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MDP Archivo 2005 Mayo 05

Mensaje de Paz
Edición de mayo de 2005
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Índice
Volveré
La segunda venida del Señor
Segundo Libro de Reyes
¿Estamos preparados para ir a la reunión?
Al cielo me voy con Él
Lámpara encendida


Volveré

Cuando el general Douglas MacArthur salió de las Filipinas en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, iba huyendo de Corregidor después de haber sufrido una evidente derrota. Al llegar a Australia envió su ahora famosa declaración: “¡volveré!” Y cumplió su promesa, pues tres años más tarde volvió a pisar el suelo filipino y proclamó su segunda afirmación histórica: “¡he vuelto!”.

Esto recuerda otra escena de mucha mayor importancia para la humanidad. Justo antes de ir a la cruz y sufrir lo que parecía ser el trágico final de su corta vida, Jesucristo les dijo a sus discípulos: “Volveré otra vez”. No se estaba refiriendo a su resurrección, sino a un evento posterior, cuya hora sólo era conocida por el Padre. Después de ascender a lo alto, el primer mensaje enviado abajo fue la promesa: “Este mismo Jesús… así vendrá”.

Los creyentes lo estamos esperando. Él volverá. Podría ser hoy.

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La segunda venida del Señor

Antiguamente los cristianos al despedirse con un fraternal saludo pronunciaban la palabra Maranatha, que significa “El Señor Viene”, “Cristo Viene”. De esta manera lo hacían porque amaban y esperaban sincera y verdaderamente el retorno de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.

Han pasado 2000 años y la promesa de una segunda venida sigue vigente. La certeza de su regreso es absoluta porque Dios lo ha dicho (Números 23:19). Todo cuanto Dios dijo se cumple. En estos tiempos nos abruman problemas, aflicciones, tentaciones, pruebas, adversidades y el avance acelerado de la apostasía; frente a ello tenemos la esperanza gloriosa de que Jesús volverá y tendremos un gozo glorificado.

Luego que Cristo fuese alzado en el monte de los Olivos, y una nube lo quitase de la vista de sus apóstoles, se acercaron a ellos dos varones con vestiduras blancas y les preguntaron: “¿Qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).

Desde aquel día la preocupación diaria de los cristianos era el regreso del Señor. Estaban presentes en sus mentes las palabras de estos dos varones, más aún, las propias palabras de Cristo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os aparejare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

Para nosotros sus hijos, la Segunda Venida de Cristo es la esperanza gloriosa y bienaventurada. No sólo esperamos un acontecimiento, aún más, el objeto de nuestra esperanza es JESUCRISTO, a quien hemos conocido, amado, aceptado y seguido.

¿Cómo vendrá?

“…así vendrá como lo habéis visto ir al cielo”; “…con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero…” (Hechos 1:11; 1Tesalonicenses 4:16-18). Observemos atentamente que Jesús no mandará a buscarnos, no abrirá el cielo para que lleguemos allá en virtud de su omnipotencia: NO. ¡Él mismo vendrá en persona a buscarnos y recibirnos!

¿Cuándo vendrá?

Nadie sabe el día ni la hora (Mateo 25:13); en breve, pronto (Santiago 5:8; Apocalipsis 22:20). ¿Están nuestras miradas fijas en el cielo, esperando que en cualquier momento nuestro Señor aparezca? Jesús mismo señala tres veces en el último capítulo de la Biblia: “Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra” (Apocalipsis 22:12). Si quisiéramos una respuesta más específica, Mateo nos dice “… ha de venir a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44). Las Escrituras dicen acerca del tiempo de la venida de Cristo lo suficiente para satisfacer nuestra fe, pero no nuestra curiosidad. Estas palabras del Maestro deberían ser suficientes para hacer callar el fanatismo de los que están ansiosos por decirnos el año, mes y aun el día exacto en que Cristo ha de venir. Este día está oculto en los designios de Dios.

