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MDP Archivo 2006 Jul/Ago 06

Mensaje de Paz
Edición de julio / agosto de 2006
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Índice
Sólo el anticristo logrará establecer la paz mundial…
¿Cuál es la política de tu corazón?
Cuando la tolerancia es pecado
Isaías
El cristiano y su responsabilidad pública
¿Bendición o desgracia?


Sólo el anticristo logrará establecer la paz mundial…

Nuestro corazón anhela la paz.

Muchas veces olvidamos que por  naturaleza somos pecadores, enemigos de Dios. Nos rebelamos contra Él y perdimos el paraíso; estamos sin Dios y sin la paz.

Naturalmente, buscar la paz con el prójimo siempre es una actitud muy noble; mejora enormemente la calidad de la vida –si el otro también busca la paz. Pero esa pacificación es parcial y limitada. Vivimos en este cuerpo y mundo de pecado. No hay paz para el impío, dice el Señor.

No hay que sorprenderse que este mundo sediento de paz sea vulnerable a cualquier engañador que prometa paz. En realidad la Biblia dice que alguien logrará establecer la paz mundial, con fuerza y poder, pero ese alguien será el anticristo. “Cuando digan: ‘Paz y seguridad’, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:3).

La oferta de Jesucristo se dirige al corazón creyente, no al mundo: “La Paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo… En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis (Juan 14:1-3,27).

Cada creyente tiene ya ahora esta seguridad de la vida eterna.

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¿Cuál es la política de tu corazón?

Muchas personas critican la política de su país, o participan en ella, pero sin tener un concepto claro sobre la “política” –o el gobierno– de su propio corazón; ¡es una pena!

Amigo lector, me permito hacerte una pregunta indiscreta: ¿Cuál es tu programa de gobierno sobre tu personalidad y tus emociones, tus facultades y defectos? ¿Cómo quieres administrar tu tiempo y tus posesiones? ¿Y dónde proyectas pasar la eternidad?

Muchos se meten en asuntos públicos y juzgan sobre cuestiones ajenas, a pesar de que no tienen idea alguna de la voluntad de Dios en lo personal. La consecuencia de esa ignorancia –o descuido– es que en vez de promover el bienestar, causan dolores y desastres.

Me da mucho miedo ver a hombres casados que tiempo atrás decían: “niña, te quiero mucho”, y ahora son duros con su esposa; consejeros matrimoniales divorciados; gobernadores que roban; “pacificadores” armados; padres drogadictos, dirigentes alcoholizados, pedagogos que viven en la inmoralidad, o sencillamente a mi estimado lector que quizá no tiene la conciencia tranquila y no tiene paz con Dios.

Querido amigo, no trato de acusarte, sino te invito a que apliques en tu corazón la “política” de Jesucristo que dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” ¡Cuánto contrasta el corazón de Él con todos los demás corazones! La Escritura dice: “Engañoso es el corazón (del pecador) más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Para salir de esa condición, te incito a que no descuides la llamada del Señor: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…”

En la política sucede con frecuencia –y es muy feo– que sus “actores” conscientemente toman decisiones contrarias al bien del pueblo, por seguir el interés propio o de algún grupo. ¡Pero cuidado, esto no debe suceder en los asuntos de tu corazón! Estate consciente de que tu orgullo no está dispuesto a ser quebrantado y por eso querrá impedir que te arrepientas de tus pecados. Quizá el grupito de tus más próximos se reiría de ti si empezaras a leer, orar y asistir a una iglesia. Y sobre todo el gran tirano Satanás te amenaza con sanciones si dejas de ser su aliado, entregando tu vida a Jesucristo. Pero tú, en tu corazón, sabes que sería justo confesar a Jesucristo todos tus pecados y entregarle completamente tu vida. – Y ahora, ¿cuál será la política de tu corazón? ¿Vas a ceder a lo malo, o procederás hacia lo bueno?

