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MDP Archivo 2004 Mayo 04

Mensaje de Paz
Edición de Mayo de 2004
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Índice
¡Todo lo que respira alabe a Jah!
Como entrar en la presencia de Dios
La exaltación de Cristo
Levítico
Cristo y la vida
Tenemos libertad para entrar
La esperanza de la Gloria
Acróstico


¡Todo lo que respira alabe a Jah!

Está de moda “organizar” la alabanza y la adoración con música y ritmos. Pero, lo que muchas veces resulta no es nada más que una manipulación masiva.

La verdadera alabanza tiene tres condiciones:

1.       Se honra a Dios dándole las gracias por todo lo que Él ha dispuesto en nuestra vida personal. Se confiesa: Yo acepto, y ratifico que es justo como Dios me trata. ¡Gracias Señor! Esta afirmación salida del fondo de nuestro corazón la podemos hacer apoyándonos en el Salmo 92:15 y 23:3.

2.       Meditando la Palabra de Dios y reconociendo que la salvación viene únicamente de Él.

3.       Nunca debo buscar la alegría que “produce” la alabanza –sería idolatría– sino buscar a Dios mismo, a Jesucristo y Su presencia. Si Él por la oración me concede alegría o tristeza en la soledad de mi cuarto, o en la gran reunión de los santos, esto lo decide sólo el Señor.

“Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro Hacedor…”

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Como entrar en la presencia de Dios

El Salmo 95 es una invitación a entrar a la presencia de Dios con alabanzas. La palabra alabanza (todah) significa “accion de gracias”, “enaltecimiento”, “adoración”. Esta palabra proviene del verbo yadah que significa “dar gracias o exaltar”. Entonces “adorar” es dar gracias ante todo y por todo al Señor.

El Salmista nos da a partir del versículo 3 las razones por las cuales primeramente debemos dar gracias: porque Dios es grande y Rey grande sobre todos los dioses, y porque en sus manos están todas las cosas creadas.

A partir del versículo seis se nos recuerda que estamos en presencia nada menos que de nuestro Dios, el único Dios verdadero. Por lo tanto, es bueno arrodillarnos ante Su presencia en señal de humildad. Un corazón abierto ante Él es una señal de humildad. Somos creación suya, Él es nuestro Hacedor, somos pueblo de su prado y ovejas de su mano, dice el salmo.

Dios entonces recuerda a Su pueblo que si escucha Su voz, no endurezca su corazón como ocurrió en Meriba en el día de Masah en el desierto, haciendo alusión a lo narrado en el libro de Éxodo 17:2-7 cuando el pueblo de Israel que había sido rescatado de Egipto, volvió a quejarse contra Moisés porque ahora tenía sed. A pesar de las quejas el Señor ordenó a Moisés que golpeara la piedra con la vara y de allí salió agua para todos. Sin embargo a Dios no le agradó la falta de gratitud de Su pueblo por todas las bendiciones recibidas, y puso por nombre a ese lugar Masah y Meriba, porque tentaron a Dios diciendo: ¿está pues Dios entre nosotros?

“Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: pueblo es que divaga de corazón. Y no han conocido mis caminos. Por tanto juré en mi furor que no entrarían en mi reposo” dice el Señor en los versículos 10 y 11 del Salmo 95.

Observe entonces, querido lector, que la consecuencia directa de estar ante Dios en alabanza, esto es, en agradecimiento constante, es el reposo. Y el reposo no es otra cosa sino el descanso. Y éste es la absoluta falta de quejas y peleas.

Cuántas veces anhelamos el regreso de las vacaciones para descansar, o de nuestros días libres para no tener que lidiar con los problemas. El Señor nos da la receta para disfrutar de un descanso constante hoy en Su presencia: presentándonos ante Él con agradecimiento, con alabanza, cantando alegremente a Dios por todo lo que Él es y hace por nosotros, por habernos librado de la esclavitud.

Que nuestro lugar, amigo, amiga, no sea llamado por el Señor Masah y Meriba, porque estamos siempre quejándonos, peleando en todo tiempo, y poniendo a prueba a Dios.

Sino que sea llamado lugar de reposo. Es allí donde Dios derramará alegremente toda clase de bendiciones sobre nuestras vidas y nada nos faltará.

