MDP Archivo 2004 Abril 04
Índice
Un recital conmovedor
¿Tienes el “módem” adecuado?
La humillación de Cristo (2ª
parte)
Éxodo
Sopa de letras
Las siete palabras
El corazón de Internet
DIOS SE COMUNICA CON NOSOTROS
Un recital conmovedor
En una sala del castillo de Dresden, capital de Sajonia, el
Príncipe Elector había invitado a los más grandes personajes de su reino.
Quería ofrecerles un entretenimiento de calidad: la audición de un ilustre
músico.
Simple, pero no intimidado por la pompa que le
rodea, el músico se sienta delante de su instrumento. El príncipe –muy cerca
del clavicordio– lo mira fijamente y va a dar la señal para que comience. ¡Gran
silencio! Se aguarda una alegre melodía, quizás un aire de danza. Pero el
espíritu del artista está en otra parte.
Lenta y solemnemente un himno resuena: “He aquí el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo… “. Un trueno no hubiese sacudido
más al auditorio.
El príncipe tiene un nudo en la garganta y no
halla palabra que decir. Los cortesanos escuchan en silencio. Los acordes
penetran en los corazones y los conmueven. “He aquí el Cordero de Dios que
viene para expiar los pecados de los culpables… ¡Quiero sufrir! Por ti quiero
sufrir”.
El recital ha terminado. El compositor baja la
mirada y queda callado, como si estuviese todavía cerca de la cruz. El príncipe
toma las manos de Juan Sebastián Bach –pues era él, el compositor e intérprete
musical– y pone un anillo en uno de sus dedos. Respetuoso, Bach se inclina y
dice: “Excelencia, es de desear que usted no olvide nunca el tema de esta
coral. Es el único agradecimiento al cual tengo derecho”.
BS
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¡CONÉCTATE A DIOS!
¿Tienes el “módem” adecuado?
Todos, en algún momento de
nuestras vidas, hemos deseado contactar con el Servidor Central, con el Creador
de todas las cosas, con quien tiene sus pensamientos por encima de los
nuestros…
¿Has usado la Internet? Hoy en día son cada vez más pocos
los que no conocen a la “red de redes”. Se ha hecho sumamente fácil
comunicarnos con otro rincón del planeta de manera directa con sólo un clic del
ratón.
Y es tanta la cantidad de información que podemos
conseguir navegando por los millones de lugares en la red, que no podemos
encontrar otra fuente de datos más importante en el mundo actual. De modo que
se ha hecho habitual hablar de la necesidad de un “módem” del lenguaje de
computadoras, de conexión banda ancha, etc., etc.
Términos que hoy en día debemos conocer para
asomarnos a este mundo y que hasta se enseña en las escuelas. El “módem”, que
significa modulador / de-modulador, sirve para que tu PC u ordenador personal se
conecte al servidor central a través de la línea telefónica. Sin este aparato
de intermediario jamás podríamos conectarnos con la Red, por más que tuviéramos
el PC en condiciones óptimas, esto es obvio. Una vez que lo tengas, puedes
hacer todo lo demás, como es, enviar y recibir mensajes de texto, voz,
fotografías, videos, y mucho más, sin preocuparte o averiguar cómo lo hace el
PC.
Sin embargo, ¿sabías que hace más de dos mil años –ésta es
una verdad obvia pero bastante ignorada– Dios estableció un mecanismo similar
para comunicarse con Él? Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos
deseado contactar con el Servidor Central, con el Creador de todas las cosas,
con quien tiene sus pensamientos por encima de los nuestros y que, sabemos,
tiene la posibilidad real de brindarnos su ayuda en cuanto la necesitemos. Aquél
que puede aclarar nuestros pensamientos en momentos de confusión y que siempre
está esperando por nosotros.
Nos dijeron que a través de una iglesia, o con
ciertos ritos seguidos cuidadosamente bajo el mando de un líder, se conseguía
una conexión segura. Que con repetir una serie de frases específicas podíamos
tener contacto inmediato o aún mediante un poco de sacrificio físico voluntario
se le podía “impresionar” para que nos atendiera.
Muchos probaron y aún hacen todas esas cosas, y
otras muchas más, y se dan cuenta que nunca pueden llegar a Dios. Y el mensaje
que reciben es: “conexión fallida”.
Tú que estas leyendo estas líneas, tienes la posibilidad hoy
mismo de intentar una conexión segura con tu Creador, pero sólo es posible hacerlo
mediante el único sistema que Dios estableció para llegar a Él.