Mi sugerencia personal para ti es que tranquilamente y con profunda conciencia des los siguientes pasos:

1.  Reconoce que eres pecador.

2.  Disponte a dejar el pecado (así se manifiesta tu verdadero arrepentimiento).

3.  Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucitó de entre los muertos; y que por medio de Su victoria, venció a Satanás, librando y perdonando a todos los que en Él creen.

4.  En oración pídele a Jesús que entre en tu vida y sea tu Salvador y tu Señor.
Tu oración podría ser la siguiente: “Dios mío, yo soy pecador y necesito tu perdón. Me arrepiento de haber vivido lejos de Ti. Ahora creo que Jesucristo derramó su sangre preciosa y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón como mi Salvador, y le entrego mi vida para seguir Su voluntad. Amén.”
Si has recibido ahora a Jesús como tu Salvador, acabas de comenzar una vida nueva y maravillosa con Él.

5.  Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Jesucristo.

6.  Habla con Dios, orando todos los días.

7.  Reúnete, adora y sirve con otros cristianos en una iglesia local donde Jesucristo sea predicado y la Biblia sea la suprema autoridad.

8.  Habla de Jesucristo a los demás.

Te felicitamos por haber optado por la “política bíblica”. A partir de ahora el Señor Jesucristo es tu jefe; pídele entonces que tú puedas ser un administrador fiel. – ¡Nos veremos en Su reino eterno de paz y felicidad!

Juan

Citas bíblicas: Jeremías 17:9; Mateo 11:28-29; 25:21; Marcos 1:15; 2Corintios 4:2; Colosenses 1: 13-14

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Cuando la tolerancia es pecado

La tolerancia, la que puede ser una virtud, también puede ser una traición producida por una cobarde e inexcusable debilidad de carácter. Cuando no hay ningún principio en juego podemos apreciar a alguien que sabe tolerar las diferencias, puesto que tal actitud permite una amplia gama de opiniones, de métodos y la diversidad de puntos de vista sin importancia. – ¡Nadie se expone al martirio por bagatelas!

Pero existe otra clase de tolerancia, francamente insostenible: Es la que se calla cuando el Nombre de Dios es blasfemado y Cristo deshonrado. Aquí surge el silencio engañoso, cuando la Verdad está en juego y se rehúsa rebelarse contra el mal. Tal tolerancia, que soporta el engaño y la injusticia, es un pecado. Los que declaran que Jesucristo fue siempre tolerante debieran tomarse el trabajo de leer Mateo 23, que contiene una fulminante condenación de la hipocresía. Leyendo Apoc. 2:1-20, vemos como el Señor reprende a la iglesia de Tiatira porque toleraba a una pretendida profetisa llamada Jezabel. Y Pablo y Juan no eran nada tolerantes frente al mal, llegando incluso a dar nombres de culpables, lo que hoy sería inadmisible aun en los medios evangélicos. (1Tim 1:20; 3a Jn9)

Antiguamente los creyentes morían por la Verdad. Hoy, en nuestro país, ya no hay mártires, sino que se busca la popularidad, de la que salen los falsos profetas que imponen un amplio y grotesco ecumenismo con no importa quién, traicionando al Señor de la Verdad y de la Vida, temerosos de tomar parte con las minorías y prefiriendo ser monos imitadores en esclavitud. Ojalá que nos enfrentásemos al mundo con este slogan:

No podemos hacer de otra manera que no sea servir a nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo.

B.L. Alonso Díez

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Serie Biblia XXIV

Isaías

Isaías es el principal profeta de Dios. Sus predicciones van más allá que las de los demás profetas y es él de manera muy particular el profeta de la redención, pues nos hace percibir claramente la gracia divina, ya que aunque sus profecías no descubren el plan secreto de Dios (Colosenses 1: 26-27), sí revelan que los gentiles podrán también recibir la bendición por medio del sufrido y esperado Mesías, nuestro Señor Jesucristo.

