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MDP Archivo 2004 Junio 04

Mensaje de Paz
Edición de Junio de 2004
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Índice
¡Tu iniciativa es importante!
Salvos por Gracia
No erréis
25 años
Números
Sílabas traviesas
La Palabra de Dios es válida en todo tiempo y lugar


¡Tu iniciativa es importante!

Algunos creyentes alquilaron una carpa de circo para predicar allí el Evangelio durante varias noches seguidas. Antes de la primera reunión un grupo de amigos fue a quitar los objetos que pudieren distraer a los oyentes. Apenas hubieron terminado de quitar las escaleras, llegó un joven con un gran texto bíblico que él había pintado en sus momentos libres y quería suspenderlo de la carpa.

Cuando se le dijo que había llegado demasiado tarde, pues ya estaba todo listo, quedó muy decepcionado, porque había trabajado mucho y orado con fervor, pidiendo al Señor que bendijera especialmente el versículo pintado. Entonces consiguió una escalera y –allá en lo alto, para que fuese visible desde todos lados– colocó el siguiente texto: “La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” (1Juan 1:7).

Entre las primeras personas que acudieron a escuchar el Evangelio se hallaba una pareja que había asistido unos días antes a una representación del circo y quería ver cómo transcurriría esa otra reunión en la misma carpa. En seguida su mirada fue atraída por el gran texto que a media voz el marido leyó a su mujer, cuya vista no podía distinguirlo bien. El versículo causó profunda impresión en el hombre, no sólo porque le recordaba sus pecados, sino también porque le decía cómo podían ser borrados.

Vino cada noche y, poco a poco, se sintió interiormente obligado a convertirse a Dios y a creer que Jesucristo también había derramado Su sangre por él. Dos semanas después enfermó gravemente y murió en plena paz. Sus últimas palabras fueron las del versículo por el cual el joven había orado tan fervorosamente.

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Salvos por Gracia

Cuando Dios estableció el mundo y todas las cosas que en él hay, lo hizo perfecto, y dio al ser humano la capacidad de elegir, y el hombre eligió el mal y el egoísmo antes que buscar a Dios. Desde entonces estamos en falta ante Dios. Nuestro espíritu lo sabe y a veces la conciencia misma nos condena.

Acostumbrados como estamos a vivir en una sociedad donde todo se tiene que pagar, muchos creen que esa separación de Dios podemos suplirla mediante algún tipo de sacrificio personal, que impresione a Dios y lo tome como una especie de pago por nuestras ofensas. Creen algunas personas que por concurrir sistemáticamente a la Iglesia, ofrendar, ayudar a los desvalidos, hacer largas oraciones y jamás incumplir ni uno solo de los diez mandamientos, lo tienen a Dios “comprado”. Sin embargo, amigo, déjame decirte que esa es una de las más grandes mentiras del enemigo de Dios.

Nadie puede pagar precio suficiente para recuperar esa relación perdida con Dios nuestro creador. Porque Dios, si te presentas tal cual eres ante Él, ve pecado en ti. Y la Palabra, que es la Biblia, dice: “vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros el rostro de Dios, para no oíros”. Y en el mismo libro en el capitulo 64:6 afirma: “…todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como el viento”.

En un panorama tan desalentador, ¿qué podemos hacer para ser salvos? Esta misma pregunta se la hizo una vez un carcelero en un momento de desesperación: las puertas de las celdas se habían abierto, y las cadenas de todos los presos se cortaron. Sabiendo que le sobrevendría un castigo, seguro la pena de muerte por descuidar la guardia, se sintió al borde del abismo.

Situación similar, pasa con nosotros, cuando nos encontramos desnudos ante Dios. Más aún si sabemos lo que para Dios significan nuestras justicias. Y que Él ni siquiera puede mirarnos a causa del pecado. Entonces, la condena se hace más palpable, más real, y la pregunta surge casi como un lamento de desesperación: ¿Qué debo hacer para ser salvo?

La respuesta no se hace esperar, Dios en su infinita misericordia y su profundo amor hacia la humanidad, estableció un pacto eterno. Y les dio la misión a quienes aceptarán ese pacto de difundirlo por toda la tierra. Los apóstoles, fieles a esa misión, respondieron: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y toda tu casa” (Hechos 16: 27-32).

Amigo, estás en el camino correcto, si dejas de buscar la forma de pagar tus culpas y aceptas la gracia de Dios, que es creyendo que Jesús ya pagó todo por ti.

