MDP Archivo 2005 Diciembre 05
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Hay luz, hay auxilio ¡Sé limpio! El Hijo eterno Pacto de Dios con David Libro Ester Crucigrama Solución del mes de noviembre La lengua es fuego
“…para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1: 77-79).
Hay luz, hay auxilio
Recuerdo vivamente, aunque han pasado varios años que una noticia desde Roma tocó mi corazón y me mantuvo inquieto durante muchos días: Un niño de seis años –Alfredo Rampi– había caído en un angosto pozo hondo de unos cuarenta o más metros. Pese a los desesperados esfuerzos de salvamento, no pudieron salvarlo. El niño murió después de algunos días.
En aquel tiempo, aunque vivía a mil kilómetros de Roma, durante las noches yo soñaba con aquel niño. A veces lo veía desde lejos, otras veces me confundía con él, sintiéndome apretado por todos lados, y viendo muy lejos y muy en alto, una pequeña luz…
En la Biblia, Zacarías el padre del Bautista canta: “Nos visitó desde lo alto la aurora”. Fíjese bien que esa aurora no quedó en lo alto, sino nos visitó ¡y logró salvarnos!
Jesucristo nos salva de nuestros pecados y de la condenación eterna.
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¡Sé limpio!
Soy israelita, soy leproso, ¡soy inmundo! He sido arrojado fuera del campamento (Números 5:2), aborrecido, despreciado. Soy menos que basura: nadie tiene compasión de mí. ¿Quieres comprenderme? Trata de imaginarte en mi lugar aunque sea por unos instantes. ¿Sabes algo de la soledad, del desamparo, de la falta de amor? ¿Te has encontrado alguna vez separado de tus seres queridos? ¿Sabes lo que es sentirse solo, abandonado, sucio, hambriento, sin una mirada de cariño, sin un gesto amistoso, sin alguien que te escuche y te consuele? ¡Sabes lo que es ver pasar los días sin esperanza, sin futuro? ¿Comprenderías lo que significa no poder aspirar a tener novia o esposa, no poder tomar un niño en tus brazos y reflejarte en su limpia mirada o recrearte en su cándida sonrisa?
Esto es morar en las tinieblas, vivir en oscuridad profunda; la mente es un caos, cada minuto un tormento; el dormir es tener pesadillas aun más horribles; y el despertar el comienzo de un nuevo suplicio.
Estoy podrido en vida, mi rostro está desfigurado, mi carne se cae a pedazos.... lentamente. ¿Quién tendrá compasión de mí? No me he vuelto loco porque hay algo que me sostiene…
De pequeño, cuando aún la enfermedad no había aflorado en mí, me encantaba sentarme a los pies de los escribas, de los maestros y gozarme en sus lecciones sobre nuestra ley, sobre aquel tremendo mandato: „Amarás a tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Recordaba la promesa de Dios a David: „Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas y afirmaré su reino” (2 Samuel 7:12-16).
Estos recuerdos asaltan mi mente con gran fuerza desde que comenzó a difundirse la fama de Jesús de Nazaret por toda la provincia alrededor de Galilea (Marcos 1:28).
Dicen que Juan el Bautista exclamó al verle: „¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). A cada instante llegan noticias: „Sanó a muchos enfermos de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios” (Marcos 1:34). ¿Será éste el Mesías?
Algo ha ocurrido dentro de mí: una esperanza ha comenzado a germinar en mi corazón. ¡Es él, creo que es él! Soy pecador, soy inmundo, pero he oído decir que en la sinagoga se le dio el libro del profeta Isaías y, habiéndolo abierto halló el lugar donde estaba escrito: „El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” …los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18- 21).
¡Indiscutiblemente es él! Todo mi ser se estremece, algo muy grande se ha despertado dentro de mí. Aunque las tinieblas me rodean, me cubren y tratan de sembrar en mí el pesimismo y la duda, vienen a mi mente recuerdos del libro de la ley: „Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron” (Jeremías 33:8). „He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isaías 43:19). ¡Oh, Jesús de Nazaret, pasa por aquí! ¡Oh, Jesús de Nazaret, ten piedad de mí! Pasan días, semanas, meses… Continúo aferrado a la esperanza y oro… ¿Me limpiará o continuaré muriendo lentamente de desesperanza y horror? Como Job, digo: „Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; mi piel hendida y abominable” (Job 7:5).
„Hablaré en la angustia de mi espíritu, y me quejaré con la amargura de mi alma” (Job 7:11). „Me asustas con sueños y me aterras con visiones. Y así mi alma tuvo por mejor la estrangulación, y quiso la muerte más que mis huesos” (Job 7:14-15). „He aquí, aunque él me matare, en él esperaré” (Job 13:15). ¡Sí, sí, en él esperaré!