Su ministerio profético comienza en el ano 738, a.C. –año en que murió el rey Uzías (6:1); tiempo belicista en que Judá era continuamente hostigada por sus enemigos. En todo momento Isaías glorifica la perfecta santidad de Dios, lo cual es válido todavía en nuestro tiempo, haciendo comprender que el curso de los acontecimientos nacionales e internacionales está dirigido por el Santo de Israel, cuya energía e intención deciden los acontecimientos históricos, si en É1 confiamos.

Este libro hace hincapié en una vida santa unida al propósito divino por medio de la obediencia a Dios. A los gobernantes de la época los reprende, advirtiéndoles de la sentencia que les espera por ser corruptos; nos habla del exilio de Israel y el castigo a sus opresores; del regreso de Babilonia; hace mención del sufrimiento y triunfo del redentor y libertador futuro de Israel –para nosotros los cristianos, nuestro Señor Jesucristo (cap. 53). Nos hace ver la aparición del Mesías en juicio (caps. 63 y 64), así como la recompensa de Dios (cap. 65) y la protección divina en el mundo nuevo.

El libro puede dividirse en ocho secciones, a saber:

I)       Dios acusa a Judá (l:1-5:30)

II)      Primera visión de Isaías (6:1-13:22)

III)     Regreso del destierro (14:1-27:13)

IV)    Castigo a ebrios, rebeldes e invasores (28:1-39.8)

V)      El Señor consuela a Jerusalén (40:1-48.22)

VI)    El Siervo del Señor es guía de naciones (49:1-55:13)

VII)   Recompensa de la fidelidad al pacto (56:1-65:25

VIII)  Juicio y liberación (66:1-24)

Fernando Torres

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El cristiano y su responsabilidad pública

Desde Suiza

Estoy escribiendo desde Suiza, un país con histórica “cultura democrática”. Mi visión puede chocar con situaciones y lugares con tradición diferente.

Me parece que el peor abuso del término „democracia“ es cuando la opinión de un pueblo es manipulada por un grupo de interés.

Básicamente para la supervivencia de una democracia es indispensable la información imparcial con acceso general y una mentalidad por parte del pueblo que no exija de las autoridades, sino que cada ciudadano se sienta co-responsable. Las minorías deben respetar “la regla de la mayoría”, es decir, aceptar que la mayoría define las reglas. Pero la mayoría –la que está en el poder– debe asumir la responsabilidad de respetar y proteger las minorías.

Es una mala forma de Gobierno, pero la mejor

Esta clasificación de la democracia es histórica y contiene mucha verdad. Nunca será fácil que algunos seres humanos tengan autoridad sobre sus semejantes.

Cuatro siglos atrás cuando en Europa se formaron las primeras democracias modernas, nadie pensó en crear con ello un medio para poder “elegir a un buen candidato” o “realizar un óptimo programa político”, sino se consideró que el concederse recíprocamente la libertad, prometía la mayor estabilidad. Se buscaba un sistema que permitiera “quitar” los gobernantes desleales, ya que una vez que el hombre está en el poder, se corrompe fácilmente.

Hoy haríamos muy bien si volviésemos a esa visión humilde.

El creyente y la política

Independientemente de la forma de Gobierno, el creyente reconoce su gobierno y se somete (Ro 13:1).

Cada creyente está llamado a dominarse a sí mismo, y no darse a orgías, chismes, ocio, adulterio, deslealtad, etc. Además, ama al prójimo –incluso al enemigo– y busca la paz con todos. Esta es la mejor influencia sobre la sociedad, o con otras palabras, la mejor “democracia”.

En Jeremías 29:7 leemos que el pueblo de Dios, incluso estando bajo un gobierno enemigo, debe procurar la paz y el bien de toda la nación, y orar por las autoridades.