En breve, pronto, Jesucristo vendrá. ¡Créelo!, lo prometió. Las cortinas del periodo de la gracia se están cerrando ante nuestros propios ojos. ¡Jesucristo viene!, con refulgente luz y con riquezas indescriptibles de alegría y gozo. Este encuentro será maravilloso, producirá compañerismo cristiano sin término ni interrupción. Traerá descanso eterno, allí donde no hay necesidad de sol ni luna, pues la gloria del Señor lo inunda todo. Nuestro trabajo terrenal habrá terminado y habremos ganado la victoria por la fe. Ya no habrá debilidad, tribulación, angustia ni tristeza; todas las heridas habrán sido sanadas. No habrá más dolorosas separaciones; la aflicción de espíritu será cambiada en gozo celestial. Nuestra ignorancia será dejada atrás, transformada en sabiduría y conocimiento. Muchas de las cosas que terrenalmente no entendemos, las entenderemos allá.

Estimado amigo que aún no tienes a Jesucristo en tu corazón, hoy es día de salvación. Como todos nosotros, eres pecador de nacimiento, y estás en el presente separado de Dios y condenado a sufrir eternamente en el infierno. Pero si reconoces que has pecado y te arrepientes con contrición y sincero dolor por haber ofendido tan culpablemente, tan sin motivo a tu amante Señor y Salvador, y crees con todo tu ser que Jesucristo derramó su sangre en la cruz del Calvario por tus pecados, que él sufrió voluntariamente el castigo que tú merecías ocupando tu lugar y lo recibes en tu corazón como tu Salvador y Señor personal, serás salvo, gratuitamente, sin obras, sólo por la fe en Él. Así Dios te otorgará por gracia la justicia de Cristo, declarándote justo ante su tribunal.

Joel Sandoval Henríquez

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Serie Biblia XIII

Segundo Libro de Reyes

Este libro narra a partir del año 853 antes del nacimiento de Jesucristo, cuando Josafat era rey de Judá, y Ocozías, de Israel. En él se cuenta la historia de ambos reinos hasta las cautividades. Nos relata también el final del ministerio profético de Elías, su traslado al Cielo; y el comienzo del ministerio de Eliseo, discípulo y sucesor suyo; así como la labor profética que durante este período en el reino de Israel realizaron Amós y Oseas, mientras que en el reino de Judá profetizaban igualmente Abdías, Joel, Isaías, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías y Jeremías.

Se narra en su primera parte la historia del reino dividido hasta la caída de la monarquía del norte –o sea, Israel– en el año 721 antes de Jesucristo (caps. 1-17). El resto de la historia de la monarquía del sur, es decir, Judá, hasta la caída de su capital Jerusalén en el año 586 antes de Jesucristo, la conocemos en la segunda parte del texto, donde se detalla la deportación a Babilonia, la emigración en masa a Egipto y la transformación de Judá en provincia babilónica con Gedalías como gobernador (caps. 18-25); acontecimientos estos que cambian muy significativamente la historia israelita.

Este libro puede dividirse en siete partes principales, a saber:

1.  El ministerio final de Elías y su traslado al Cielo, 1:1-2:11.

2.  El ministerio de Eliseo desde el traslado de Elías hasta el ungimiento de Jehú, 2:12-9:10.

3.  El reinado de Jehú sobre Israel, 9:11-10:36.

4.  Los reinados de Atalía y Joás sobre Judá, 11:1-12:21.

5.  Los reinados de Joacaz y Joás sobre Israel, y el ministerio final de Eliseo, 13:1-25.

6.  Desde la muerte de Eliseo hasta la cautividad de Israel, 14:1-17:41.

7.  Desde el ascenso de Ezquías hasta la cautividad de Judá, 18:1-25:30.

Fernando Torres

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¿Estamos preparados para ir a la reunión?

Quizá hoy tendremos todos los creyentes en Cristo Jesús la reunión más importante a la que ninguno faltará. Ninguno de nosotros, ya sea por enfermedad, o por mal tiempo (lluvia, frío, etc.) dejará de estar presente. ¿Cuál será esta reunión tan especial? Pablo, apóstol, menciona en 2Ts 2:1: “Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él”.

Cada uno de nosotros tiene un lugar de congregación con días, actividades y horarios establecidos y, aproximándose el momento de la misma, nos vamos preparando para ir. Lo apasionante de nuestra reunión con Él es que no hay hora establecida, ni señal alguna que nos haga dar cuenta de la proximidad de tal encuentro pero, por medio de las Sagradas Escrituras, somos avisados de cómo y qué debemos estar haciendo mientras esperamos que esa reunión llegue.

