MDP Archivo 2004 Sept 04
Índice
La Biblia
Varios testimonios
Fiabilidad de la transmisión de los textos del Nuevo Testamento
Loas por Mensaje de Paz
Deuteronomio
La Espada del Rey
Sopa de letras
La Biblia
La Biblia, o la Santa Biblia es el Libro de
los libros porque es la palabra de Dios. Ella enseña al hombre a conocer a Dios
y saber qué es la verdad, además de que da al creyente el perdón de sus pecados
y le concede aún en este tiempo “moderno” una nueva vida en esta tierra en
comunión con Dios que le permitirá vivir junto al Padre Celestial por toda la
eternidad.
La Biblia es comprensible por todos los seres
humanos, con tal que sean honestos y estén dispuestos a abandonar la mentira a
cambio de la verdad. Por eso el hombre altivo, astuto o falso no puede
comprenderla, reaccionando frente a ella con incomprensión, rechazo, escarnio o
astutas interpretaciones. Dios lo dispuso así (2Samuel 22:26-27; Romanos 1:28).
La Biblia debe leerse por cualquier persona
alfabetizada, y en voz alta a los que no saben leer. ¡Qué ofensa contra Dios
sería el interesarse por las noticias de la radio y televisión, leer periódicos
y libros; y hacer caso omiso del mensaje de nuestro Creador! ¡¿Cuál sería Su
justa respuesta?!
La palabra “Biblia” se origina en el idioma griego
y significa “colección de libros”. La Biblia se divide en dos partes –dos
colecciones–: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El término
“testamento” se refiere a la alianza o al pacto de Dios con Su pueblo. El
antiguo pacto es con el pueblo de Israel (Génesis 12; Éxodo 24; Salmo 106:45).
El nuevo pacto es la salvación que Dios ofrece a todos los que creen en Su Hijo
Jesucristo (1Juan 5:12). Este segundo pacto –el Nuevo Testamento– no anula el
antiguo, sino lo perfecciona y completa. Además el Nuevo es anunciado y
preparado en el Antiguo.
Por este motivo el lector de la Biblia estudia
ambas secciones, aunque al principiante el Nuevo puede resultar más
comprensible.
Nos limitamos con lo dicho hasta aquí puesto que el
lector que ha comprendido ya no sigue leyendo este artículo, sino lo deja para
abrir su Biblia y recibir “palabra de Dios” en vez de la “palabra del hombre”.
Y el equipo de la redacción está convencido de que
el Señor ya ha proporcionado a nuestro entendido lector la suficiente sed
espiritual y la necesaria humildad como para entender la Sagrada Escritura, es
decir la Biblia. Con esto no decimos que la Biblia es de “ligera” comprensión,
pero nos apoyamos en la promesa de Dios: “Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis ; llamad, y se os abrirá, porque todo aquel que pide, recibe; y el
que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7). Entonces, querido
lector, ¡pida a Dios la comprensión de Su palabra!
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Vanos son los esfuerzos por la incredulidad del hombre contra la verdad de Dios y
contra la enseñanza que Él dirige a los hombres. Así como Dios manifestó su
poder en la creación, igualmente se reveló en las Escrituras. No le resulta más
difícil conversar con sus criaturas mediante la Palabra que haber creado el
Universo, porque Él es omnipotente.
“Hay algo que envenena todos mis
placeres, que me persigue como un perpetuo aguafiestas,
confesaba un incrédulo a uno de sus amigos. “¿Sabes lo que es? No consigo
deshacerme de este pensamiento: ¡Si la Biblia tuviera razón después de todo!”…
“Profesor,
¿no le parece que usted le da demasiada importancia a la Biblia, al tratar de
refutarla sin cesar? ¿Por qué no la deja tranquila?”
Se le preguntó a un joven qué
traducción del Nuevo Testamento le parecía la mejor. Sin vacilar, contestó: “La
de mi madre”. Se le pidió explicarse y él dijo: “Mi madre ignoraba el griego
y no tradujo nunca una sola palabra. Pero su vida entera fue
una traducción viva de todo el Nuevo Testamento. Puedo decir que, en
ella, he visto adornarse la enseñanza de Cristo.”
En 1489, el monje Jerónimo Savonarola dirigió estas
palabras al pueblo de Florencia, conocida ciudad de Italia: “Habitantes de
Florencia, dedicaos al estudio de la Sagrada Escritura. Mucho tiempo las
Escrituras han sido cerradas con llave y su luz ha sido voluntariamente
mantenida casi apagada entre los hombres. Si se formulara la pregunta a todos
los verdaderos redimidos: –¿Es por vuestra propia fuerza que habéis sido
salvados?, al unísono exclamarían: -‘No a nosotros, Señor, sino a Tu nombre da
gloria’ (Salmo 115: 1). Por eso, oh Dios, necesito Tu misericordia y la justicia
que traigo no es la mía. En el momento en que Tu gracia me perdonó, Tu propia
justicia me cubrió. Por gracia se comunica la justicia de Dios. Tanto tiempo
como seas incrédulo, oh hombre, estás bajo el peso de tu pecado y privado
de la gracia. Oh Dios, sálvame por Tu justicia, es decir, por Tu Hijo, el único
que ha sido hallado justo entre los hombres”.
