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MDP Archivo 2006 Abril 06

Mensaje de Paz
Edición de abril de 2006
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Índice
Lo hizo por ti
¿Viviente o doliente?
Proverbios
¿Bajo la Ley o la Gracia?
Recuerdos de Edén
Solución de la sopa de letras de marzo
Alguien fue condenado en tu lugar


Nuestro Salvador Jesucristo quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio (2Timoteo 1:10).

Lo hizo por ti

¿Recuerdan ustedes cómo Adán y Eva comieron del fruto del cual Dios les había dicho no comieran? Esa fue la primera vez en que el pecado entró en su corazón, y en ese mismo momento les fue cambiado su cuerpo para que se hicieran viejos y murieran. Y todo lo que había en el mundo fue diferente; espinas y cardos crecieron por todas partes; animales como los leones y los tigres sintieron el deseo de comerse a otros animales. Todas esas cosas raras sucedieron porque Adán y Eva habían pecado. Pero lo peor de todo es que Dios decidió que Adán y Eva vivieran lejos de Él y pasaran la eternidad en el Infierno.

No olviden jamás que Dios amaba a Adán y a Eva, así como los ama a ustedes; y ustedes han pecado tanto como Adán y Eva. Ya que Dios ama a todos los hombres, decidió castigar a Jesús en lugar de todos nosotros.

Ustedes o yo no podríamos ser castigados por los pecados de otro, porque nosotros tenemos pecado propio que merece el castigo. Pero Jesús, el Hijo de Dios, nunca pecó. Él era el único nacido en este mundo que podía morir por el pecado de los demás. Y así lo hizo.

¿Saben ustedes cómo murió Jesús? Murió clavado en una cruz. Sufrió mucho porque los clavos traspasaron sus manos y sus pies. Pero Jesús tuvo un dolor mayor que el de los clavos. No podemos imaginarnos cuánto sufrió Jesús, pero sabemos que por primera vez el Dios Padre apartó su rostro de su Hijo, y el Señor Jesús se quedó en las tinieblas lejos de Dios. ¡Piensen en eso! Jesús, que no tenía ninguna necesidad de sufrir o de morir, quiso sufrir y morir por ustedes.

Y ahora los pecados de ustedes pueden ser perdonados. Y todo el que quiera ser salvo puede tener ese mismo perdón. Si ustedes le dicen a Dios que aceptan a Jesús que murió en su lugar, Dios está dispuesto a perdonarlos.

Hace unos cien años, cuando los soldados no hacían lo que los oficiales les ordenaban, eran azotados cruelmente hasta que sus espaldas sangraban. Un día los soldados que ocupaban una de las tiendas de campaña robaron dinero a los soldados de la tienda del lado. Nadie quiso decir quién entre ellos había robado. Así que los oficiales les dijeron que los azotarían a todos.

Uno de los soldados se adelantó y dijo: “Castíguenme a mí para que los demás no tengan que ser castigados.”

El oficial se puso muy triste porque estaba seguro de que aquel muchacho no había robado el dinero. Pero al fin se decidió a azotarlo. Lo amarraron a un árbol y le quitaron la camisa. El primer latigazo cayó sobre las espaldas del muchacho y le hizo la primera herida pero no gritó. Recibió el segundo latigazo y en su carne se abrió otra herida. Recibió todavía un tercer latigazo, y entonces uno de los soldados, el que había robado el dinero, dio un paso al frente y dijo: “¡Dejen ya de azotarlo! Yo robé el dinero. No lo azoten más. Azótenme a mí en su lugar.

Pero el muchacho respondió: “No, él ya me ha azotado y no te puede azotar a ti ahora. Yo he recibido los azotes que tú debías haber recibido.”

Y fue así que no azotaron al soldado que había robado el dinero.

Tal vez este relato les ayude a entender cómo fue que el Señor Jesucristo, el que hizo el Cielo, la tierra y a todos nosotros, vino a este mundo y fue castigado para que ustedes y yo quedáramos libres.

Ahora ¿creen ustedes, que sus pecados les son perdonados?

¿Le han dado gracias a Jesús por haber muerto por ustedes?

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¿Viviente o doliente?

Yo me consideraba cristiano, aunque estaba metido en el espiritismo. Hice misas a mis familiares, era fiel devoto de San Lázaro. Aquí en Cuba se le tiene, no respeto, sino miedo. Yo iba todos los 17 de diciembre, el día de San Lázaro, a la iglesia de Rincón, y lo que se ve en el peregrinaje es desagradable, ya que se ven personas llevando grandes piedras atadas a sus pies con cadenas que arrastran hasta la iglesia, personas caminando de rodillas con llagas en las mismas y ensangrentadas etc. etc. La Biblia, Palabra de Dios, no habla de tales promesas o sacrificios.

