MDP Archivo 2005 Marzo 05
Índice
Quita lo que sobra
Restaurados
Mi testimonio
¿Cómo podemos agradecerle a Jesús?
Segundo libro de Samuel
Tú eres original
Solución de la „erroneagrafía“ del mes de enero
Quita lo que sobra
En una pequeña ciudad, delante del taller del cantero, unos hombres descargan de un camión un pesado y tosco bloque de granito. Entre los espectadores que siguen esa operación no tan fácil está también un predicador del evangelio.
Llega el maestro escultor, mira la piedra y exclama: ¡En este bloque está sentado un ángel; sólo hay que librarle del barro que lo envuelve!
Estas palabras inspiran al predicador, porque con el creyente pasa lo mismo. El Gran Maestro trabaja en cada uno para librarle “del barro” y hacer aparecer en él la imagen de Su Hijo Jesucristo.
Mas hay una condición preliminar: debemos ser del “granito” de Dios. Por naturaleza no lo somos. A causa del pecado somos lodo y barro, de parte a parte, inútiles. Por esto Cristo dijo que debemos nacer de nuevo. Hay que arrepentirse de sus pecados, y creer que Jesucristo los pagó y los perdona plenamente.
Quién cree en Él, tiene vida eterna y llega a ser “de Él”. Ahora la Escritura le invita: “Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados (Isaías 51:1; 2Pedro 1:4). “Puestos los ojos en Jesús…” (Hebreos 12:2).
En adelante, el mencionado predicador no sólo usó en sus predicaciones el ejemplo del ángel que tenía que ser labrado, sino él mismo cesó de pensar, cuando tenía que aguantar duros golpes, que Dios se había apartado de él. Al contrario. El Gran Maestro estaba labrando muy de cerca. Él nunca falla. No rompe y no quita lo que no debe. Contrariamente, no deja tosco lo que debe ser alisado. Afina el carácter de los suyos. Ni hablar de las groserías y los pecados que Él no tolera.
“Ahora tenéis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro sea hallada…” (1Pedro 1:7).
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Restaurados
¿Has tenido a veces ganas de recuperar ese viejo objeto que tanto amas? Quizás una máquina, una radio a transistores o una bicicleta. Es posible, si lo llevamos a un especialista en esos rudimentos, que lo volvamos a ver como entonces, ¡y cuanta alegría nos da tenerlo de nuevo entre nosotros! La herrumbre que el tiempo provocó, las válvulas quemadas otra vez en funcionamiento, aquellas gomas gastadas otra vez como en sus mejores momentos.
Costó trabajo hacerlo pero el resultado es maravilloso.
Alguien se preguntará quizá, qué lindo sería poder recuperarse uno mismo como se hizo con este artefacto. Lamentablemente, amigo, eso es imposible, por nosotros mismos es sumamente dificultoso, tal vez en el aspecto externo podamos hacer pequeños milagros de estética personal, o una sesión permanente de ejercicios nos haga vernos más delgados y frescos que antes, pero siempre va a haber un aspecto de nuestras vidas que no podamos restaurar del todo o mejor dicho nada: ese vicio persistente, esa pasión oculta que nos atormenta, aquellos deseos que sabemos se conocen con el nombre de “pecado” que no nos dejan en paz. Hay personas que murieron tratando de ocultar al mundo ese “desperfecto” de sus vidas, sin poder restaurarse.
Desperfectos, sí, porque son fallas provocadas con el tiempo en algo que fue hecho perfecto en sus comienzos, y que están expuestos permanentemente a los ojos de su Creador: Dios, quien por ser también perfecto, no puede tolerar verlos demasiado, sin destruirlos.
Pero hay un especialista en restauración de vidas, el mismo Creador ha enviado a su Hijo Jesucristo para que todo aquel que crea en Él no se pierda (destruido a causa de sus imperfecciones) sino que tenga vida eterna.
Porque somos hechura de Dios, fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios: perfectos en el origen, según Su plan.
Pero el pecado corroe vidas como el óxido al metal. Y como lo que se creía una pequeña e inocente gota de agua sobre la superficie, con el tiempo crea un hueco en la chapa de tu auto. Así un pequeño pecado ocasional puede transformarse con el tiempo en la herida más profunda de tu vida.