Felipe, un joven lleno de buenas intenciones, expresaba
el deseo de hacerse misionero. Como conocía mal el valor del libro de Dios y su
permanente actualidad, se preguntaba si era verdaderamente necesario que se
llevara una Biblia, ya que pesa mucho en la maleta. Un amigo que había oído
esa reflexión le hizo esta observación: “En aquel país, les sería más útil que
les envíes la Biblia y tú te quedes aquí”.
Una joven de raro aspecto se
acercaba al camión evangelístico estacionado en la plaza de un mercado. Ella
confesó su existencia desarreglada, su impaciente búsqueda de un mundo mejor
mediante los paraísos artificiales ofrecidos por la droga, y su insaciada sed de
amor y de paz. El evangelista le habló de la gracia, de la salvación ofrecida
por Jesús, quien consuela los corazones cargados y trabajados, y luego propuso
darle un Nuevo Testamento gratuitamente. Pero ella rehusó y aprovechó un segundo
de distracción de nuestro amigo para hurtarle una Biblia completa, gesto poco
delicado que el evangelista supo disculpar. Esa alma de veinte años, oprimida por
las tinieblas de este mundo, quería conocer toda la Verdad para apoderarse de ella. Sólo una parte
no le bastaba. Había comprendido que “vana es la ayuda
de los hombres” (Salmo 60: 11) y presentía que Dios, mediante
Su palabra, podía apagar su sed de paz, de luz y de amor.
¡Es de desear que esa lectura haya colmado su corazón!
Cuando los alemanes invadieron Polonia
en septiembre de 1939, una bomba hizo explosión
en Varsovia en la proximidad de una librería en la que se vendía la Biblia.
Puertas y ventanas estallaron haciéndose añicos. Todos los cristales se rompieron
con excepción de uno solo que llevaba impresas estas palabras: “El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Esta declaración
del Señor permaneció a la vista de los transeúntes durante los largos años de
guerra.
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Fiabilidad de la transmisión de los textos del Nuevo
Testamento
“Sécase la hierba, marchítase
la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).
Una de las muchas cosas raras de nuestro mundo secularizado,
que desgraciadamente de modo no insignificante influye también en nuestras
comunidades cristianas, es el hecho de que a este mundo en que vivimos le son
más importantes las opiniones sobre la Biblia que los mismísimos textos
bíblicos. El hecho de que al principio de este escrito se cite un versículo
bíblico –y que por tanto, esté literalmente por encima de todo– es una decisión
consciente y una confesión muy personal.
La Palabra de Dios siempre tiene razón. Si la
Palabra de Dios afirma que Jesús es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:6),
pues eso es así, y no de otro modo. Y si la Palabra de Dios afirma que quien
permanece en Jesús, no peca (1Juan 3:6), pues eso es así, y no de otro modo. Y
para concluir, si en la Biblia está escrito que la Palabra de Dios “permanece
eternamente”, pues eso es así también, y no de otro modo, inclusive hasta si la
historia total de la tradición pareciera decir lo contrario. Ahora, sin
embargo, ése no es el caso; al contrario, los siguientes tres ejemplos –se
podrían agregar un número todavía mayor– deberían despertarnos nuevamente la
conciencia al comprobar el modo en que Dios veló maravillosamente por Su
palabra y la manera en que todavía hoy vela por Ella:
1. Según estimaciones aproximativas sólo el 1.5% de toda la
producción literaria antigua ha llegado a nuestros días. Imaginémonos que el
Nuevo Testamento (NT) permaneciese en ese promedio y que nosotros de ese
teórico 1.5% en nuestras manos, tuviéremos que deducir y concluir el resto del
texto. Sin embargo, para bendición nuestra, hemos recibido íntegra la Biblia.
¿Estamos agradecidos por eso?