El “módem” a través del cual es posible obtener
comunicación directa y constante con Dios tiene un nombre registrado:
Jesucristo®. Sin Él, nadie puede llegar a Dios. Desde que ese sistema se
estableció, cualquier otro método para tener comunicación directa con el
Creador, ha quedado anulado.
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre
Dios y los hombres: Jesucristo hombre” (1Timoteo 2:5). “Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que
podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Dios sabía que tenías necesidad de una línea
directa a Él, pero a causa de tu pecado, esa relación quedó rota. Por eso dio a
su hijo Jesucristo para que Él muriera por tus pecados y que ahora con sólo
creer en Él y aceptarlo como único salvador personal, esa relación directa se
reestableciera, ahora mismo.
¿Pero –te preguntarás– cómo es posible que Dios
realmente comprenda mis oraciones? No te preocupes. De la misma manera que no
te preocupas por entender cómo es el proceso que se lleva a cabo para que una
foto con voz que enviaste a la China pueda verse allí nítidamente en pocos
segundos. La envías confiado porque sabes que funciona.
Asimismo debes tener la certeza de que Dios sabe
muy bien cuáles son tus necesidades, y que aunque no sepas bien qué decir, sabe
que de igual manera el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad; porque “qué
hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede
por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
Esta es la era de la información, y tú tienes en
tus manos hoy la información más valiosa de todas. Recibe a Jesucristo como tu
salvador personal, acéptalo en tu corazón como el único mediador ante Dios, y
recibe el perdón de tus pecados, habilita la única línea directa válida ante el
trono de la Gracia. Lee la Biblia para aprender el lenguaje del amor de Dios
hacia los hombres y prepárate. Porque en tu vida empezarás a experimentar las
más ricas bendiciones de lo alto, para ti, tu casa y todos tus asuntos. ¡Dios
te bendiga!
Hugo Alberto Díaz
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La humillación de Cristo (2ª
parte)
El nacimiento fue la primera parte
En la edición de diciembre publicamos la primera parte de
este artículo que trataba el tema de la encarnación de Cristo y vimos que fue para
Él una tremenda humillación.
Hoy nos toca acompañar a nuestro Señor en su descenso
hasta el sepulcro. Lo hizo por amor a nosotros.
Los sufrimientos de nuestro Salvador
Sufrió durante toda la vida, en cuerpo y alma.
Jesucristo, el Justo y Santo, vivió desde su primer día entre los injustos y
pecadores. Su soledad en el cumplimiento de esa misión debió haber sido
opresiva y la responsabilidad aplastante. ¿Y qué pensar de cómo pudo soportar
psíquicamente el hecho de que Él –que era el Dios Soberano y Legislador Divino–
tuviera que estar sujeto y obedecer a la ley mosaica en la condición de un
hombre limitado? Podemos imaginarnos cómo aumentaba su sufrimiento y la
tentación de angustiarse a medida que se acercaba el fin. Mas Él buscaba su
alivio en Dios: “Del arroyo beberá en el camino, por lo cual levantará su
cabeza” (Sal 110:7); y “Cuando lo maldecían no respondía con maldición; cuando
padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente “
(1P 2:23).
Los sufrimientos del Señor no fueron únicamente
físicos o exclusivamente en el espíritu, sino que él sufrió en todo su ser:
espíritu, alma y cuerpo.
Los sufrimientos en las tentaciones. Ya que
la misión de vida del Señor Jesucristo era la de ser el “segundo Adán” –que
contrariamente al “primer Adán” no cayere en la tentación– Él fue tentado
ferozmente, como nadie. Su ministerio comenzó con tremendos obstáculos (Mateo
4:1-11 y paralelos), y en seguida, las tentaciones se agravaron a intervalos
hasta llegar al tremendo Getsemaní. “Fue tentado en todo según nuestra semejanza,
pero sin pecado” (Heb 4:15).
Sufrió más que nadie. Algunos –aun predicadores– incluso
han dicho que otras personas, quizás hayan sufrido más que el Señor Jesucristo,
ya que hubieron otros que agonizaron durante mucho más tiempo y con males
físicos o psíquicos que causaban dolores más feroces. Esperamos que tales declaraciones
se hicieran por ignorancia, y no por malicia. Por su naturaleza humana perfecta,
no perjudicada ni por la superficialidad ni el conformismo, Jesucristo sintió
lo penetrante del dolor, la pena y del mal moral como nadie lo ha podido nunca
sentir. Además de estos sufrimientos comunes hubo también los sufrimientos causados
por el hecho de que Dios hiciera caer sobre Él las iniquidades de toda la
humanidad. Por ello los sufrimientos de Jesucristo no son comparables con los
padecimientos de ninguna otra persona. Los sufrimientos de Cristo son únicos.