La Palabra de Dios, que es La Biblia, es una guía práctica de restauración de vidas. Allí encontramos la solución a lo que nos hace mal en nuestras vidas. ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo debo esforzarme para restaurar mi vida? La respuesta es muy sencilla: NADA. Simplemente: arrepiéntete y cree en el evangelio. Recibe a Jesucristo en tu corazón. Él ya pagó por tus pecados por pura Gracia, esto es, regalo inmerecido de Dios para nuestras vidas. Esa Gracia dada en Jesucristo a todos lo que creyeran en Él está allí, al alcance de tus manos, y es gratis. Porque Su sangre (la que Cristo derramó en la cruz) nos limpia de todo pecado.
Y nuestras vidas, una vez lo hemos recibido en nuestro corazón, comienzan a ser restauradas y somos hechos nuevamente a imagen de Aquel que nos amó.
Querido lector, amiga que lees estas líneas, si sientes que en tu vida hay algo que necesita ser restaurado y que por tus propias fuerzas no puedas lograrlo, acércate confiado/a al Trono de la Gracia, ante Dios y repite conmigo esta oración: Señor Jesús, reconozco que mis esfuerzos por restaurarme han sido en vano, y que necesito ayuda, porque yo solo no puedo. Te reconozco como el gran restaurador, el Hijo de Dios y te recibo en mi corazón como mi salvador personal. Acepto tu Gracia restauradora y tu perdón. Declaro que a partir de ahora comenzaré a andar un camino en victoria, porque soy hecha nueva criatura a tu imagen, mi Dios, amén.
Hugo Díaz
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Mi testimonio
Tenía como cuatro o cinco años cuando comencé a ver películas acerca de la vida de Jesucristo. Proviniendo de una familia católica y siendo el tercero de seis hermanos, mi conocimiento de Dios lo obtuve en las clases de catequesis a las que era llevado por mis hermanos mayores. En aquellas películas yo miraba con mucha tristeza como un hombre que hacía tanto bien terminaba clavado en una cruz a la que fue condenado por aquellos que habían visto en su tiempo obrarse cosas maravillosas. No entendía por qué sucedía esto.
Fue a mis diez años que tuve mi primera Biblia, la que luego de varios intentos por leerla, finalmente lo logré tres o cuatro años después. Al leer en ella aquellas historias que me eran de alguna manera familiares descubrí que era necesaria aquella muerte sustitutiva incomprensible para mí en mis primeros años de vida. Comprendía con mi mente infantil, al ver aquellas dolorosas escenas de la crucifixión y agonía de Jesús, aunque no podía explicarlo, que si alguien merecía esa muerte y ese trato era yo. En la oscuridad de aquel salón quizá hasta una lagrima broto de mis ojos, al oír pronunciar a Jesús sin ningún rencor: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Pero ahí quedaba todo. No entendía.
Fue en aquella primera Biblia que mis pensamientos se pulieron. Hasta aquel entonces y antes de llegar a 1Timoteo 1:15, yo pensaba y decía: que si sumáramos todas las malas acciones cometidas por la humanidad desde su comienzo hasta esos mis días y los futuros, no sumarían ni el uno por ciento de mis pecados. Pero la Palabra de Dios lo decía en forma magistral “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” fue en este libro que mi vida encontró la luz. En la Biblia, la bendita Palabra entendí que el amor de Dios por su creación era tan grande que buscando que nadie perezca sino que toda la humanidad proceda al arrepentimiento; no escatimó ni siquiera a su propio Hijo a fin de restaurar aquello que había sido motivo de toda su creación.
Hoy en mi vida han pasado ya más de treinta años de estar aprendiendo y leyendo Las Santas Escrituras, aquella primera Biblia que recibí a mis diez años aún la conservo, y aunque muchas preguntas ella misma me las ha respondido, aún quedan algunas que espero aclararlas allá en la presencia de mi Salvador.