Digamos entonces “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo porque Jehová te ha hecho bien” (Salmo 116:7).

Dejemos a un lado las discusiones, evitemos las quejas a toda costa, recibamos a Jesucristo en nuestro corazón y Él aumentará nuestra Fe, y nos dará su paz, juntamente con todas las cosas que necesitamos. Dios te bendiga.

Hugo Alberto Díaz

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La exaltación de Cristo

Este tema es la continuación de dos artículos ya publicados en las ediciones de diciembre y de abril con el título “La humillación de Cristo”.

Cristo se humilló a sí mismo… hasta la muerte, y muerte de cruz… por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).

La resurrección

En la resurrección corporal de Cristo no sólo se unieron nuevamente cuerpo y alma, sino esa unión instauró un nivel de vida eterna. Llegó a ser en realidad el “primogénito de entre los muertos” (Col 1:18, Ap 1:5) y “primicias de los que durmieron” (1Co 15:20), y todos los creyentes le seguiremos en la resurrección. “Se siembra en corrupción, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual” (1Co 15:42-44).

Ya que Jesús había cumplido su misión públicamente, y había sido sentenciado públicamente, entonces también su exaltación era un asunto público, aunque negado por los incrédulos (Mt 28: 11-13; Hch 2:32; 1Co 15: 3-8).

La resurrección de Cristo ejerce un gran poder sobre los que en esta vida creemos en Cristo: aquí en esta vida corporal, ella constituye la base de nuestra justificación y regeneración por la fe (Ro 6:4). También el cuerpo eterno que recibiremos –ya que seremos semejantes a Él según 1Jn 3:2 será un cuerpo espiritual, incorruptible, pero no inmaterial.

La fuerza que levantó Cristo de la muerte, es Él mismo, como había declarado (Juan 11:25). La expresión “por la gloria del Padre” (Ro 6:4), también se refiere a Cristo (Heb 1:3).

La ascensión

En cierto sentido la ascensión de Cristo es la inevitable continuación de su resurrección. ¿Qué es lo que podía ligar al Cristo glorificado a este mundo caído? Y a pesar de ello, se entretuvo aquí por el lapso de cuarenta días para dar ocasión de fe a todos los hombres (Hch 17:31).

Con la ascensión cambió de un lugar a otro (Hch 3:21). Pues el cielo también es un lugar, no sólo un estado o una imaginación. Por medio de la ascensión Cristo llevó el testimonio de la redención cumplida –la virtud de su propia sangre– al santuario del cielo y así obtuvo la plenipotencia como Salvador del mundo (Heb 9:12).

Lo esencial de la ascensión no fue su “elevación vertical” visible, sino su transición natural hacia el asiento a la diestra de Dios.

La resurrección y la ascensión de Cristo son también condición del derramamiento de su Espíritu y de la formación de la iglesia: “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres” (Ef 4:8). También son garantía visible del rapto de la iglesia (1Co 6:14; 1Ts 4:17).

El estar sentado a la diestra de Dios

En los Evangelios y en las Epístolas se repite la expresión de que Cristo “está sentado a la diestra de Dios”. Son referencias a la profecía mesiánica del Salmo 110: “Jehová dijo a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Esta expresión de “sentarse” no describe en primer lugar una posición física, sino de que el Mediador recibió el dominio universal. El “estar sentado” comunica que ya no tiene que cumplir nada, sino que “todo está consumado”.

La redención de los pecadores y la santificación de los creyentes, son también parte de la exaltación de Él (Ef 1:12). Su ministerio de intercesión igualmente tiene por finalidad su glorificación (1Jn 2:1; Heb 7:25).

El retorno de Cristo

La culminación no se alcanza antes del retorno de Cristo. Él es el esposo y la iglesia su esposa. El amor no se contenta con la separación, sino con la unión. El punto más elevado para el esposo es cuando se une con su esposa. Así, la exaltación de Cristo no alcanza su cumbre sin haber introducido la iglesia a la perfección de la eternidad (Mt 22:2; Ap 21: 9-27).