Oigo pasos de mucha gente.... gritos, peticiones, clamores… Alguien grita: ¡“Ha llegado Jesús de Nazaret”! ¡“El maestro está aquí”! Corro confiado en las fuerzas que aún me quedan; pero, para sorpresa mía, una nueva fuerza me impulsa más rápidamente, mi corazón late tan deprisa y violentamente.... De pronto lo veo ante mí, me postro a sus pies, y digo: „Si quieres, puedes limpiarme”. Él fija sus ojos en mí y me envuelve una ola de ternura. Bajo el rostro y espero, anhelante. Escucho una voz inconfundible, y una mano me toca la frente: „Quiero, sé limpio”. Levanto mis ojos y veo los suyos: ¡Qué luz! ¡Qué mirada! ¡Qué amor tan grande!
Veo mis manos, toco mi cuerpo… todo está limpio… ¡Qué gozo! ¡Qué dulzura!
Pero, aun más que mi cuerpo, sé que también ha limpiado mi alma y la ha llenado de su luz… Su paz.
¡Bendito seas por siempre, mi Señor!
M. A. Motta, En la Calle Recta n°195
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El Hijo eterno
La Historia está llena de personajes importantes. Emperadores y monarcas, generales y conquistadores, artistas e inventores. Todos ellos han influido en la vida de la Humanidad. Todos ellos han dejado sus huellas y han aportado o derribado algo. Pero de ellos también puede decirse que, aunque sus obras hayan perdurado, ellos no son más que un lejano recuerdo. La vida humana tiene su principio y su fin, es limitada y no puede extenderse más allá del término que le está destinado.
Tal vez también te lo hayas preguntado tú: ¿No hay nadie que pueda traspasar los límites del tiempo y cuya existencia escape de las fronteras de lo finito?
En el principio
La Biblia nos responde de este modo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). En otro lugar dice: “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por todos los siglos” (Hebreos 13:8). Lo que esto significa es claro y evidente. “El principio” es la frontera del tiempo. Cuando el tiempo y el espacio comenzaron a existir, ya existía el Verbo, es decir, la Palabra viva de Dios, el Logos, Aquel que en el transcurrir de la Historia se haría hombre y se llamaría Jesús. Esta Palabra viva de Dios, que también es llamada en la Biblia Hijo de Dios, es Aquel que adoptó una naturaleza humana y nació de una virgen de la tribu de Judá llamada María. Nació en Belén hace 2000 años. Su nacimiento es el punto culminante de la Historia. Significó la venida directa, visible y humanada de Dios en el mundo en que vivimos.
Incomprensible
Acabo de decir en pocas palabras que aquel Jesús era Dios y era hombre, ambas cosas a un tiempo. Algo único, incomprensible e irrepetible. Jesús de Nazaret, el Cristo, es Dios mismo. Esto es lo que significa esa profunda afirmación: “En el principio era el Verbo, y el verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Juan 5:20).
¿Quién puede rechazar la gran verdad de que Jesucristo es Dios?; ¿quién puede oponerse a la fuerza de la Verdad sin incurrir en grave rebeldía contra Dios? Deseo, amigo, que no seas tú, porque negarlo significa condenación, y afirmarlo salvación.
Sin límites
Podemos ya decir que hay Uno que no tiene limites. Su vida es eterna. Antes de que el tiempo fuera creado, Él ya existía. Antes que el universo adquiriese forma y que cualquier clase de vida apareciese en el mismo, Él ya existía. El hijo de Dios, el Cristo, es la imagen misma de la sustancia divina, es Dios de Dios y, por tanto, eterno. Antes de hacerse hombre, ya existía. Su nacimiento en Belén no fue el principio de su existencia. Fue el principio de su humillación voluntaria. Pero también la demostración más gloriosa de lo que nuestro Dios es capaz de hacer por amor al pecador. Existir antes de nacer, y vivir después de morir, es prerrogativa exclusiva de Dios. Sin principio ni fin, porque Él mismo es el principio y fin de todas las cosas, el alfa y la omega, el Eterno. En este círculo sin interrupción que es la eternidad, Dios es el todo.