No sé cual sea tu situación, quizá nunca te preguntaste en tu niñez acerca del sacrificio expiatorio del Hijo de Dios. Quizá seas aún un niño al que le espera un largo trecho en la vida que recorrer, no tienes que recorrerlo solo, ahí está Dios para guiarte, cuidarte y protegerte. Es muy posible que seas un joven con un futuro promisorio o, tal vez, con algún tipo de frustración, causada por las circunstancias de la vida tampoco tú tienes que caminar llevando tú solo esa carga Mateo 11:28-30, o talvez eres una persona ya adulta que lucha por salir adelante en la vida o quizá la vida ha sido benévola contigo; si este fuera el caso hay aún más motivo para agradecer a tu creador y recibirlo como tu salvador. Hay aún un estado en la vida y es el que talvez ya has recorrido gran parte de la vida y mirando hacia atrás ves que has sorteado ya las buenas y las malas, no tuviste que hacerlo solo, y lo que aún está por delante tampoco como en todo en tu vida, dependió de tus ahora mermadas fuerzas, hay un Dios que te dice “¡ven!”.
Su hermano en Cristo, Richard
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¿Cómo podemos agradecerle a Jesús?
…que mediante Su resurrección nos abriera la puerta de la vida eterna
Siendo tan obedientes a Él como Él lo fue al Padre Celestial.
Jesús, que nunca ha cometido pecado y que todo lo puede, accedió por obediencia a Dios, a humillarse y a pagar por nosotros nuestras culpas. En Juan 14:30-31 Él nos dice: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí. Mas para que el mundo conozca que amo al Padre y como el Padre me mandó, así hago.”
Él, que es inmortal, accedió por propia voluntad a morir físicamente, haciendo así valederas las palabras escritas en el Antiguo Testamento mediante los profetas por mandato de Dios. Esta eterna obediencia al mandato del Padre Celestial es consecuencia de su infinito amor a Dios y a lo que Dios había creado.
Su perenne obediencia al Padre Omnipotente sólo es comparable con el infinito amor que despliega hacia todo el género humano.
La obediencia y el amor son la esencia divina de nuestro amado Jesús, quien teniendo poder sobre todas las cosas, se doblegó ante Satanás por obediencia a Dios. Nuestro Jesús, el Mesías Salvador, accedió a ser instrumento de enseñaza a la Humanidad, para que a través de Él, Dios Padre cumpliera las promesas hechas en el Antiguo Testamento.
Su celo de excelente servidor de Dios y Su amor por la creación divina, de la cual todos formamos parte, los comprobamos en Juan 14:16.17, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Defensor, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”
Esta condescendencia imperecedera hacia el Hombre permite a todas las generaciones humanas seguir siendo parte de la vid, Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
Estos testimonios verdaderos relatados por el apóstol Juan nos enseñan que obedeciendo a Jesús continúa el género humano siendo parte del cuerpo místico de la Iglesia, cuyo fundamento es el amor que Dios Espíritu Santo vierte en el Hombre, según se lee en Juan 15:9 “Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.”
Fernando Torres
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Serie Biblia XI
Segundo libro de Samuel
Este segundo libro de Samuel señala la restauración del orden por medio del ascenso del rey electo por Dios, al trono de Israel. Es un resurgir hacia Dios después de los fracasos del hombre en Elí, Saúl, y hasta en Samuel.
Al principio aparece la bella y noble elegía o poema fúnebre en que David lamenta la muerte de Saúl y Jonatán; a continuación narra el reinado de David, primero sólo sobre Judá (caps.1-4), pues el resto del país queda bajo el gobierno de Is-boset, hijo y heredero de Saúl. Después, tras una infortunada guerra entre él y David, éste último queda como rey de todo Israel. Se establece entonces el centro político en Jerusalén (2S5:6-12) y el centro religioso en Sión (2S5:7; 6:1-17). Cuando todo había sido puesto de esta manera en orden, Dios estableció el gran Pacto Davídico (2S7:8-17), del cual habría de emanar, de allí en adelante, toda verdad concerniente al reino.