Somos conscientes de que aun entre los “cristianos” hay relativismo, formalismo, mundanalidad en vez de personas afirmadas en “...así ha dicho el Señor...” En vez de vidas manifiestamente transformadas por la obra perfeccionadora del Espíritu Santo, en vez de personas apartadas sin dejarse moldear por la corriente de este siglo malo.

Es posible que tengamos una creencia doctrinal correcta sobre “el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión en torno a Él” (2Ts 2:1); y que esa bendita esperanza nos esté purificando nuestras vidas día tras día. El anciano Juan, apóstol, escribe: “Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1Jn 3:3). Tito 2:12 nos dice con respecto a la gracia de Dios que nos trajo salvación que ahora: “Esa gracia nos enseña a decir NO a la impiedad y las pasiones mundanas y a vivir en este tiempo una vida sobria, justa y piadosa...”

Fuimos sacados de un mundo en donde acostumbrábamos a decir bueno a lo malo, y malo a lo bueno; enemigos de Dios en nuestra mente (Col 1:21), por lo tanto es de urgente necesidad ser educados a decir ¡NO! a la impiedad, a la falta de reverencia y a toda actitud de desafío o de menosprecio a la persona de Dios.

Evita palabrerías mundanas y vacías, por que los que hablan así, se hunden cada vez más en la maldad” (2Ti 2:16).

También debemos decir ¡NO! a las pasiones mundanas, las de aquellos que no conocen y están alejados de Dios, como nosotros en otro tiempo “cuando uds. eran esclavos del pecado…” (Ro 6:21; 1P 4:3).

Pero la gracia de Dios no es todo NO –como algunos se excusan para no arrepentirse de sus pecados–; también es ¡SÍ! – ¡SÍ! a una vida equilibrada y liberada de excesos que nos llevaban al desastre. ¡SÍ! a una vida de justicia y de equidad con nuestros semejantes. ¡SÍ! a una vida de reverencia a Dios manifestada en acciones, a ser conscientes y practicar la presencia de Dios en nuestras vidas. “Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí, les es provechoso, pues el resultado es la vida santa y finalmente la vida eterna” (Ro 6:22).

No esperamos Su venida con temor, sino con amor. Entrañables hermanos, hoy... quizás hoy sea el día  de nuestra congregación en torno a Él, nuestra reunión con Él... para nunca más separarnos y así estar siempre con el Señor. ¿Estamos preparados para ir a la reunión?

José Carlos Arjona

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TESTIMONIO:

Al cielo me voy con Él

Cuando era muy jovencito, una vez una chica cristiana me preguntó si conocía a un músico evangélico muy popular que graba discos por toda América. Al decirle que no tenía ni idea de quién era, ella me dijo: ¿Qué clase de cristiano eres tú?

Desde entonces ha rondado por mi cabeza la idea de que algo debía hacer para ser considerado buen cristiano y poder irme con Jesús al cielo. ¿Quizá estar al tanto de las modas musicales de los nuevos grupos cristianos?, ¿quizá asistir a la Iglesia y defender todo lo que el pastor diga y piense? Como lo hacían muchos de los jóvenes que conocí. ¿O involucrarme en cuerpo y alma de cuanta actividad de grupos de jóvenes se realizara cuidando de ser muy bueno en todo?

Decidí ir a las fuentes. La Palabra de Dios, que es la Biblia, me dio unas respuestas sorprendentes:

Primero: Tú eres salvo por GRACIA, y esto no viene de ti, sino de Dios. Por lo tanto, todo esfuerzo que hagas por mantenerte informado sobre los últimos grupos musicales cristianos no te valdrá más de lo que te vale informarte sobre los últimos resultados de la liga de fútbol.

Segundo: Todos los esfuerzos de salvación provienen del mundo. Las buenas obras, las polleras largas hasta los talones, las caras de profunda abnegación espiritual, los méritos religiosos, las experiencias espirituales y emocionales no te sirven absolutamente de nada.