Herencia inútil
Amigo, puede ser que tus ideas acerca de Dios no sean sino herencia inútil, puede ser que el Cristo que tú conoces sólo sea la imagen patética de un crucifijo. Quiero decirte que no es así. El que tú siempre contemplas clavado en una cruz sólo estuvo en esa cruz lo preciso para entregar su vida humana, en un acto de amor abnegado. Pero su espíritu era eterno. Vivía antes de hacerse hombre, y seguía viviendo después de morir como tal hombre. Y ahora vive, y está cerca de ti. Si conocieras al Dios verdadero, el que se ha manifestado en la persona adorable de Jesucristo, comprobarías que la fe cristiana es algo vivo y glorioso. Si amares con todo tu corazón al Dios que te ha creado y que te ha de juzgar, tu vida cambiaría. Tendría un propósito. Serviría para dar honor y gloria al Eterno, al siempre existente, que es, ha sido y será por todas las edades. Conócelo en la Biblia.
Ricardo Cerni, El Heraldo del Pueblo (abreviado)
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Pacto de Dios con David
Reflexiones sobre el Salmo 89
Este Salmo además de ratificar el Pacto de Dios con David, lo explica claramente a propios y extraños a la fe cristiana, y sobre todo nos reafirma ahora a los cristianos de nuestro tiempo el „provecho“ o „beneficio“ que tenemos, pues este Pacto Davídico nos asegura el derecho a recibir las cuatro promesas que Dios le hizo a David, con sólo aceptar las palabras de Jesucristo.
“Jehová te hace saber que él te hará casa. …yo levantaré después de ti a uno de tu linaje… yo afirmaré para siempre el trono de su reino… le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo lo castigaré…” (2Samuel 7:8-14).
Como cristianos sabemos que este Pacto va más allá de los reinados de David y Salomón; y que llega hasta nuestros días: “Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para siempre; y tú, oh, Jehová, serás para siempre su Dios” (7:24).
Estas profecías nos llevan de la mano al versículo 27 del Salmo 89: “Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”. Esta expresión “el más excelso…” nombra sin decirlo e Emanuel, de quien leemos en Isaías 7:14: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.
El juramento hecho por Dios a David, en el que se basa este Pacto originado por la misericordia del Padre Celestial hacia su pueblo, se muestra en los versículos 1-4 de este Salmo: “Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones.”
El poder y la bondad de este Pacto es motivo de glorificación a Jehová, como lo vemos en los versículos 5-18: “Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová… ¿Quién como tú?…”
Los versículos 30-32 nos advierten el peligro que causa la rebelión de los descendientes de David, la cual castigará Jehová: “Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades”. Ciertamente este castigo históricamente ya sucedió con la división del reino davídico provocado por la rebelión de Jeroboam (1Reyes 11:26-36), y su ascensión al trono de Israel (1Reyes 12:16-20), y más tarde con cautividad. – ¿Cuánto más castigo no recibirán los que todavía desoyen las enseñanzas de Jesús?
A partir del versículo 38 hasta su terminación el Salmo 89 recoge las súplicas del resto o remanente del pueblo leal a Dios (Isaías 1:9) “Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra”.
Por ello, la enseñanza que sacamos ahora los cristianos de este Pacto es que el glorificar a Jesús, descendiente de David, nos garantiza y asegura ser receptores todavía en este tiempo “moderno” de los beneficios del juramento por medio del que Dios hace más de 3.000 años prometió el bien a su siervo David (2Samuel 7:28).
Fernando Torres
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Libro Ester
En este libro el nombre de Dios no aparece ni una sola vez, sin embargo, no hay otro libro de la Biblia donde la Divina Providencia sea más sobresaliente y más determinante para salvar vidas humanas. La importancia de este libro radica en su testimonio referente a la protección no expresada, pero ciertamente realizada por Dios sobre el disperso pueblo de Israel. Pueblo realmente testarudo y rebelde sin causa contra el amor de Dios. Pueblo del que solamente un pequeño grupo regresó a Jerusalén, prefiriendo la mayoría la vida fácil y lucrativa que estaban disfrutando bajo el dominio de los persas en la tierra del cautiverio. No obstante y a pesar de la defraudación recibida, Dios no los abandonó, y este libro demuestra fehacientemente la protección que Dios brindó a Su Israel mediante una bellísima joven judía, sobrina y pupila de Mardoqueo de la tribu de Benjamín, la cual se casó con el rey persa Asuero, conocido también como Jerjes. Ella descubre el siniestro plan ideado por el amalecita Amán, primer ministro del imperio, cuyo propósito era exterminar a los judíos (Cap. 3:13). Finalmente Amán fue ahorcado; y luego, a filo de espada, los judíos mataron a todos sus enemigos (Cap. 9:5). Estos hechos dieron lugar a la creación de la fiesta de Purim (plural de “Pur”, que en el idioma acadio significa “Suerte”, Cap. 9:24), celebrada los días 14 y 15 del mes de Adar (entre Febrero y Marzo).