El libro presenta a David y describe su reinado con honrado realismo, exaltando sus grandes virtudes, pero refiriendo también sus debilidades y pecados, que llegaron hasta el crimen. Lo enseña como guerrero valeroso y hábil estadista, que extiende y consolida el reino israelita luchando contra sublevaciones internas y contra enemigos externos. Claramente se ve su profunda fe, su devoción a Dios y su solicitud por el pueblo, todo lo cual le ganó la lealtad general. Nos lo muestra también contrito cuando el profeta Natán, enviado por Dios, le reprocha su proceder al dejarse llevar por sus deseos y ambiciones que le hicieron cometer graves pecados, los cuales confiesa, arrepintiéndose de ellos y aceptando humildemente su castigo.
La persona y el reinado de David marcaron profundamente al pueblo de Israel, de tal forma que lo consideraron modelo y representación anticipada del libertador nacional por antonomasia, solo superado por Moisés. Este ideal se personifica en la figura de Jesús, el Mesías, el Elegido de Dios, que vendría para cumplir las grandes promesas divinas hechas a Israel.
Este libro se divide en cuatro partes principales:
1. Desde la muerte de Saúl hasta el ungimiento de David en Hebrón como rey de Judá (1:1-27).
2. Desde el ungimiento en Hebrón hasta el ascenso de David al trono como rey de todo Israel (2:1-5:25).
3. Desde la conquista de Jerusalén hasta la rebelión de Absalón (6:1-14:33).
4. Desde la rebelión de Absalón hasta la compra del sitio del templo (15:1-24:25).
Fernando Torres
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Tú eres original
A veces tengo el afán de querer ser igual que todos los demás, pero al mismo tiempo quiero ser diferente. Quiero ser único. Deseo integrarme y al mismo tiempo quiero destacarme. Me gusta ser joven… y me creo bastante maduro… Todo a la vez. ¡Así de interesante y contradictoria es la vida!
Soy original. ¿Seguro? ¡Cierto! ¡Yo soy original!
Un original que copia e imita. ¿Pues, soy copia o soy original?
Recuerdo a un profesor de historia que odiaba a los que pretendían ser originales poniendo a sus obras derecho de autor. “Es absoluta tontería – dijo– porque cuando nacimos, no sabíamos nada de nada; todo lo que sabemos ahora lo hemos aprendido de alguien. Entonces es locura lo de esos ‘derechos’. Tendría que decir: ‘Yo –esta palabra la aprendí de mi mami– me –copyright de papi– llamo –autora: mami– José –nombre usado sin permiso, la pronunciación la aprendí de mi mami– etc.’ Nada sabemos por nosotros mismos; todo lo hemos ‘robado’ de alguien.”
– Tiene razón. Entonces, nada es original en nosotros, ¿verdad?
Pero sí, que cada ser humano es original. No hay dos idénticos. Y además cada uno tiene su propia manera de ser y hacer. – ¡Qué gran genio es Dios, que nos inventó!
Pero lamentablemente esos “originales” humanos, como son pecadores de nacimiento son malos, y con frecuencia imitan a personas malas, con actitudes destructivas. Veneran como ídolos a unos sujetos –considerados “envidiables” o “ideales”– que en realidad son unos ingratos y pervertidos. Y en general, la vida sin Dios –el pecado– vuelve la vida gris y fatalmente monótona. Falta la originalidad.
¡Que tú seas diferente! No seas como “cualquiera” y tampoco conforme a “tus propios sueños”. No te aconsejo que seas “tú mismo”, porque el egoísmo no es por nada “original”. Tú eres pecador por naturaleza, como yo también. Pecador quiere decir “sin Dios”.
Tú deberías vivir con Dios. Él es muy original y creativo. Jesucristo dice: “Entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público” (Mt 6:6). Que tengas el valor de vivir con Él. Esto es tu gran vocación. Tu Creador te ha elegido para esto. Es tu gran desafío. No lo postergues.
Consulta ahora la Biblia y conversa tú mismo con Dios, para que recibas dirección, valor y poder para ser el original que Dios quiere que tú seas. – ¡Tú eres original!
Juan
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Solución de la „erroneagrafía“ del mes de enero
Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia. Anda según los caminos de tu corazón y la vista de tus ojos, pero recuerda que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. Quita, pues, de tu corazón el enojo y aparta de tu carne el mal, porque la adolescencia y la juventud son vanidad.
En la Biblia se encuentra en: Elesiastés 11:9-10
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