La salvación no se construye de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo. Viene de regalo, de pura Gracia. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago 1:17).

Porque “Nos visitó desde lo alto la aurora” (Lucas 1:78). Entonces, ¿por qué buscar abajo lo que viene de lo alto? ¿Por qué esforzarnos en adquirir lo que ya nos regalaron?

Dice además la Palabra de Dios que debemos hacer lo bueno. “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29). ¡Oh, no! Yo he hecho muchas cosas malas. Lo reconozco. Íbamos bien hasta allí. Pero el hacer lo bueno, tal como a Dios le agrada no está en mi naturaleza carnal.

Pero eso nos vuelve otra vez al principio, debemos VIVIR en Cristo, esto es bajo su Gracia. Porque si estamos bajo su cobertura, cada vez que fallemos, abogado tenemos para con el Padre, quien está pronto a perdonarnos, mostrarnos el camino bueno y enseñarnos por medio del Espíritu Santo a hacer lo que es bueno.

“Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). Andar en luz es estar con Él quien nos dijo: “Yo soy la luz del mundo”.

Entonces, si permanecemos en Cristo, si lo reconocemos en todos nuestros caminos, si nos arrepentimos ante Él si fallamos, y nos fortalecemos en ÉL, tenemos la seguridad de que también reinaremos con Él cuando vuelva.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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Lámpara encendida

¡Cristo viene pronto! es algo más que una especie de slogan que se usa en los cultos. Para la Iglesia debe ser un motivo de profunda alegría pues espera, como una novia enamorada, al esposo que viene a llevarla para siempre con él.

Pero el enemigo quiere hacerlo parecer un simple eslogan haciéndonos pensar que hay mucha tardanza.

Pero lo que nosotros tenemos como tardanza es la paciencia de Dios, que es lento para la ira y grande en misericordia. Dios quiere que todos se salven, pero su juicio es ineludible, y vendrá como ladrón en la noche, porque así Él lo estableció.

Nadie sabe ni el día ni la hora, sólo Dios. Pero en su amor, Él nos previno que unas señales vendrían antes de ese glorioso día: rumores de guerra, hambrunas, terremotos, etc. y que actualmente vemos que están sucediendo. Por eso no debemos dormirnos, y velar.

La parábola de las diez vírgenes ilustra como les sucederá a aquellos que se duermen en los laureles. Las vírgenes eran niñas que esperaban la llegada del esposo en los días de bodas, con lámparas encendidas con aceite. Como él demoraba tanto, algunas dejaron de mantener sus lámparas encendidas y se dedicaron a otras cosas. Y de pronto, el novio llegó. Desesperadas las descuidadas pidieron a sus compañeras que les dieran de su aceite. Pero éstas, si lo hacían, se quedarían sin, así que aconsejaron que fueran a comprar más. Lo debieron haber estado haciendo, pero para entonces ya era tarde. Cuando llegaron, el novio ya había entrado con las otras a la boda y a ellas les dijo que no las conocía.

Cristo viene por su Iglesia, entonces el tiempo de la Gracia terminará. Por eso no debemos quedarnos y, aunque creamos que hay demora, mantener la llama de nuestra Fe encendida. Observa que si todas las vírgenes se hubieran olvidado de sus lámparas el novio las hubiera desechado a todas.

Las que no tenían aceite, no dice que estuvieran involucradas en cosas malas. Simplemente dejaron de tener en cuenta la prometida llegada del novio.

La Fe es personal, aunque la Iglesia esté trabajando muy bien y se realicen todas las actividades programadas, y al lado nuestro haya gente de gran Fe. Si nosotros personalmente no nos ocupamos de mantener nuestra lámpara encendida, nadie lo hará por nosotros.

Para mantener nuestras lámparas encendidas no debemos ir a comprar algún aceite como en la parábola. La Biblia nos dice: “Busca primero el reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido” Y así se mantendrá tu lámpara encendida y te irá bien mientras lo esperas.

Aunque estemos sumamente ocupados en hacer cosas buenas, no olvidemos nunca esperar siempre de Él. Entonces nuestra luz iluminará a otros y estaremos junto a Cristo cuando vuelva a buscarnos.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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