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Mensaje de Paz
Edición de Noviembre de 2004
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Índice
¡Su matrimonio puede salvarse!
Apuntes sobre el matrimonio
Paternidad responsable
Libro de Jueces
Madres solteras
Ámense


¡Su matrimonio puede salvarse!

La primera idea de Dios en la creación del ser humano fue crearlo a Su imagen y semejanza. La segunda idea era que esa imagen se concretizara por medio de la unión de “varón y hembra” (Gn 1:27). Así Dios creó el matrimonio.

Ya que hemos estropeado la relación con nuestro Creador, también la relación entre los hombres ha quedado dañada. Hablando de matrimonio: para salvar un matrimonio que anda mal, es necesario que:

l  los componentes se humillen, rechazando el pecado original que es la rebelión, la egolatría.

l  no se confunda el sexo con el amor. El sexo puede ser una de las maneras de expresión de amor. Pero la convivencia sexual puede ser también egoísmo, subyugación, sadismo… El amor es entrega, identificación, comprensión, aprecio, afecto, respeto…

l  no se quiera moldear a la otra persona para hacerla a la medida de los propios ideales. El cónyuge debe ser diferente, “sorprendente”, para que sea un complemento verdadero.

l  se sepan perdonar mutuamente.

l  se dialogue. Si no se sabe cómo romper un silencio abismal, optar por pedir perdón por sus propias incapacidades y errores. Aprenda a usar tonos y tratos de gentileza y respeto. Acostúmbrese a escuchar con la finalidad de comprender –entrar a la misma visión, tristeza o defraudación del otro– y lo menos posible conteste con argumentos u objeciones.

l  nunca dé por “perdido” su matrimonio. Nunca decida romperlo por la infidelidad. El amor no es un sentimiento, sino una decisión. Y donde un cónyuge toma la decisión de amar al otro, Dios puede resucitar también los sentimientos y todo lo demás.

¡Feliz vida matrimonial!

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Apuntes sobre el matrimonio

“El matrimonio” de B.L. Alonso Díez presenta el plan de Dios y  ofrece instrucciones prácticas para un matrimonio feliz. El librito es destinado a la divulgación masiva. Edición y despacho: Distribución de Literatura Cristiana, CH-2500 Biel 8, Suiza. Aquí publicamos su prefacio:

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado… Su marido es conocido en las puertas de la ciudad cuando se sienta con los ancianos del país (Proverbios 31:10 sgts).

Cuando los cónyuges toman cada uno su lugar específico ante Dios y ante sí mismos, el resultado es que pueden confiar mutuamente el uno en el otro. El progreso será patente en todo lo que emprendan. La vida matrimonial defiende esta unión sagrada y permanente, haciendo de ellos una realidad, una sola carne.

La Biblia exige del esposo que sea fiel al deber sagrado de amar a su esposa, de igual manera que Cristo ama a la Iglesia; exige igualmente de la esposa que busque cómo aprender a través de Cristo, a apoyar a su esposo y serle de bendición en todos los aspectos.

En varios capítulos expondré sencilla y brevemente algunos conceptos generales sobre el Matrimonio, así como la parte que corresponde tanto al esposo como a la esposa.

Quiera el Señor bendecir estas ideas y que cada cual las lleve a la práctica, para que no sea verdad aquello de que el „matrimonio es una fortaleza donde quieren entrar los que están fuera y quieren salir los que están dentro“.

La falta de preparación y que la mayoría de los que contraen matrimonio van a él ciegamente, inspirados por instintos o conveniencias, hacen que muchos fracasen.

Con cuánta razón podríamos utilizar lo que el profeta Oseas ya dijo en otro tiempo, cuando Israel andaba a su aire desoyendo la voz de Dios: „Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento“ (4:6).

Que estas ideas sirvan de base a un concienzudo estudio para todos los lectores: un examen honesto para los que ya están casados y una pauta a seguir para los que se sienten llamados a incrementar el estado matrimonial.

No olvidemos lo que algunos famosos dijeron sobre el matrimonio: „El matrimonio no es para el placer, sino para sacrificar el placer“ (Paul Claudel).

„Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros, los juzgará Dios“ (Hebreos 13:4).