Básicamente hay una diferencia entre “cumplir con los deberes del ciudadano” o “esperar en el poder del hombre”; lo que sería idolatría. Explico: Últimamente hemos aceptado una Iniciativa Popular por una ley nacional en contra de la manipulación de los genes. A mi parecer, participar en tales decisiones no es un pecado. Pero, al contrario, los que militan en programas políticos, seguramente que se comprometen en alguna injusticia.

En los países donde el número de personas creyentes (evangélicos) ha alcanzado un porcentaje considerable, existe el problema de codiciar el poder político. La verdad es que el Evangelio nunca encarga a los creyentes a aspirar cargos gubernamentales. Y la práctica demuestra que la gran mayoría de los que han sabido juntar votos para su persona, una vez asumida la carga, fracasan, y arrojan sobre la causa del Señor más vergüenza que honor.

Si a algún seguidor de Jesucristo le parece duro no poder realizarse en algún partido y no participar en la política, le doy el consejo de estudiar la actitud de Jesucristo y los apóstoles frente a estos asuntos. Ellos, mucho más que nosotros habrían tenido motivo para participar, porque pertenecían al pueblo que tenía promesas divinas incluso para su gobierno, que no era Suiza, Chile, Bolivia, etc., pues la Biblia no habla directamente.

Sin ambiciones mundanas

Algunos me dicen que hay ejemplos bíblicos de creyentes que han ocupado puestos importantes. Pero, ¿cuál era la estrategia de José para llegar a ser la segunda persona en Egipto? ¿Y cuál era el eslogan de Daniel que convenció a los que lo pusieron? – Si a algún hermano en Cristo le pasa como le pasó a José o a Daniel, los que fueron escogidos sin que ellos mismos se presentasen, entonces le deseo las ricas bendiciones, y que no se mezcle en los intereses injustos, mas quede firme en las cosas del Señor.

Termino: Hay una promesa bíblica para los que quieren tener influencia en la tierra, y es: “Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad.” (Mt 5:5).

Juan

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¿Bendición o desgracia?

¡Cuántas veces nos hacemos esta pregunta y sufrimos con los cambios políticos!, sin acordarnos que “sabemos además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien” (Ro 8:28). – Tenemos un buen ejemplo en el viejo cuento chino:

Hace muchos años, en una aldea china vivía un labrador con su hijo. Su única posesión, aparte de la tierra y la pequeña casa de paja, era un caballo. Un buen día el caballo se escapó. Sus vecinos acudieron para decirle cuanto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció la visita y preguntó: “¿Pero, cómo sabéis si lo ocurrido es una desgracia para mí?”

Una semana después el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al saberlo los habitantes de la aldea, alborozados porque sólo ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado, retornaron a la casa del labrador y le decían: “Antes tenías sólo un caballo y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!”. – “Muchas gracias –respondió el labrador– ¿pero, cómo sabéis si lo que ha ocurrido es una bendición para mí?” Desconcertados y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon.

Pasado un mes, el hijo del labrador decidió domesticar la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada y el muchacho tuvo una mala caída, rompiéndose una pierna. Los vecinos retornaron a la casa del labrador, llevando distintos objetos para el joven herido. El alcalde solemnemente presentó sus condolencias diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido con el muchacho. El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó: “¿Cómo podéis saber si lo ocurrido se revelará por desgracia en mi vida?” Esta frase dejó a todos estupefactos y decían entre si: “realmente se ha vuelto loco; su único hijo puede quedarse cojo para siempre”.

Transcurrieron algunos meses y Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del Emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes para ser enviados al frente. Al llegar a la aldea reclutaron a todos excepto al hijo del labrador que estaba con la pierna rota. Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. – Hasta aquí el cuento chino.

Pues, mi hermano joven, antes de que trates de cambiar este mundo según tu propio juicio, consulta tu Biblia y pregunta ante el Señor cual es Su voluntad para ti. Es mucho mejor estar por el lado de Dios –y tener vida eterna– que aliarse con los hombres que se equivocan en lo temporal y pierden el futuro.

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