Cuando uno entra en la iglesia hay un tremendo problema para el devoto, ya que en la parte izquierda se encuentra una estatua de Lázaro el Milagroso; en lo que se conoce como el altar mayor hay una estatua con apariencia de anciano y una vara de pastor vestido de morado, según la iglesia es Lázaro Obispo; y en la parte derecha del templo está la tradicional estatua del anciano con muletas y lleno de llagas como Lázaro el mendigo. ¿A cuál de los tres tiene que pagar el devoto su promesa?

La Biblia no habla de ningún Lázaro obispo y mucho menos milagrero. Habla de un Lázaro amigo del Señor, que Jesús resucitó. Y Jesús les dijo muy claro a sus discípulos que era para la gloria de Dios, y que el Hijo de Dios sea glorificado. No dan gloria ninguna a Lázaro su amigo, ni al otro Lázaro pobre y mendigo; éste fue al seno de Abraham, y en ninguna manera dice la Biblia que ellos son intercesores. (1Tim 2:5)

Un día por primera vez leí personalmente algo de la Biblia. Una joven, la cual hoy es mi esposa, me regaló el Evangelio según Marcos. Ella era muy devota, era del coro de su parroquia y catequista. Al leer el Evangelio me chocó mucho. Yo estaba acostumbrado a ver a un Cristo dolorido y extremadamente débil. Pero al leer vi que Jesús reprende a sus discípulos por su poca fe. Terminé de leer el Evangelio y estas fueron mis palabras a mi amiga: „Aquí te devuelvo tu librito”. Ella me preguntó que si lo había leído completo, pues me lo había leído muy rápido, y qué me parecía. Yo le contesté:

„Muy mal, pues me deforma la imagen de Jesucristo por completo, ya que trataba muy ruda y ásperamente a sus discípulos, y en el capítulo 7, cómo trata a sus enemigos, y en el 11:15-19 cuando entró en el templo”. Por eso le dije: „Lo que yo tenía en mi mente no es lo que decía la Biblia de Jesús, ni los cuadros pintados lo expresan así”. Después de estos hechos mi madre recibió la Palabra de Dios y se convirtió al Dios vivo, al Dios de Israel. Yo comencé a leer el Nuevo Testamento para rebatirle su fe y terminé aceptando a Jesús como mi único y perfecto Salvador. Ahora sirvo al Señor Jesús en Su obra.

Hay algo que me sorprende en relación con los espiritistas. Cuando comienzan una sesión de hechicería se echan agua que dicen ser bendita, y velas que han sido puestas en una iglesia, y mandan que hagan misas con un sacerdote. ¿Cuál es la conexión entre ellos?

No olvidemos que está escrito en la Biblia:

„No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos” (Deum 18:10,11).

Espero que mi testimonio le sea de ayuda. Deseo que usted pueda vivir y gozar de la salvación que nos ofrece nuestro Dios y Señor. Sigamos el consejo que Pablo le da a Tito:”... aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2:13,14).

La paz sea con todos. SHALOM.

Abreviado, de EN LA CALLE RECTA N° 188

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Biblia XXI

Proverbios

Este libro pertenece al género poético y muestra la sabiduría divina ante situaciones concretas del cristiano y del ateo, como son: las relaciones familiares y los negocios, así como enseña a comportarse ante la sociedad de cualquier tiempo, ya que la enseñanza impartida, siendo esencialmente práctica, es también fundamentalmente religiosa, pues se basa en el respeto y obediencia a Dios, como vemos en 1:7: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”, lo cual significa que la sabiduría realmente cierta es la que se fundamenta en la obediencia a Dios y la práctica de hacer el bien sin mirar a quien, de conformidad con la suprema voluntad divina, como se cita en 31:8-9: “Abre tu boca a favor del mudo en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del pobre y del menesteroso.”

Este tratado se compone de 31 dichos sentenciosos que han sido coleccionados o escritos entre 971 y 940 antes de Cristo, e imparten consejos de carácter moral para la enseñanza de virtudes como el dominio propio, la humildad, la paciencia, la consideración a los pobres, la lealtad a los amigos y el comportamiento ante los superiores y gobernantes; y tienen la ventaja de poder ser recordados con facilidad, porque su exposición es breve y concisa. En los primeros nueve capítulos se elogia la sabiduría de Dios, por medio de la cual fue creado el universo. El último pasaje es una alabanza a la mujer honrada y hacendosa.