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Paternidad responsable

Para que se dé la paternidad responsable es necesaria la presencia del Señor, ya que la proximidad del Creador a los padres hace que éstos se tomen seriamente sus responsabilidades educativas. “Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe, y que recompensa a los que lo buscan” (Heb 11:6).

Dos tipos de fe. ¿Qué calidad tiene tu fe?

Una auténtica relación con Dios se inicia con la fe. ¿Qué tipo de fe? Se dice que el hombre consigue lo que se propone. Quien se esfuerza en alcanzar una meta determinada lo hace impulsado por la fe. La fe le permite ver el resultado de sus esfuerzos. Esta fe que es de fabricación humana se puede recubrir con un barniz de religiosidad. Quien dispone de esta fe activa podrá llegar a ser un ferviente practicante de una religión determinada, tal vez la católica o de cualquier expresión protestante. Esta fe podrá impulsar a educar severamente a los hijos y a esforzarse a que se conviertan a su religión. Pero esta fe que sólo afecta a la piel de los educandos no es la que nos interesa.

La fe que han de procurar poseer los padres es aquella que “es don de Dios” (Ef 2:8b). Esta es la fe que hemos de pedirle al Señor, y que además nos la fortalezca (Stg 1:6); y que el creyente debe engrandecer utilizando los medios de gracia que el Señor pone a su alcance: lectura de la Biblia y plegaria diarias, no abandonando la congregación, etc.

Leer Deuteronomio 6:4-9.

Relativismo educativo. Hoy sí, mañana no. ¡Ya veremos!

Una de las características educativas actuales es el relativismo. No existen valores permanentes. Esto conduce a que todo sea relativo. Que los principios morales sean mudables. Que lo que interesa hoy no sea conveniente mañana. Y al revés. El relativismo crea confusión en sus seguidores. Es una mala filosofía educativa.

El texto citado de Deuteronomio pone ante nuestros ojos un cimiento sólido que es el Señor eterno.

El mago Andréu en una entrevista radiofónica explicó que en una ocasión se le acercó una niña pidiéndole que le hiciese salir un padre del sombrero. Esta petición inocente nos puede hacer sonreír. Pronto la sonrisa se convierte en un gesto de tristeza cuando el artista afirma que la falta de padres es un drama que se representa cada día en muchos escenarios domésticos. Nosotros, los que creemos de verdad en el Dios de la Biblia, tenemos solución para este drama porque nos hemos convertido en padres que empiezan a ser responsables, ya que habiendo sido convertidos en hijos de Dios, hemos recibido los sentimientos del Padre celestial para que podamos realizar la vocación a la que hemos sido llamados como padres (Ef 6:4).

Valores permanentes

Cuando por la gracia de Dios se despierta en los padres la paternidad responsable, nace el deseo de instruir a los hijos en los caminos del Señor. El proceso educativo se inicia con el amor y reverencia que los padres manifiestan por la Palabra de Dios. No creo que se deba presionar a los hijos y no dejarlos respirar, y hacerles entrar la doctrina a sangre y fuego. Es cierto que se deben aprovechar todas las oportunidades para impartirles la doctrina que da vida. Pienso que la educación que da sabiduría a los hijos no es la de la manga ancha, sino la que determina muy claramente los límites. El corazón humano es engañoso y nos puede hacer creer que lo que es malo sea bueno y al revés. Cuando se llega a la conclusión de que la educación infantil debe basarse en la Palabra de Dios, se ponen unos cimientos estables que no se desintegran.

Para que los padres no caigan en la tentación de creer que la educación de su descendencia es cuestión de coser y cantar, la Biblia nos habla de los hijos necios que no quieren dejarse instruir. Todos los seres humanos llevamos una cierta dosis de necedad. Esta realidad trastorna a los padres y favorece la impotencia y el no saber qué hacer.

Hay remedio para la angustia y la impotencia. Si se cree que Dios existe y que recompensa a quienes le buscan sinceramente, la plegaria es el instrumento que el Señor pone a nuestra disposición para acercarnos a Él y descargar en el Señor todas las amarguras que los hijos crean en los padres.

La educación no es una ciencia exacta. No siempre dos por dos son cuatro. Hay comportamientos que no se entienden. Esta realidad impulsa a los padres que verdaderamente son creyentes en Cristo a descargar en Dios la compleja situación problemática que producen los hijos.