Y así fue, porque las Escrituras dicen: “porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Tú podrás decir: “No puede ser, algo tengo que hacer yo. No puede ser esto tan fácil, no me lo merezco así como así, por sólo creer”.

Justamente, amigo, no lo merecemos. El sufrimiento que Jesús padeció, todo el dolor que soportó de parte de los hombres y mujeres que lo humillaron hasta la muerte en la cruz, lo hizo para que ni tú ni yo lo padeciéramos. Por eso es gracia, o sea, un regalo inmerecido.

Amigo, amiga, yo no sé porqué te puedas sentir sucio, no sé qué has hecho, o te han hecho en tu vida que te tiene perturbado, con qué carga has tenido que cargar hasta hoy. Pero de algo estoy seguro, y es que éste artículo no lo estas leyendo en vano. Aquí hay un propósito de Dios para tu vida, y es que recibas ese regalo de amor de manos de Dios, que se llama Jesucristo.

Ese regalo que por pura gracia Dios te ofrece, su propio Hijo. Acepta a Jesucristo en tu corazón, di: “Señor Jesús, no puedo limpiarme por mí mismo, te necesito. Entra a vivir a mi corazón, y cámbiame. Hazme una nueva criatura. Acepto la Gracia de Dios. Recibo el regalo de tu salvación. Y te considero de ahora en más como mi personal Salvador. Amén.”

Si has hecho esta oración, te invito a que, si puedes, te contactes con nosotros, o le cuentes a un creyente en Jesucristo lo que has hecho. Lee la Biblia, porque a partir de ahora eres un hijo de Dios, limpio, llamado a bendecir y recibir bendición hasta que Jesucristo vuelva y nos lleve junto a Él. Porque ésa es la voluntad de Dios.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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No erréis

En los tiempos que corren de este nuevo siglo, hay una tendencia que se ha visto acrecentada: el enemigo de la humanidad, que es Satanás, está utilizando la mente de personas que en su afán por el crecimiento intelectual o social, se hacen cada vez más proclives a no condenar el pecado. La moral no es democrática, y tratar de hacerla tal, como ocurre en nuestros días, es un engaño burdo que sólo intenta destruirla.

Veamos cómo es esto: “moral”, según el diccionario español, dice que es perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. Y sobre “democracia” dice: doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Por extensión, la palabra “democrático” se ha hecho similar a tolerancia o aceptación de todo.

Pongamos por caso el pecado de la homosexualidad. He oído de personas respetables que, en su afán por mostrarse tolerantes y abiertos de mente, llegan no sólo a tolerar, sino incluso hasta a admirar las bondades de los homosexuales, sin condenar sus prácticas y costumbres de vida. No digo que debamos juzgar a esas personas, pues sólo son personas caídas en la red del pecado de lascivia. Pero sí, con la Palabra de Dios como espada, decir que esas prácticas antinaturales no son correctas y que su final es muerte.

Presentar a Jesucristo, como el único que puede perdonar nuestros pecados, es nuestra misión. El Señor hace nuevas todas las cosas, y si una persona homosexual arrepentida se acerca a Dios en oración, y pide en el nombre de Jesucristo que lo cambie, Él tiene poder para darle una vida nueva.

Pero no debemos colaborar a que ellos se sigan engañando a sí mismos. Haciéndoles creer que si algo de bueno hay en ellos, es a causa de su forma de vida. La Palabra de Dios es tajante al respecto: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicadores, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se acuestan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Corintios 6: 9-11)

“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne”. (Judas 17-23)

¡Dios te bendiga!

H.A.D.

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25 años

En junio de 1979 salió a la luz la primera edición de Mensaje de Paz.

La intención inicial era de ofrecer el mensaje del Evangelio a los quizás 500 obreros españoles a quienes visitábamos regularmente en nuestra actividad evangelizadora. Aquí en Suiza ellos se encontraban en tierra extranjera, sin conocer el idioma ni la cultura. A ellos se dirigía ese primer mensaje de la paz con Dios.

Hoy, después de 25 años, publicamos el número 290. Actualmente Mensaje de Paz se imprime cada mes (11 ediciones por año) en cuatro puntos del globo terráqueo y su tirada ha superado los 60.000 ejemplares.

En este momento de aniversario, encuentro la consonancia con mi sentir en el Salmo 85: “Fuiste propicio a tu tierra…” Obviamente la tierra en que estamos sembrando el mensaje de la paz que Dios otorga no está en un reducido ámbito geográfico, y el pueblo que llevamos en nuestro corazón, ya no es una nación determinada. Nuestro “huerto” son todas las naciones, aunque por cuestiones idiomáticas se reduzca por ahora al mundo hispano. Nuestro “pueblo” son todos los “llamados a ser santos” en todo lugar.