La muerte de nuestro Salvador
La dimensión de Su muerte. La muerte física es sólo
una de las manifestaciones de la muerte. Esencialmente la muerte es la
separación de Dios.
Esta separación tiene dos aspectos: 1) El hombre
es separado de Dios a causa del pecado. Con este tipo de muerte Jesús no tenía
nada que ver, porque Él era sin pecado. 2) La muerte es también el castigo
impuesto por Dios sobre el pecado. Es Dios mismo que se retira del pecador para
volver a visitarlo en su ira. Hay que considerar la muerte de Cristo desde esta
perspectiva.
Ya que Cristo llevaba en su cuerpo el pecado de
todos los hombres, Dios tuvo que retirarse para volver a visitarlo con su ira.
Por esto Cristo clamó en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
desamparado?”
La muerte de Cristo, por esto, tiene dimensiones
de condena eterna, no en su extensión, pero sí, en su intensidad.
El significado judicial de Su muerte. Cristo
no debía morir de muerte natural o accidental. Él tenía que morir bajo
sentencia judicial. Tenía que ser contado con los transgresores. Tenía que ser
condenado como un criminal.
Hay una gran paradoja: el poder judicial más alto
del mundo –el romano– probó nítidamente la inocencia de Jesús. De esta manera
se cumplió la profecía: “…por la rebelión de mi pueblo fue herido” (Isaías
53:8). De veras que Jesucristo no murió por su propio pecado, mas estaba
llevando el pecado de toda la humanidad.
El entierro del Salvador
A veces nos parece que la humillación terminó en aquel
momento culminante cuando en la cruz gritó: “Consumado es”. Sí, la parte activa
como Hombre concluyó allí. Pero el descenso a la tumba, al lúgubre lugar de
corrupción, también fue una humillación. El regreso del hombre al polvo del que
fue tomado constituye parte del castigo sobre el pecado. – Y el Santo y Justo
quiso bajar también hasta allí, para librar a todos los que están bajo esa
condenación.
El descenso a la tumba tiene que ver también con
el rechazamiento del “viejo hombre” (Romanos 6), y con la liberación de los
redimidos de los terrores de la tumba…
Jesucristo descendió también al Hades (griego) o
Seol (hebreo). Aquí siguen las referencias bíblicas sobre este tema: Ef 4:9; 1P
3:18-19; 4:4-6; Sal 16:8-10.
Concluyendo podemos decir que Cristo sufrió
plenamente el castigo por el pecado de la humanidad, de la cual realmente formó
parte, pero sin mancharse de ella, y que escogiendo –voluntariamente– la muerte
como “Cordero de Dios”, se humilló al grado máximo.
Y desde ese plano inferior, acontecerá su
exaltación en la cual involucrará a toda la humanidad y a toda la creación, la
de la tierra y la de los lugares celestiales.
Trataremos ese argumento, si Dios quiere, por la
ocasión que nos brinda el calendario con la fiesta de la Ascensión. – Sólo
tengo que anticipar que la corrupción no pudo retener al Santo de Dios en el
interior del sepulcro, ¡al tercer día el Señor Jesús resucitó de la tumba
gloriosamente!
Juan U. Kunz
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Éxodo
Libro segundo de Moisés llamado Éxodo, que significa
“salida” o “emigración”. Este libro se llama así porque el principal
acontecimiento que narra es la salida de los israelitas de Egipto, es decir, la
liberación de los descendientes de Abraham de la esclavitud egipcia, bajo la
dirección de Moisés, a quien Dios se revela y escoge para guiar el éxodo de los
hebreos hacia Canaán, la tierra prometida por Él a sus antepasados los
patriarcas.
En este libro se ve como Dios va haciendo, por
medio de Moisés, de una multitud de antiguos esclavos una nueva nación. Durante
la travesía por el desierto Dios renueva con la naciente nación el pacto
establecido con sus antepasados, dándole una constitución con leyes que rigen
todos los aspectos de su vida, como pueblo escogido por Dios, tanto en su
relación con la Deidad misma como en su convivencia humana.
Moisés es el personaje central que como
libertador, caudillo y legislador sirvió de enlace durante 40 años entre Dios y
el pueblo hebreo.
