en abundancia”.

Para vencer el miedo a la muerte, tenemos que tener presente estos consejos: Uno, reconozca que el miedo es un pecado, que debe confesar a Dios. Dos, debe recibir por fe a Cristo como Señor y Salvador para que Él le quite el miedo a la muerte y tenga la seguridad de la vida eterna. Tres, debe ahora buscar el consejo de la Biblia para su crecimiento espiritual.

La Biblia dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10). Esta promesa hecha a Israel para que confíe solamente en Dios, es también para que el creyente confíe en el Señor en medio del dolor y la muerte.

En Ecuador, se recuerda el “día de los muertos” cada 2 de noviembre; el creyente no lo celebra, sino recuerda vencer el miedo a la muerte, teniendo fe en Jesucristo, quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).

¿Tiene miedo a la muerte? ¿Por qué no deposita su confianza en Jesucristo ahora mismo?

Alan López de “La Biblia dice…”

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Seguridad eterna

Los animales al carecer de pensamiento, mientras no perciben un peligro no sienten miedo. Por ejemplo, una tortuga sólo esconde su cuerpo bajo su caparazón cuando realmente advierte un peligro.

Sin embargo, el ser humano que desconoce las enseñanzas de Jesucristo siempre está pensando en buscar protecciones materiales contra el miedo a lo desconocido. Estas personas sólo confían en la seguridad que les brinda su cerebro por medio de sus manos, ojos y oídos. Lo que ellas no tocan, no ven o no oyen, no les quita el miedo a lo desconocido. Y como la muerte ni se toca, ni se ve, ni se oye, desgraciadamente viven perpetuamente con miedo ante la muerte (Mateo 10:26-31).

El problema de estas personas es que como no saben a dónde van después de esta vida, temen una vez más a lo desconocido.

Algo muy diferente nos sucede a los cristianos. Nosotros sí tenemos el mejor lugar para residir eternamente, el mejor hotel Cinco Estrellas (o más) está esperando por nosotros, pues Jesucristo lo reservó expresamente para los que en Él creímos cuando estábamos en esta vida. Para nosotros la muerte es el paso a una vida mejor, nuestra Pascua, después de la cual gozaremos de todas las bendiciones de Dios.

Cuando uno llega cansado del trabajo diario ante la puerta de su casa, sabe que llegó al lugar donde sus seres más queridos esperan por uno para disfrutar todos juntos del amor familiar en un ambiente agradable y acogedor. Cuánto más no será en la casa del Padre Celestial, donde Jesús nos tiene preparado –a cada uno de los que confiamos en Dios y creemos en Su palabra– un lugar junto a Él para disfrutar eternamente de Sus bienaventuranzas (Mateo 5:1-12).

Mientras se vive esta existencia todas la personas tienen derecho a un seguro permanente en esta vida por medio del Espíritu Santo, quien vela por todo aquél que cree en la promesa que hizo el Redentor Jesucristo.

Cuando un cristiano termina su jornada laboral en esta vida, sabe conscientemente porque le ha dado entrada a Jesús en su mente y en su corazón, y ha practicado Sus enseñanzas, que Él ya pagó en la Cruz por cada uno de los cristianos, y como tal, gustosamente le pertenecemos y que el premio por nuestra lealtad a la Palabra de Dios es el disfrute eterno de la compañía de nuestro Salvador en la casa del Padre Celestial (Juan 14:1-3).

Fernando Torres

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Rincón Poético

Quiero ver a Jesucristo

Quiero ver a Jesucristo,
Mi precioso Salvador.
Quiero ver el alto cielo,
Ver el trono del Señor;
Ver la faz de mi Maestro,
Quien por mí sufrió la cruz.
Viviré en esa patria
De eterno gozo y luz.

Quiero dar a Jesucristo,
Sin reserva mi amor,
Quiero ser un mensajero
Conduciendo al pecador
A la cruz de Jesucristo
Y a la patria celestial,
Do podrá vivir por siempre
Con el coro angelical.

Por la obra redentora
De Jesús, mi Salvador,
Viviré por las edades,
Do podré gozar su amor.
Por la Sangre del Cordero,
Aunque indigno sé que soy,
Con las huestes redimidas
Loores al Señor yo doy.

Himno, R.E. Winsett / H.C. Ball

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¿Cielo o infierno?

¿Podría ser feliz en el Cielo, una persona que tuviese un familiar en el Infierno?

Esta es una pregunta que muchos se hacen y que la Biblia contesta, por ejemplo en Isaías 65:17: “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento”. Y añade Dios, que borrará todo recuerdo del pasado… y además “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).

En el libro de Job, se nos aclara aún más este asunto: “Como la sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve, así también el Seol a los pecadores… nunca más habrá de ellos memoria” (Job 24:19-20).

Se estremece uno al pensar en esto, pues el estado miserable del “perdido”, les permitirá conocer, que están olvidados de Dios y de sus seres queridos y amigos rescatados en el cielo. En los nuevos cielos y en la nueva tierra, no habrá ningún recuerdo de los pecadores. Serán absolutamente olvidados para siempre… (!!!)

¡Cuán diferente será con el Pueblo de Dios! En memoria eterna será el justo, nos dice el Salmo 112:6, en contraposición con el impío, que eternamente será olvidado. O sea que el aguijón de la muerte –el pecado– produce una vida arruinada, devastada, un alma perdida, envuelta en tinieblas eternas tras el muro de la Eternidad.

¿Cómo un Dios de Amor puede obrar así…

… con los pecadores, que rechazaron el Evangelio? Y la respuesta es, que Dios ama a la Justicia, mucho más que al pecador. “Porque Jehová es justo y ama la justicia, el hombre recto verá su rostro… pero al malo y al que ama la violencia, los repudia su alma. Sobre los malos hará llover calamidades; fuego, azufre y viento abrasador serán la porción de su copa. Porque Jehová es justo y ama la justicia, el hombre recto verá su rostro.” (del Salmo 11).