Los padres muchas veces cometen el error de querer decidir el destino de sus hijos. Hay unos límites que no se pueden sobrepasar. Al llegar a este punto, lo mejor que pueden hacer es dejar a los hijos en las manos de Dios y permitir que Él haga con ellos lo que mejor le parezca. Es inútil golpearse la cabeza contra la pared. Es mucho más beneficioso esperar en el Señor y que Él haga según Su voluntad.

Octavi Pereña,
El Heraldo del Pueblo, No 200
Abreviado por la Redacción

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Serie Biblia VIII

Libro de Jueces

Este libro  se llama „Jueces“ porque en sus páginas leemos la historia de trece hombres a quienes Dios levantó como libertadores de Israel durante el tiempo de decadencia y división del pueblo judío, lo cual sucedió después de la muerte de Josué, cuando Israel –careciendo de un jefe y un gobierno común– entra en una etapa de desunión y anarquía, que es aprovechada por las naciones vecinas para atacarla.

Inclusos en estos aciagos tiempos las propias tribus israelitas mantienen momentáneamente guerras entre sí, lo que permite la existencia de algunos núcleos cananeos a quienes los israelitas no logran vencer ni desalojar de su territorio, con lo cual se generaliza el desorden y surgen calamidades de todo tipo, obligando a Israel a vivir muchos y largos períodos de intranquilidad. A estos trece jefes se les llamó tradicionalmente “jueces”, y de ellos toma este libro su nombre; aunque en realidad eran sólo caudillos y gobernantes, que por serlo, servían también como jueces. Por medio de estos hombres Dios continuó gobernando personalmente a Israel. El versículo que resume la condición de Israel en aquel período es 17:6 “Cada uno hacía lo que bien le parecía”.

Hay dos factores que sobresalen en este libro: el completo fracaso de Israel y la persistente gracia de Dios. Esta gracia de Dios la entendemos mejor en la declaración de la profecía de Zacarías 4:6 “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu”; como también en la afirmación de Pablo (1Co 1:26) “no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles”.

En el libro se citan los hechos de esos caudillos. Los que más sobresalen son Débora y Barac, así como Gedeón y Sansón. Dios que no abandonaba por completo a Su pueblo, levantaba de tiempo en tiempo caudillos. La supervivencia de Israel dependía de su lealtad a Dios, mientras que su deslealtad lo precipitaba hacia la desgracia. A pesar de todo, Dios estaba siempre dispuesto a salvar a Su pueblo cuando éste se arrepentía y volvía nuevamente a Él.

El libro relata siete apostasías, siete esclavitudes bajo siete naciones paganas y siete liberaciones. El paralelo espiritual de esta situación se encuentra en la historia de la iglesia profesante desde el tiempo de los apóstoles, en la multiplicación de las sectas y en la pérdida del sentido de la unidad de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo (1Co 12:12-13).

En dos partes fundamentales se puede dividir Jueces, a saber: 1. parte, desde el capítulo 1 al 16, cuyo  versículo clave es 2:18; 2. parte, del capítulo 17 al 21, con el versículo clave 21:25.

Fernando Torres

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Madres solteras

Lamentablemente muchas madres están luchando duramente por la supervivencia. Sus pobres criaturas se les han “pegado” a ellas –por haberlas traído al mundo, y por amarlas como aman las madres– y los correspondientes padres ya no están. ¡Qué pena! Será por falta de madurez, de responsabilidad, de una muerte repentina…

La carga es doble: la ausencia de un esposo y la falta de un padre. No es poco cuando una mujer debe hacer frente a tal situación.

¿Estás tú en esta situación? Entonces lo mejor es que te entregues al Señor Jesucristo con todo tu ser. Llévale todas tus cargas, tus ansias, tus preocupaciones y tus culpas. Aunque la culpa de unirte fuera del matrimonio no ha sido sólo tuya, tú debes pedir perdón al Señor por tu parte; ¡y hazlo pronto! Él perdona y recibe al alma arrepentida.

Pero tu vida continúa, con sus problemas y sus muchos peligros.