En 1:1, 10:1 y 25:1 se determina que Salomón es el autor de los dichos y refranes de este libro; sin embargo, en 22:17 y 24:23 se afirma que sus autores fueron “los sabios”, aunque no especifica sus nombres. Igualmente en 30:1 se cita a Agur como autor de este capítulo, y 31:1 a la madre de Lemuel como autora de los versículos 1 al 9 del propio capítulo. Comúnmente se le llama a este libro “Proverbios de Salomón”, pues bajo su dirección se recopilaron y ordenaron los poemas, adagios y refranes que como fruto de la sabiduría del Divino Espíritu se habían diseminado entre la población, quizás durante muchos siglos antes (Ec 12:9).

El texto puede dividirse en seis partes que son:

I. Los hijos; caps. 1-7

II. La alabanza de la sabiduría; caps. 8-10

III. La locura del pecado; caps. 10-19

IV. amonestación e instrucción; caps. 20-29

V. La profecía de Agur; cap. 30

VI. La profecía de la madre de Lemuel; cap. 31

Fernando Torres

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¿Bajo la Ley o la Gracia?

En la teoría de la ciencia del Derecho se dice que el Derecho es tal por el solo hecho de haber sido sancionado por el legislador y estar respaldado por la fuerza pública; no importa que se adecue o no a la moral vigente en esa sociedad; mejor si ello ocurre, pero si no es así lo mismo es Derecho.

La ley es la fuente primera y fundamental del derecho.

Se llama ley a toda disposición sancionada por el Poder Legislativo. La obligatoriedad es la esencia de la ley; para asegurar su cumplimiento y real vigencia contiene siempre una sanción para el que la viole.

Si, amigos, estamos de acuerdo en que debemos cumplir las leyes. Toda ley contiene en si misma un castigo para el que no la cumpla así que no hay excepciones.

En las épocas del Antiguo Testamento, antes que naciera Jesús, Dios había hablado a través del profeta Moisés en el libro del Deuteronomio, capítulo 28 (Pacto Palestino) que si los hombres desobedecían las leyes de Dios habría serias consecuencias contra los pecadores.

Y ya desde Adán y Eva el hombre está bajo la condenación de la ley que dice: “la paga del pecado es muerte”.

Cuando era adolescente ese conocimiento hizo sentirme en un vacío espiritual que creí poder llenar mediante la confesión de pecados en secreto en una parroquia, ante una celosía, detrás de la cual sabía que habría un cura escuchándome piadosamente.

Rezando unas cuantas oraciones, pensaba, podría hacerme sentir a salvo de esa ley impugnable. Hice la cola ante el lugar donde el cura confesaba, le conté todos mis pecados, me dio una lista larga de oraciones para repetir y cuando iba caminando hacia los bancos para hacer mis oraciones, vi que él se asomó tras la cortina, bordó para espiarme. En ese momento me sentí herido en mi credulidad de la confesión secreta y me di cuenta de que él era solo un hombre.

Si, la ley es inquebrantable y el castigo por no cumplirla durísimo, y los hombres no podrían librarme de ella.

Pero cuando conocí a Jesús y lo acepté como salvador personal en mi vida, descubrí que la ley ya no tenía poder sobre mí. Que mis pecados podía confesárselos a Cristo directamente en oración y que Él, al haber sido tentado de la misma manera que yo podía entenderme y además ¡es el único que tiene el verdadero poder de perdonarlos!

Pero la ley contra el pecado es inquebrantable y Jesús no vino para abrogarla. En sus propias palabras: “No penséis que he venido para abrogar la Ley o los profetas, no he venido para abrogar, sino para cumplir” Mateo 5:17.

“Porque el fin de la ley es Cristo para justicia a todo aquel que cree” Romanos 10:4. Esto no significa que Cristo haya hecho que la Ley deje de existir. Sino que “por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Romanos 3:20.

“Pero ahora, aparte de la Ley se ha manifestado la justicia de Dios por medio de la Fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él”. Romanos 21-22.

Así que si creemos en la obra redentora de Cristo y lo aceptamos en nuestros corazones, abogado tenemos ante Dios y ¡somos salvos de todo pecado por medio de aquel que cumplió toda la ley en lugar nuestro!

Y ya no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. Amigo/a, ¡oro para que el Señor Jesús reine en tu vida como tu salvador y ya no andes más angustiado por la carga de la ley, sino que vivas en la hermosa libertad que es en Cristo Jesús, Señor nuestro!