“Perdonaste la maldad de tu pueblo… Reprimiste todo tu enojo; te apartaste del ardor de tu ira.” Como iniciador y redactor de Mensaje de Paz, y ahora como equipo, no tenemos calidades que expliquen el crecimiento de este ministerio. Nuestros lectores nos han perdonado nuestros errores, y el Señor nuestras faltas. Pero el mensaje central que hemos podido publicar es el que todos, por nuestra pecaminosidad, estamos bajo la justa ira de Dios, pero que por la misericordia de Dios, al que cree en Jesucristo, Su limpieza y Su vida le son concedidas, sin merecerlas. ¡Qué mensaje!

Cualquier ministerio encargado por Dios, no puede ser realizado en base al mero conocimiento de la Biblia, de la cultura, etc. Hace falta el contacto con el Dios tres veces santo. ¡Su santidad nos hace temblar! Tampoco es suficiente –ahora en nuestro caso– elaborar sermones “buenos” y enseñar doctrinas “sanas”, pues lo importante es la enseñanza bíblica, pero debemos permanecer siempre en la voluntad de Dios. Debemos caminar con Dios. No debemos buscar únicamente la calificación –bendición– divina sobre nuestras ideas, sino buscar y conocer “las ideas” de Dios. No es posible caminar con Dios sin ser hombre o mujer de oración constante.

No nos contentamos con ser salvos nosotros mismos. O con que a mucha gente guste nuestra publicación. Nos preguntamos: ¿dónde están los que se convierten?, ¿los que nacen de nuevo?, ¿los que dejan sus falsas doctrinas?, ¿los que devuelven lo robado?, ¿los que se reconcilian con sus enemigos?, ¿los que encuentran la paz con Dios? ¿Dónde están? No nos es suficiente redactar cada mes. Tampoco solamente dar gracias por entender que Mensaje de Paz ha sido una bendición en el pasado. Debemos ponernos de rodillas, suplicando: “¿No volverás a darnos –a nosotros y nuestros lectores– vida para que tu pueblo se regocije en ti?”

El versículo que sigue en este Salmo está dirigido de manera especial a los que escriben artículos en Mensaje de Paz: “Escucharé lo que hablará Jehová Dios, porque hablará paz a su pueblo y a sus santos, para que no se vuelvan a la locura.” Somos pregoneros de la paz de Dios. No es una paz psicológica. Es el poder de Dios que se opone a todo lo falso. A toda locura. Nosotros que escribimos, tenemos que examinarnos: ¿Estoy escribiendo lo que habla Jehová? ¿Sé discernir Su voz? Esta voz no se encuentra en nuestro interior ni en la fuerza del entusiasmo; está en la Biblia y sólo es entendida por un corazón consagrado a la Palabra de Dios.

Nunca nos habíamos propuesto el publicar por muchos años. ¡Cuántas veces dije: “Señor, haz que yo perciba claramente cuando tú digas ‘consumado’; entonces voy a sustituir en la cabeza del periódico ‘Edición mensual’ por ‘Última edición’”! En otras palabras, cuando Dios ya no dé más agua, desmontaremos los grifos.

Creo, no obstante, que Él quiere dar aún: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron. La verdad brotará de la tierra y la justicia mirará desde los cielos.” ¡Que cada una de nuestras ediciones sea un mensaje de Dios para cada lector!

Un “gracias” muy sentido quiero dar al hermano Benedicto Alonso de Valencia, que en nuestra primera década nos dio un apoyo muy sólido con sus colaboraciones. El Señor retribuirá también a todos los demás hermanos que actualmente escriben, revisan, organizan la impresión, realizan la repartición, cooperan económicamente etc. Sólo desde el cielo Dios tiene la supervisión sobre todo el “equipo internacional” de Mensaje de Paz; y desde allí también llega a cada uno su recompensa. ¡Gracias a todos! Y sobre todo ¡gracias a Dios!

“Jehová dará también el bien y nuestra tierra dará su fruto. La justicia irá delante de él y sus pasos nos pondrá por camino.”