No te abandones a la autoconmiseración, ni a la rebeldía. Combate el egoísmo, cada día. Tampoco te expongas a fantasías dulces, de cómo sería si tuvieras a un esposo maravilloso y tu hijo a un padre estupendo… Soñando con ese paraíso irreal, caerías otra vez en los brazos abiertos del “león rugiente que busca a quien devorar” (1Pedro 5:8).

No busques a otro hombre. Tu hijo o hija no soporta a esos “monstruos” –y peor si cambian a cada rato– de padrastros impuestos, que no hacen más que robarle la madre. Harías perder a tu hijo la única persona que tiene y sufrir la realidad de ser “vendido” y postergado; que cualquier vagabundo vale más que él. Y cuántas veces les molesta a esos amantes la existencia de un crío, aunque para lograr sus nauseabundos fines, finjan gentileza con él. Mejor que busques el apoyo en la difícil tarea de la educación del hijo, si es posible, entre tus propios familiares, tus amigas o conocidos, entre los que no se sientan atraídos por el rol de amante o padrastro.

Educar sola, sin cónyuge, a un hijo, es sumamente difícil. Tienes que acudir siempre y nuevamente a Dios. Nunca enseñes a tu hijo a mentir o a robar. Dios, que no desampara ni a los pájaros, no descuidará a los que Le invocan día y noche.

¡No pierdas nunca la esperanza! No te desanimes. Tu hijo, tu hija, un día te dirán cuánto apreciaron tu perseverancia y fidelidad.

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora, pues Él dijo: ‘No te desampararé ni te dejaré’. Así que podemos decir confiadamente: ‘El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre’.” (Heb 13:5-6).

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Ámense

Muchos cristianos son puntillosos cumplidores de la ley bíblica. Si leen que dice: diezmo, sacan la calculadora para que no se les quede ni un solo céntimo de menos. Si dice: perdona, van hacia su enemigo y le piden perdón de sus bocas para afuera. Cuando dice: alaba, levantan sus manos más alto que el resto de la congregación. Pero cuando la Palabra dice “ámense” se les cae toda la estantería pues, eso sí que no es fácil. Amar implica ante todo un acto de total sinceridad y entrega absoluta… a otro. (Lucas 11:42)

Y es ahí donde empieza el problema. Es fácil dar la apariencia de ser muy espiritual y buscar impresionar a los hombres con nuestros actos de misericordia. Pero el amor nos pone frente a frente con nuestro propio orgullo. Ya no somos sólo para nosotros mismos sino para otro.

La Palabra de Dios dice que podemos hacer todo lo que está estipulado que un cristiano “debiera  hacer”, pero si nuestras obras no son hechas desde el amor, no valen nada. “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas. 5:14).

Algunos de esos religiosos podrán argumentar: “Sí, pero yo amo a Jesús solamente”, a éstos el Señor les dice: “…el que no ama a su hermano, no es de Dios” (1Juan 3:10) y “…no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1Juan 3:18).

Y una de las manifestaciones más hermosas del amor de Dios es el amor entre un hombre y una mujer. Desconfía de esos que se escandalizan cuando ven una parejita besarse y andar de la mano. Muchas veces lo que hacen es proyectar en los enamorados su propia concupiscencia.

Dios les dice a los enamorados: “¡Sea bendito tu manantial y alégrate con la mujer de tu juventud, cierva amada, graciosa gacela! Que sus caricias te satisfagan en todo tiempo y en su amor, recréate siempre” (Proverbios 5:18-19).

El Señor usó la imagen de un matrimonio cristiano para representar su relación con la Iglesia, que somos nosotros, al llamarla la esposa del Cordero.

Cuando el amor es puro y verdadero, entonces es más fácil amarse conforme al amor de Dios, cuidando uno del otro como Dios cuida de nosotros. Manteniendo la pureza del amor de Dios intacto. Y pidiendo perdón si en algo se ha fallado. Recuerda, cuando limpias un vaso, es mejor empezar desde adentro, y el pedir perdón a tiempo nos limpia como pareja. Ya la Palabra de Dios lo afirma: “…pero el amor, cubre todas las faltas” (Proverbios 10:12)

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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Solución del mes de octubre

JUSTIFICADOS PUES POR LA FE TENEMOS PAZ PARA CON DIOS POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ROMANOS CINCO VERS UNO

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