Entonces, ¿qué hay del Gran Amor de Dios? El Amor de Dios es Santo y la Salvación que ofrece, es pasar de una vida de pecado a una Vida Santa, porque el pecado es incompatible con la Naturaleza Divina. ¡Dios odia el pecado!

Hubo un tiempo en que Dios amó a Lucifer, pero ya no le ama, ni tampoco a los ángeles caídos, convertidos en diablos irreversibles. No hay nada en ellos que pueda responder al amor de Dios.

Un día, el Eterno, detendrá su amor hacia los que Le rechazan, y se deciden por Satanás, con el que compartirán el Infierno Eterno (Mateo 25:41).

La Buena Nueva es que Dios quiere que todos sean salvos; Jesucristo ha derramado Su Sangre, para salvar a los pecadores que se arrepientan, y ha resucitado para “certificarlo”; pues no rechazará jamás a los que vengan a Él, creyendo que es su Único y Suficiente Salvador. ¿Lo es tuyo…? Hoy es Día de Salvación, no lo demores.

B.L. Alonso D.

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Sopa de letras

JESSUASTDIJVOAZM
ARTUTAUYOSIOYUPA
LARASMEJSDSULURR
REUCBTCEAIONERYE
IDSALVOSLIBRESLR
LNOAVIDUVATUMEER
AOFZELQCAAGICSAS
UBIIOECRCRECULEO
ERUCEGEIIDIROGLC
EEENIRNSOORSUEEL
GPTDDUNTNENRIRAV
MRERIAJOCOICTGER
IAAREMNCCDUERRAN
QUECDUICAEZIDGST
EMUEIOMDIAMAORTO
VIVINANROADHPA--

ABUNDANCIA ATAUD CERTEZA CIELO CONSOLAR ELECCION GOZO GRACIA GUERRA HOGAR INFIERNO JESUCRISTO JUICIO LAGRIMA LIBRES LUZ MIEDO MUERTE PAZ PERDON PUERTA REDIMIDO RESURRECCION SALVACION SALVOS SEGURIDAD SUSTO TUMBA VERDAD VIDA

Tache con una raya las palabras encontradas. Las letras restantes forman una frase. ¿Cuál?


¡Una noticia increíble!

Increíble, sí, pero real, tan real como todos los milagros maravillosos que Jesús hizo en la Tierra: la resurrección de Lázaro. ¿Te imaginas lo que dirían los titulares de los periódicos? “Increíble caso de resurrección”, “Jesús sorprende a todos”, “¿truco o milagro?”

Lo cierto es que desde el mismo instante en que Jesús se enteró de que su amigo Lázaro estaba enfermo –¿sabes tú quién era este Lázaro? Era el hermano de María, ¿te acuerdas?, la que una vez derramó perfume a los pies de Jesús– Yo decía, desde el primer momento en que Jesús se enteró de esto, comenzó a aparecer a su alrededor la poca Fe de las personas. Incluso en sus discípulos. A ellos no les parecía muy acertado volver a Betania, una zona donde antes habían querido matar a Jesús. Pero el Señor Jesús tenía planeado algo que haría que aún ellos confiaran más en Él.

Una vez allí, Jesús se encontró con Marta, otra hermana de Lázaro, que de alguna manera le reprochaba a Jesús el no haber estado allí antes.

Jesús le confirmó que Lázaro volvería a la vida, pero ella seguía algo escéptica. Incluso María, que antes había hecho grandes demostraciones de amor hacia Jesús, fue corriendo, seguida de muchos que la consolaban, a echarse a los pies de Jesús, pero sin creer firmemente que Jesús podía aún hacer el milagro.

Jesús, al ver que todos lloraban, también lloró, y ordenó inmediatamente que quitaran la piedra con que tapaban la tumba. Marta, otra vez, demostrando su Fe tan débil por el dolor, le dijo que hacía cuatro días que estaba allí. Pero Jesús le contestó: “¿No te dije que si confías en mí verás el poder de Dios?”. ¡Qué hermosas palabras esas de Jesús!, debemos pedir que nos aumente nuestra fe, para que él no tenga que repetírnoslas a nosotros: “¿No te dije…?”, tenemos la Biblia, la Palabra de Dios, sepamos las promesas que Dios nos hizo a todos los que confiamos en Jesús, y aferrémonos a ellas con todo nuestro entendimiento.

Jesús dio gracias a Dios en voz alta, no porque él creyera que Dios podría no escucharlo, sino para que la gente incrédula de alrededor, que lo oía, de una vez por todas creyera que él era el Hijo de Dios. Jesús ordenó entonces a Lázaro: ¡Lázaro, sal de ahí”!, y Lázaro salió envuelto totalmente en las vendas de lino con que lo habían sepultado. Su cara estaba envuelta con un pañuelo. Por eso Jesús dijo a los que estaban allí: “Quítenle todas las vendas y déjenlo libre”.

Te invito a que leas en tu Biblia (Evangelio de Juan capítulo 11) todas las cosas que pasaron después.

Pero ahora quiero que recuerdes algo de este suceso: tengamos cuidado de no poner una piedra en lo que creemos perdido para siempre. Jesús está aquí, contigo, dispuesto a ayudarte cuando lo necesitas. Él te ordena: “¡No dudes! Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa, ¿No te lo dije antes…? ¡Quita la piedra de la incredulidad, que has puesto en eso que te tiene triste, y verás la gloria de Dios en tu vida!”. Confía en Jesús, y el hará.

¡Que Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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