Mensaje de Paz

Juan U. Kunz

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Serie Biblia V

Números

Números es el libro cuarto de Moisés y toma su nombre del relato de los censos de población realizados por él. El primero de ellos antes de salir del monte Sinaí, y una generación después en Moab, al este del río Jordán. En los dos primeros capítulos se da el número exacto de israelitas, tribu por tribu, así como el número de soldados de su ejército. Cada miembro del pueblo de Dios fue numerado, indicándosele su lugar en la familia y asignándosele un trabajo determinado. Nada se dejó al libre albedrío de cada israelita. Esta organización laboral motivada por los dones que Dios nos da a cada uno es recordada por Pablo (1 Corintios 12:28).

Este libro se concatena al libro del Éxodo y continúa mostrando la peregrinación que el pueblo redimido tuvo que realizar por el desierto durante los 40 años que duró su travesía desde el Sinaí hasta entrar en la Tierra Prometida.

Números es el libro del servicio y conducta del pueblo de Dios, y completa así, con los libros precedentes, un hermoso orden de carácter espiritual: Génesis, el libro de la creación y la caída: Éxodo, el libro de la redención: Levítico, el libro de adoración y comunión; y Números, el libro de lo que tiene que venir a continuación: servicio y conducta ante Dios.

En sus páginas narra los altibajos del pueblo israelita ante los rigores del desierto. Frecuentemente caía abatido, e incluso llegó a desobedecer a Dios y a Moisés. El propio Moisés cae en la impaciencia, aunque su fidelidad y fortaleza de ánimo, y sobre todo su devoción, amor y confianza en Dios nunca decayó. Ante la debilidad y la rebeldía de Su pueblo, sin embargo Dios se mantiene fiel al pacto establecido y constantemente cuida del pueblo escogido.

Cinco partes fundamentales componen este libro:

1) Organización de los clanes familiares (1:1-10:10).

2) De Sinaí a Cades (10:11-12:16).

3) Israel en Cades (13:1-19:22).

4) Las peregrinaciones hasta llegar al Jordán (20:1-33:49).

5) Instrucciones finales antes de entrar en Canaán (33:50-36:13)

Fernando Torres

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Sílabas traviesas

Las sílabas impresas en letras gruesas se han extraviado. ¿Quién las reconduce a su sitio? ¿Cuál es la frase justa? ¿Y dónde está en la Biblia?

GRAQUE SOIS PORCIA POR MEVOS POR SALDIO DE NO FE; Y ESTO LA PUES VOSOTROS, DE ES DIOS DE DON. POR NO PARAS, OBRA QUE GLODIE SE NARÍE.

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La Palabra de Dios es válida en todo tiempo y lugar

El muchacho sentía ansias de predicar la Palabra de Dios, pero sus amistades estaban en otro mundo. Las charlas generalmente estaban relacionadas con la música, las chicas, el fútbol, el cine, etc., y cosas que constituían meros escapes de la realidad, afanes y fantasías de adolescentes. Parecía que los temas de conversación entre ellos estaban lejos de los propósitos de evangelización, no comprendía como relacionar esos temas modernos con la Biblia. Y la Biblia no hace referencia en lo más mínimo a las drogas, a la música rock, al cigarrillo, etc.

Tras acudir a su pastor, éste le enseñó que la Palabra de Dios era para antes, para ahora y para siempre, sin importar el tiempo transcurrido: –”el cielo y la tierra pasarán, pero sus palabras no pasarán” (Mt 24:35), –le decía– “todo lo actual, todo lo moderno, esta relacionado con las Sagradas Escrituras, no te preocupes en hallar el momento oportuno, confía en el Señor”.

Es así que cuando hablan de fútbol, de la actitud de algunas “estrellas” que cambian de equipo en función a la paga, nuestro protagonista entra en acción con uno de sus amigos: el muchacho sostiene que es dañino para el deporte, el amigo está plenamente de acuerdo con él.

– “El gran problema es el dinero”, argumenta el amigo.

– “Seguro que tú lees la Biblia”, le dice el muchacho.

No, de ninguna manera”, le responde el amigo, “No creo que la Biblia se refiera a cosas como el fútbol”.

– “No me refiero a cosas como el fútbol”, sentencia el muchacho, que ve una maravillosa oportunidad de hablar de la Palabra de Dios, y tomándolo del hombro continúa: “La Biblia nos habla del amor al dinero, que es la raíz de todos los males (1Ti 6:10), ‘el cual codiciando algunos…’”

Quizás, amigo lector, tú puedas completar esta historia. ¿Será verdad que la Palabra de Dios es para ahora y para siempre? Desde luego que sí, y podemos asociarla con las cosas modernas que hoy suceden.

William J. Aguilar Cruz

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