La primera parte del libro (1:1-15:21) contiene la
historia de la esclavitud de los israelitas en Egipto, el nacimiento y vida
temprana de Moisés, su llamamiento en el desierto, su enfrentamiento con el
faraón opresor, la institución de la Pascua y la salida de Egipto. La segunda
(15:22-24:18) refiere los variados incidentes del viaje por el desierto hasta
llegar al monte Sinaí. Y la tercera (25:1-40:38) habla de la proclamación del
pacto y de la Ley, que comprende preceptos morales, civiles y religiosos, así
como la descripción en detalle de la construcción del santuario en el desierto
y las ofrendas para el mismo. Esta sección contiene también los Diez
Mandamientos (capitulo 20) mediante los cuales Dios enseñó a Israel cuáles eran
las justas demandas que de Su pueblo exigía.
Fernando Torres
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Sopa de letras
COMPRENDERHAYCU
SNCRUZSEPULCROS
UHOHUMILLACIONL
FAODCASTIGOGISO
RDINTERNETMOSUG
IEXODOYUSNULSME
MSOLOIMIEDNGIAT
IRESURRECCIONDS
EAMDOCTRRECTNOE
NTORUREDEIAALOM
TSDSEYLOSCCHIOA
OMEUBRESJEISNSN
UJMDESCENSOTEEI
INFORMACIONCAOR
ISTOHOMAMORBRLE
AMOR CASTIGO COMPRENDER
COMUNICACION CONSUMADO CRUZ DESCENSO EXODO GETSEMANI GOLGOTA HADES HUMILLACION
INFORMACION INTERNET JESUCRISTO LINEA MODEM MUERTE OIR RECITAL RESURRECCION SEOL
SEPULCRO SUFRIMIENTO
Tache con una raya las palabras encontradas. Las letras
restantes forman un versículo de la Biblia. ¿Cuál?
Al índice
RINCÓN POÉTICO
Las siete palabras
Siete palabras divinas
las que dijiste Tú allí,
cuando en la Cruz te encontrabas
pagando el precio por mí.
En medio de tu dolor
y de tantos vituperios,
clamaste al Padre Divino
pidiendo perdón por ellos
Para querer demostrar
que había en Ti pecado
decidieron, pues, clavar
un ladrón a cada lado.
Sin embargo, de los dos
hubo uno arrepentido
y a ése Tú le dijiste:
“Desde hoy estarás conmigo.”
Humildad como la tuya
yo nunca he visto otra igual.
Amor como el que Tú tienes
nadie ha tenido jamás
En un momento de angustia,
gritaste desesperado:
“Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado?”
Para cumplirse lo dicho
en la Sagrada Escritura,
te dieron a beber
vinagre de amargura.
Después del gran sufrimiento
que en la Cruz habías pasado,
con gran dolor dijiste:
“Todo se ha consumado.”
Como a la hora novena,
miraste al Padre, angustiado;
y expiraste entregando
el espíritu en sus manos.
Kirenia Rodríguez,
Cuba
El Heraldo del Pueblo N°122
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El corazón de Internet
La Internet es una gran posibilidad de comunicación, un
invento del hombre ávido de relacionarse con los demás. Desde la prensa, la
radio, la televisión, el ser humano hace lo posible por relacionarse con el
otro, ese desconocido. Sin embargo, la naturaleza humana caída tras su
separación de Dios en el huerto del Edén no ha hecho más que buscar esa
satisfacción siguiendo sus propios deseos. Basta con que entres a una sala “de
chat” y te comuniques con una supuesta amistad. Habrás notado que el anonimato
permite que todos se expresen desde lo más profundo de su corazón. Y cuando no
hay temor a Dios en las personas, ya sabes que lo que del hombre sale, eso
contamina al hombre.
Porque de dentro, del corazón de los hombres,
salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los
homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la
envidia, la maledicencia, la soberbia y la insensatez.
Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan
al hombre (Marcos 7:21-23)
En muchas salas “de chat” es fácil encontrarse con
esas cosas, y si no estás seguro, y gracias al anonimato, es fácil caer también
en lo mismo. Pero el Señor te dice en este día: “Lava tu corazón de maldad, oh
Jerusalén, para que seas salva” (Jeremías 4:14); y “Bienaventurados los de
limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).
Tenemos a Dios, en quien confiar y en quien
refugiarnos, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
La Internet es una herramienta sofisticada que nos
pone al alcance de una infinita variedad de información, y es también un
poderoso vehículo de evangelización que espera ser usado aún más. Pero debemos
recordar siempre que Dios está sobre todo, y que Él escudriña las intenciones
de nuestro corazón.
Que Dios bendiga las manos de quienes trabajan en
su obra, y que siga usando todos los medios masivos para la evangelización del
mundo.
Hugo Alberto Díaz
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