Para los malvados la venida de Cristo significará un juicio terrible. Él juzgará a los hombres y a los ángeles, a los vivos y a los muertos. Aplicando una justicia absoluta, él perfeccionará la salvación de su pueblo, y únicamente así el Autor de la absoluta justicia podrá ser exaltado soberanamente (Mt 24:30; 25:31-32; 1Co 6:3).

Para la iglesia la venida de Cristo será un “ser llevado a la presencia de Él” (1Ts 4:17). El “rapto” será “Su revelación” y una “gracia” (1P 1:13). Él vendrá con las bendiciones de gloria eterna.

Comprendiendo que nuestro Salvador no quiere y no puede –porque Él mismo es el amor– alcanzar el cenit de su gloria sin nosotros, no podemos más que adorarle al unísono con el apóstol: “¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! … A Él sea la gloria por los siglos. Amén”

Juan U. Kunz

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Serie Biblia IV

Levítico

Levítico significa “perteneciente o relativo a los levitas” y es el libro tercero de Moisés. Los levitas son los miembros de la tribu de Leví, y eran los encargados – como sacerdotes o como auxiliares – de los servicios religiosos y del cuidado del templo. Este libro es la guía jurídica-espiritual del pueblo judío, ya que contiene los reglamentos y preceptos que sacerdotes y auxiliares del culto religioso tienen que cumplir, pues reúne en sus páginas todas las disposiciones rituales y ceremoniales, así como las ordenanzas sobre la pureza del rito, las grandes festividades religiosas y la explicación de cuáles son los alimentos prohibidos.

La relación entre Levítico y Éxodo es la misma que existe entre las Epístolas y los Evangelios. Éxodo es libro de redención, y como tal, establece el fundamento para la purificación, adoración y servicio del pueblo redimido. Levítico, por su parte, explica detalladamente la conducta a seguir, y cómo adorar y servir a Jehová. En Éxodo Dios habla desde el monte Sinaí; en Levítico Él habla desde el Tabernáculo.

La palabra clave de este libro es santidad, que se repite 87 veces. El versículo clave es el 19:2 “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios.”

Este libro tiene cuatro grandes divisiones, a saber:

1.       Leyes sobre sacrificios y ofrendas (1:1-7:38)

2.       Ordenación de Aarón y sus hijos como sacerdotes (8:1-10:20)

3.       Leyes sobre la pureza y la impureza rituales (11:1-15:33)

4.       Celebración del Día de la Expiación (16:1-27:34)

Fernando Torres

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Cristo y la vida

La antigua relación con la ley y el pecado, y la nueva relación con Cristo y la vida se ilustran por medio del efecto que produce la muerte sobre la esclavitud (Romanos 6:16-18,23). Es decir, mediante la  libertad de servidumbre a la nueva ley del Espíritu, a base de la muerte con Cristo, el cristiano obtiene libertad, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús lo ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2); y también la justicia de la ley se cumple en él, pues ya no anda conforme a la carne, sino conforme al Espíritu (Romanos 8:4).

Bajo la servidumbre espiritual y material de la ley de Moisés el Hombre era nominalmente un siervo de la ley, pero debido a que la ley no tenía ningún poder libertador, el pecado en la naturaleza humana continuaba siendo el verdadero amo. Por tanto, el fin era la muerte, ya que la ley no podía dar vida, y el pecado – que es el “viejo yo” que llevamos dentro – era en sí mismo mortal.

Pero la muerte, mediante la unión con Cristo en Su muerte y en Su resurrección, ha intervenido para liberar al siervo de su doble servidumbre al pecado (Romanos 6:6-7) y a la ley (Romanos 7:4,6).

La crucifixión espiritual con Cristo pone al creyente en libertad de la ley mosaica (Gálatas 3:24), permitiéndole vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Fernando Torres

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Testimonio

Tenemos libertad para entrar

Hace algunos años construyó mi padre una nueva vivienda para hombres. Debido a ello tuvieron que matar cerdos, pues –según el rito religioso– los postes tenían que ser pintados con la sangre de estos animales. A veces para cumplimentar este rito se derrama hasta sangre humana con el fin de tener un contacto mejor con los espíritus de nuestros antepasados (en realidad con demonios).