2. Estamos en posesión de más de 5.000 manuscritos antiguos y
de principios de la Edad Media, los cuales muestran parcial o íntegramente el
NT. Si comparamos: De Tácito –famoso historiógrafo romano– que vivió
aproximadamente desde el año 55 al 120 después de Cristo, sólo nos han llegado
algo más de 30 manuscritos, no obstante, nadie pone en duda la fiabilidad de
esos textos. Citando otro caso aún más impresionante, la obra de Cicerón “El
Estado”, escrita entre los años 54 al 51 antes de Cristo; exceptuando el final
de la obra, el resto estuvo perdido hasta el año 1820. Sólo entonces fue
descubierto un manuscrito de ella que estaba mutilado, deteriorado y reescrito
con un comentario sobre los Salmos del escritor eclesiástico Agustino. Después
de una minuciosa labor muy fatigosa el texto pudo ser publicado ¡por primera
vez! en 1822. Hoy se está agradecido por esto que se tiene. Sin embargo, de la
Biblia han llegado hasta nuestros días –como ya se ha dicho– más de 5.000
manuscritos. ¿Estamos agradecidos por eso?
3. Las más recientes investigaciones científicas han
descubierto que las más antiguas copias del NT que nos han llegado datan del
tiempo de los testimonios oculares, es decir, del siglo I después de Cristo.
Contrastando con esto, existe con el resto de los antiguos textos normalmente
entre el original y las primeras copias un lapso entre 500 y 1.000 años. El más
antiguo manuscrito completo de Homero –primer poeta que tuvo Occidente– sale a
la luz pública en el siglo 13, de donde, es más de 2.000 años más joven que el
original. Que Jesús haya resucitado de entre los muertos es en sí mismo, una
mejor prueba testimonial que las famosas palabras de César “vine, vi y vencí”,
que nadie pone en duda.
Pero este artículo no puede considerarse terminado sin hacer
la siguiente pregunta: ¿De qué nos sirve el mejor texto tradicional sin la
firme decisión de creer en él y de obedecer sus instrucciones?
Debería realmente hacernos reflexionar, que el
propio Mahatma Gandhi –que no es ni con mucho un cristiano “nacido de nuevo”–
tenga que recordarnos a nosotros, que nos decimos “cristianos”, la exclusividad
de la Biblia, e igualmente tener que aceptar el duro reproche que nos hace,
cuando nos dice: “Vosotros, cristianos, tenéis para protección vuestra un
documento con bastante dinamita en sí mismo, para volar en pedazos a la
civilización entera y poner al mundo de cabeza; para traer paz a este mundo
desgarrado por la guerra. Pero vosotros andáis con él, así como si sólo fuera
un trozo de buena literatura y nada más.”
¡Quiera Dios preservarnos de considerar Su palabra
como algo diferente de lo que Ella verdaderamente es. Y quiera Dios
concedernos, que no sólo seamos oyentes de Su maravillosa palabra, sino
también seguidores de Ella! De tal forma que podamos unirnos a Pablo diciendo
igualmente como él: “La Palabra de la Cruz es locura para los que están
perdidos, pero para nosotros que estamos en el camino de la salvación, es la
fuerza de Dios.”
Redacción de Urs
Stingelin, lic. fil. grecista
traducido al español
por Fernando Torres
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Loas por Mensaje de Paz
25 son los años que junto al Mensaje estás, laboraste
muy de lleno con toda la hermandad, mostrando siempre amorosa, completa
fidelidad. ¡Eres tú, mi Dios querido, fuente de toda
verdad!
Para sembrar Tu semilla nos diste seguridad, para
regar muy pacientes palabras de libertad, para abrir el sendero y con el
Mensaje dar la Paz. ¡Eres tú, Cristo bendito, fuente de toda
verdad!
Nuestro cuerpo reforzaste y nuestra alma llenaste,
no supimos del cansancio sintiendo tu lealtad, y muy cerca te mostraste
junto al Mensaje de Paz. ¡Eres tú, Cristo bendito, fuente de toda
verdad!
De siervos nos elevaste a amigos por tu bondad, nos
hicimos más sensibles sintiendo la realidad, y lograste que escribiéramos
Mensaje de Amor y Paz. ¡Eres tú, Cristo bendito, fuente de toda
verdad!
Fernando Torres
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Biblia VI
Deuteronomio
Es el quinto libro del Pentateuco, cuyo nombre significa
“segunda ley” o “repaso de la ley”. En este libro Moisés da los últimos
consejos a los israelitas antes de la entrada de ellos en la tierra que Dios,
en Su pacto, les había prometido. Detalla las peregrinaciones de Israel en el
desierto y revela la importancia del juicio moral que Dios tiene de dichas
peregrinaciones. La nueva generación israelita nacida en el desierto puede oír
de boca de Moisés el Decálogo anteriormente recibido por él en el monte Sinaí,
así como las instrucciones necesarias que el pueblo israelita tiene que cumplir
en la Tierra Prometida, estableciéndose los términos del Sexto Pacto (30:1-9).