Los hechos narrados pueden interpretarse como una enseñanza acerca del poder de Dios y Su infinito amor, así como de la fuerza con que el Señor cambia los designios humanos, por firmes, inmodificables y definitivos que éstos parezcan.
Este libro puede dividirse en siete partes principales, a saber:
1. La historia de Vasti, 1:1-22.
2. Ester es proclamada reina, 2:1-15.
3. La conspiración de Amán, 3:1-15.
4. La valentía de Ester da cómo resultado la liberación del pueblo israelita, 4:1-7:10.
5. La venganza, 8:1-9,19.
6. La fiesta de Purim, 9:20-32.
7. Epílogo, 10:1-3.
Fernando Torres
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Crucigrama
Horizontal:
4. Amor, fiestas de amor 6. Levita a cargo de la música 8. Descendiente de Jacob 9. Un ser celestial 10. Cajón donde comen las bestias 12. Símbolo de la fe 13. Servidor 15. Localidad donde nació Jesucristo 16. Infección crónica, epidemia histórica 18. El calumniador 19. Palestina
Vertical:
1. Primer día de la semana 2. Contrario de duradero 3. Lugar donde crucificaron a Jc. 5. Segundo hijo de Adán 7. Padre, en arameo 11. Colección de las sagradas Escrituras 12. Centurión romano 14. Favor inmerecido 17. Ciudad babilónica, capital persa
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Solución del mes de noviembre
Palabra repetida:
RECONOCER
Frase de solución:
ANULO EL ACTA DE LOS DECRETOS QUE HABIA CONTRA NOSOTROS QUE NOS ERA CONTRARIA QUITANDOLA DE EN MEDIO Y CLAVANDOLA EN LA CRUZ
Referencia bíblica:
Colosenses cap.2, vers.14
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Repensando el tema de la edición de octubre:
La lengua es fuego
Santiago 3:5 dice que “la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!”
Leer este pasaje me hizo recordar unos terribles incendios que se produjeron en las sierras de Córdoba, Argentina. Al parecer, todo comenzó con una pequeña fogata que unos lugareños hicieron imprudentemente a la orilla del camino.
El problema fue el viento que luego dispersó las llamas hacia el pasto seco de las sierras. Las imágenes de la TV mostraban a los bomberos luchando contra las llamas a riesgo de sus propias vidas y a los helicópteros arrojando agua sin que nada pareciera detener el fuego que avanzaba con seguridad hacia un importante centro turístico de las sierras. Era aterrador ver como unos hermosos bosques eran consumidos como nada.
Entonces me di cuenta por qué el Señor utilizó esta imagen para mostrarnos el daño que puede causar una lengua sin control. “La lengua es fuego”.
Dios pone mucho énfasis en la lengua porque es el miembro con el que más daño podemos producir y de manera más fácil usamos sin darnos cuenta.
Nadie anda por ahí caminando propinando golpes de puños a los transeúntes, si lo hace es un loco, y seguramente pronto lo detendrán. Nosotros cuidamos nuestros miembros, por ejemplo, en un colectivo tratando de no pisar a nadie al bajarnos. Pero qué fácil que resulta usar la lengua y hacer un daño a veces peor, en los demás, que lo que le hubiéramos hecho sin querer con un golpe o un pisotón.
Por eso el Señor nos dice que cuidemos nuestra lengua. Tenemos libre albedrío y el Señor no puede dominarla; depende de nosotros.
Hay un caso de incendio del que, lamentablemente, muchos cristianos son culpables. Al igual que el fuego en las sierras es expandido por el viento, el chisme es el peor de los vientos ante el fuego de la lengua.
Pero hay algo peor que el viento. Pues si no hubiera pasto seco hacia a donde llevar las llamas, el incendio se apagaría rápido. Y en el caso del chisme, el pasto seco son los oídos prestos a escuchar cualquier “novedad” que ande circulando por ahí. ¡Qué incendio tan grande se puede provocar con viento y pasto seco! Ministerios enteros han estado a punto de consumirse por este fuego.
Amigo/a, si sabes que hay quienes tienen lenguas de fuego, no seas para ellos viento y ni mucho menos pasto seco, prestándoles tus oídos.
Recuerda que el Señor dice: en 1Pedro 3:10: “...el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño”. Y a los pastos secos dice: “mirad lo que oís” (Marcos 4:24).
¡Dios te bendiga!
Hugo Alberto Díaz
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