Después de la terminación de la cabaña hubo que enterrar una determinada piedra en el centro de la vivienda, lo cual hubo de realizarse bien entrada la noche y en completa oscuridad, ya que nadie debía enterarse de este misterioso acto, pues este fetiche era portador de una tenebrosa autoridad y un oscuro poder sobre el pueblo. Sobre esta piedra fue colocada una mesa que se adornó con flores. Hasta su demolición esta casa fue utilizada como punto de contacto con las fuerzas invisibles de las tinieblas.

¡Qué maravilloso es!, que Jesús no levantara ninguna efímera cabaña, que nos una con el reino de las tinieblas, sino que nos preparó un camino vivo en el imperecedero santuario de Dios. “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:19-20). A través de Jesús podemos caminar estando en contacto con el Reino de la Luz. Por medio de Su preciosa sangre derramada en la cruz del Calvario hizo posible que seamos vencedores y podamos recibir una inigualable piedra: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquél que lo recibe.” (Apocalipsis 2:17)

Andrew Kami, Papua Nueva Guinea

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La esperanza de la Gloria

¿Os habéis ya preguntado dónde se origina la alegría? 

Es obvio, para alegrarse hay que tener seguridad. ¿Cómo uno puede alegrarse por el aumento de su sueldo, si no está seguro si realmente aumente?

La Biblia dice que los que creen en Jesucristo se glorían en la esperanza de la Gloria eterna (Ro 5:2). Pero nos preguntamos ¿por qué no se oye nunca esa manera de gloriarse? ¿Es que las promesas de Dios no son seguras?

Quizás sabéis que esta publicación se redacta en Suiza. En nuestro lindo país recordamos un acontecimiento trágico.

Hace varios años un grupo de escaladores empezó el peligroso descenso de uno de los picos en los Alpes. De repente el primer hombre de la cordada resbaló y se deslizó cayendo de la cornisa. Los siguientes dos fueron arrastrados, pero los experimentados escaladores más arriba se apuntalaron y se prepararon para resistir el tirón. Sin embargo, cuando la cuerda hubo llegado a toda su longitud y se tensó, se partió como un hilo. Horrorizados vieron a sus amigos extender sus brazos y pies en una lucha inútil para detener su deslizamiento hacia su muerte. Durante media hora, los tres restantes permanecieron en un mutismo horrorizado. Estaban petrificados por el temor. Horas más tarde llegaron a Zermatt, pueblo más próximo, para contar su triste historia.

Cuando los escaladores examinaron la cuerda para investigar por qué no había servido de nada, quedaron aturdidos ante lo que descubrieron. La verdadera cuerda del Club Alpino tiene un hilo rojo que corre a través de ella, pero esta cuerda no tenía este hilo. Se trataba de una desafortunada sustitución.

Amigos, ¿cómo es con el Evangelio? ¿Es una falsificación, o es verdadero? Cuando Jesucristo dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2), ¿esto es verdad? Y cuando dice: “El que cree no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24), ¿crees que este “hilo” resista el “tirón” de la justicia de Dios? ¡Averigua, si lleva el hilo rojo! – Sí que lo lleva, desde el inicio hasta el final: es la sangre de nuestra redención (Heb 9: 15-22).

Entonces, ¡alégrate, el Evangelio es verdadero y es seguro! ¡Eres salvo!

Juan U. Kunz

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Solución de la sopa de letras de la edición de abril: "Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre" (1 Ti 2:5)0

Acróstico

Complete las palabras con los segmentos. Si los ha colocado correctamente, podrá leer de arriba abajo una expresión de Jesucristo con la cual se dirigió a su Padre.

A-; BO-; CI-; D-; DE-; DE-; E-; ER-; L-; LA-; LA-; LO-; NO-; PA-; R-; RA-; RE-; SE-; TE-; TI-; Y-;

(  )-MPLO
(  )-LABANZA
(  )-MENTO
(  )-CINA
(  )-NDERO
(  )-ANZA
(  )-SPIRA
(  )-LAH
(  )-MBRE
(  )-ESPIRA
(  )-MANDA
(  )-IBERTAD
(  )-MBALO
(  )-XALTACION
(  )-OR
(  )-HWH
(  )-CACORDIO
(  )-MPARA
(  )-ENDA
(  )-RANTE
(  )-BI

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