El gran tema del libro es que Dios no sólo ha
liberado a Su pueblo escogido y amado, sino que lo ha bendecido y guiado en su
peregrinación. Por ello los israelitas tienen que recordar, amar y alabar a
Dios, para poder seguir recibiendo la bendición celestial. El versículo clave
es el 6:5 que Jesús llamó el mayor de los mandamientos: “Ama al Señor tu Dios,
con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.
El libro puede dividirse en cinco partes
fundamentales, a saber:
Caps. 1-4, donde Moisés por medio de su primer gran discurso
hace un resumen histórico de las experiencias en el desierto.
Caps. 5-26, que exponen el segundo gran discurso de Moisés,
quien hace una amplia exhortación basada en los Diez Mandamientos y prescribe
leyes, reglas y advertencias generales.
Caps. 27-28, en los cuales Moisés da instrucciones precisas
para la entrada a Canaán.
Caps. 29-30, donde se explica la renovación del Sexto Pacto
concertado en el monte Sinaí.
Caps. 31-34, en los que el gran legislador hebreo, sabiendo
que pronto morirá, se despide de su pueblo, y después de dejar a Josué como su
sucesor, y contemplando desde lo alto del monte Nebo la Tierra Prometida,
muere.
Fernando Torres
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La Espada del Rey
Ansioso, el príncipe Humberto tomó entre sus manos aquella
herencia preciosa. Los ojos del futuro rey se reflejaron brillantes en el filo
de la hoja. La espada era dorada como el oro, filosa como nunca antes nadie
imaginó. Fuerte y pujante lucía entre sus manos temblorosas. ¡Cuántos querrían
tener ahora tan preciado honor! Su padre mismo se la entregó con la promesa de
ser el heredero del reino. Con esa espada se habían ganado batallas, quebrado
huesos de gigantes, destruido multitudes de ejércitos de godos, librado pueblos
oprimidos.
Ahora él era el poseedor de la herencia más valiosa de todo
el reino. Apresurado la colocó sobre la chimenea de la sala principal del
palacio. Lucía esplendorosa enmarcada en plata, sobre la seda roja de Arabia. Así
ubicada todos podrían contemplarla y sabrían que él era el escogido.
En ese momento, un fuerte golpe en la puerta del palacio lo
sacó bruscamente de su fascinación. Giró hacia su espalda y vio con ojos
horrorizados como un grupo de godos armados hasta los dientes, se abalanzaba
sobre él.
Nunca más hubo memoria de ese príncipe.
Esta pequeña historia me recuerda lo que muchos cristianos
solemos hacer con la espada que el Rey de Reyes puso en nuestras manos: la
Biblia. Sabemos lo valiosa que es. Somos concientes de que es como una espada
desenvainada y poderosa para librarnos de ejércitos enteros de enemigos.
Conocemos que es la herencia que muchos hubieran querido tener y que somos los
escogidos.
Entonces le damos el mejor lugar en nuestra biblioteca,
compramos la que venga con la más hermosa encuadernación, en cuero y con hojas
doradas y filigranas. Sabemos que quienes la vean pensarán que somos muy
afortunados en tenerla.
Pero ¿qué pasa si nos sucede lo mismo que al príncipe? Si no
la usamos da lo mismo que no haberla tenido nunca. El enemigo es como un león
rugiente buscando a quién devorar. Sólo la espada de la Palabra de Dios puede
derrotarlo. Esta es el arma de un cristiano. Leerla diariamente es entrenarse
para la batalla. Meditar en ella siempre es estar listos para la defensa. Usemos
la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.
Porque la Palabra de Dios es viva, y eficaz y más cortante
que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazón. (Hebreos 4:12)
Usemos la Biblia diariamente. ¡Que Dios te bendiga!
Hugo Alberto Díaz
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Sopa de letras
E*PERDONTENEMOST LADMBLIBERACIONI BEENLAPESTUDIOOA ALUABRAPROFEITIO IITCREACIONCLSCR FMESCRITURASEUCI VPROOAVTEVICYJUG EOODNCAELAMOAEDI RRNIVILARRRSSSAN DTOMEUSBIBLIAPRA AAMIRMEGIAOUIATL DNIDSORLALALCDEA CCOEACUALAHAAACE IISRRBIENPENREST AAGUAFIESTASGRAT INSPIRADAEINTOS*
AGUAFIESTAS BIBLIA COMUICAR CONVERSAR CREACION DEUTERONOMIO ESCRITURAS
ESPADA ESTUDIO FIABLE GRACIA IMPORTANCIA INSPIRADA ISRAEL JUSTO LEER LEY
LIBERACION LIBRO ORIGINAL PALABRA PERDON REDIMIDOS SALVACION TRADUCCION VERBO
VERDAD
Tache con una raya las palabras encontradas. Las letras restantes forman un
versículo de la Biblia. ¿Cuál?
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