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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Recuerdos de Edén

Edén, triste fin para el recuerdo humano,
vivencias rotas que frustró el pecado
en los albores de la Creación…

“No moriréis”, creísteis al engaño.
Con Eva diste un paso hacia la muerte,
pero ya tarde, tuviste que esconderte
tras “delantales” de hojas de aquel árbol.

Dios te llamó en tu fracaso y miedo,
mas no lloraste ni le hiciste ruego
por aquel acto de auténtica locura,
cavaste para nosotros sepultura
volviéndonos al polvo de este suelo…

Bajó el Cristo del Cielo
a reparar lo que rompió el primero.
Con su muerte, en una cruz clavado,
habló también de un Paraíso preparado
para todo el que acepte este Cordero
que Dios con tanto amor nos ha enviado.
“¡Sí, viviréis”, el Cristo nos promete:
“Porque yo vivo”, esa es su promesa
que por los siglos eternos permanece.

Lisardo Uría Árribe

en El Heraldo del Pueblo n° 206

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Solución de la sopa de letras de marzo

AHORA ME GOZO EN LO QUE PADEZCO POR VOSOTROS Y CUMPLO EN MI CARNE LO QUE FALTA DE LAS AFLICCIONES DE CRISTO POR SU CUERPO QUE ES LA IGLESIA (Colosenses 1:24).

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Alguien fue condenado en tu lugar

Muchos Juicios que han tenido trascendencia mundial, han gozado de todas las garantías, deberes y derechos tanto para los acusadores, como para los acusados. Lo cual, para muchos, es muestra clara de la correcta justicia que puede ejercer el hombre.

Sin embargo la Biblia es enfática en decirnos que “El camino del hombre es torcido y extraño” y aún más, “Todo camino del hombre es recto en su opinión…”, lo cual no da muchas garantías a un juicio justo.

Muestra de ello fueron las ilegalidades en el juicio a nuestro Señor Jesucristo. Aquí encontramos violados todos los principios reconocidos en los procedimientos judiciales. En los cargos presentados a Pilato contra Jesús nunca mencionaron la blasfemia, y fue por esto por lo que, le condenó el Sanedrín (tribunal). Tampoco fue llamado testigo alguno que depusiera en favor de Jesús. Pilato no halló en la primera entrevista causa alguna contra él, pero, a pesar de ello, lo pasó a Herodes Antipas. Tampoco éste halló nada que fuera digno de muerte. Pilato le halló inocente la segunda vez; sin embargo, lo entregó a los acusadores. A Jesús no le fue concedida protección alguna contra las iniquidades de la turba, y fue arrojado de un oficial a otro con una precipitación inexcusable. Finalmente fue llevado rápidamente del patio del palacio de Pilato al lugar donde debía ser crucificado. Todo el proceso constituye una de las parodias más desgraciadas que se han realizado en toda la historia de la humanidad, en lo que respecta a la justicia humana. Por fin los enemigos de Jesús habían conseguido su propósito (Marcos 15:16-19; Mateo 27:27-30), y podían proceder a darle muerte. Ahora podían hacer con él lo que quisieran. Las pasiones viles estaban desatadas y la escena que siguió es rechazada con horror por todas las personas decentes. En aquellos días a los brutales soldados romanos se les permitía abusar del reo cuando éste iba a ser pronto crucificado. Despojado de sus ropas, con las manos atadas y su espalda descubierta, Jesús fue azotado. Una vez azotado, le dijeron las peores burlas que se pueden decir a un hombre. Sobre el cuerpo lacerado le pusieron una túnica y sobre su cabeza le ajustaron groseramente una corona de espinas. En su mano derecha colocaron una caña y le hicieron objeto de ofensas públicas.

¿Cuán a menudo te sientes inútil, al observar las injusticias que el hombre realiza en este mundo?, pero en el caso de Jesucristo, Él no espera que los hombres hagamos justicia al respecto. Cristo sufrió y murió, conforme a las Escrituras, para obedecer la voluntad de Su Padre, el cual quiere que todos (incluido tú), procedan al arrepentimiento. Dios quiere darte vida y vida en abundancia. Él quiere darte vida eterna y no quiere que cuestiones las injusticias que cometieron con Jesús, sino, quiere que reconozcas que todo lo que Jesús sufrió, fue por amor, porque te ama y desea el bienestar para tu vida, y Juan el apóstol resume gloriosamente esto: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16).

Luis Leiva Zurita

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