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Mensaje de Paz
Edición de enero / febrero de 2007
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Índice
Seguridad que permanece
¿Podemos vivir seguros?
El Señor es tu guardador
¿Dónde te apoyas?
Daniel
Jóvenes (o menos) - ¡Hay una medicina contra las preocupaciones!


Seguridad que permanece

Nada hemos traído a este mundo…
…sin duda, nada podremos sacar.

Si la muerte pone fin a todo tipo de "seguridad" , entonces es necesario buscar lo que la muerte no puede alcanzar. Jesucristo dice: "Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?" (Evangelio de Juan, cap. 11, vers. 26).

Para creer en Jesucristo hay que dar los siguientes pasos:

  1. Afirmar en el corazón que el Dios que creó los cielos y la tierra, lo visible y lo invisible, es el Dios que se revela en la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento).
  2. Leer y asimilar esa Palabra divina. (No reemplazar la lectura de la Biblia con comentarios o críticas).
  3. Ser honesto ante el Dios Creador, su Hijo Jesucristo nuestro Salvador, y ante uno mismo lo que significa: humillarse y arrepentirse.

El que cree, tiene vida eterna.

(.)

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¿Podemos vivir seguros?

Los problemas y peligros que hoy asechan al ser humano son tan angustiosos y graves que la necesidad de seguridad ha dejado de ser una preocupación para convertirse en una obsesión. Muchos viven en constante sobresalto; el temor y la incertidumbre se han apoderado del corazón humano. Los problemas de pobreza, del dolor y de la muerte asumen hoy formas tan diversas y tan amenazantes que resulta muy difícil conservar la calma. Calamidades y una serie de catástrofes naturales se repiten cada vez con mayor frecuencia. El equilibrio económico y la estabilidad emocional también son alterados por toda suerte de accidentes y enfermedades solapadas. Y, ¿qué decir de los dramas provocados por la ola de violencia que inunda la tierra?

Personas de todas partes del mundo sienten preocupación y ansiedad. Los inestimables bienes de la vida parecen estar a merced de los caprichos y pasiones del hombre mismo. Recuerdo haber leído un anuncio publicitario de una compañía de seguros que decía: „Vendemos seguridad". Es una oferta bastante atractiva sin duda, pero imposible de satisfacer.

La buena voluntad del hombre no logra resolver las incertidumbres y peligros de nuestra época. Este fracaso o frustración se puede asemejar a lo que ocurrió con un hombre que hizo colocar barrotes de hierro a todas las aberturas de su casa por temor a los ladrones. En vez de ser víctima del robo, pereció abrasado por un incendio que se produjo en su domicilio. La puerta a prueba de ladrones se atascó de tal modo que no pudo escapar del fuego. A semejanza de este hombre, también nosotros podemos equivocarnos al escoger nuestro sistema de seguridad.

¿Cuál es entonces la mejor forma de defensa ante los riesgos de esta vida? Una pregunta que podemos contestar con las palabras del Salmo 46 que dice: „Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida…"

El omnipotente Dios y Creador del universo es la única fuente de seguridad y fortaleza. Cualquiera sean los riesgos que debamos afrontar, en él podemos encontrar el auxilio oportuno. Son promesas de Dios; él es nuestro refugio, es nuestro amparo y nuestra protección, nuestra única seguridad. No significa esto que desaparecerán los contratiempos y riesgos de la vida. Las consecuencias del pecado son inevitables; mientras vivamos en este mundo habrá dolor, enfermedad y muerte. Pero la promesa divina es que en medio de la angustia tendremos la compañía del Señor.

¿Podemos vivir seguros? Sí, pero para eso es indispensable confiar en Dios. Cuando la fe llena el corazón, desaparecen la ansiedad y los miedos. Pero a pesar de las incontables evidencias que revelan la bondad y poder de Dios, el ser humano hace caso omiso a la ayuda divina. En este tiempo, hay multitudes que adormecen su conciencia y procuran encontrar seguridad para sus vidas en cualquier otro recurso, menos en el Señor Jesús. Simplemente lo olvidan, o lo ignoran. Dejan de reconocerlo como el Salvador de sus vidas y el Señor del universo.

No hay fuerza humana suficiente para neutralizar los peligros de esta tierra; no hay ningún medio seguro inventado por los hombres para conjurar los desastres provocados por un corazón pecaminoso y egoísta. Sólo en Jesús están la salvación y la seguridad del alma. Unidos a él por la fe, podemos mirar el futuro con confianza. El amor de Jesús desplazará todo temor y, entonces, podremos hacer nuestra la experiencia del apóstol Pablo, quien exclamó: „¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" Y agrega: „Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8:35, 38, 39).

Para que disfrutes de esta seguridad que proporciona la presencia de Jesús en la vida del ser humano, confía en él de todo corazón y entonces disfrutarás de paz, de gozo, de esperanza, y afrontarás exitosamente todos los problemas de este mundo, porque en Jesús, y sólo en él, está la salvación.

Luis Leiva Zurita

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El Señor es tu guardador

Mis ojos alzaré sobre los montes,
el gran socorro Dios ofrecerá;
como hizo los cielos y la tierra,
así también nos beneficiará

Él no dará mi pie al resbaladero,
el que te espera en sí no dormirá,
quien aguarda a Israel no se descuida,
ni en su velada nunca olvidará.

Jehová es tu guardador, y es cual la sombra
a tu mano derecha y, sin tardar,
hará que el sol ya más no te fatigue
ni en la noche ninguno te haga mal.

No olvides que te guarda, siempre tuyo,
nuestro Dios, nuestro Padre celestial;
Él salvará tu alma para siempre
cuando salgas o vengas para entrar.

© Antonio Barceló Roldán 2005
abarce@telefonica.net

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¿Dónde te apoyas?

Sí, pero con esta Iglesia tan grande que he logrado con tanto esfuerzo y reconocida por la sociedad es difícil que algo venga y me haga salir de aquí, dijo el pastor de una de las Iglesias más grandes de Imagilandia, el otro le respondió: yo me diplomé en Teología y me gradué con las mejores notas, ¿puede usted creer que algo va a lograr tambalearme de mi Fe en Jesucristo?

Han pasado muchos años de esta conversación. El pastor de la iglesia grande ahora trabaja en una oficina de impuestos de la comuna, sellando cientos de boletas por día, solo, frente a un ventilador. El estudioso de Teología se fue de misionero a Irán y se convirtió al Islam, después de la conversación que tuvo con una señora muy amable que conoció en ese país.

Amigos, estas historias son imaginarias, pero, aunque no lo creas, se repiten de manera asombrosa por toda la tierra. Son personas creyentes en Cristo, que trabajan para ÉL haciendo cosas importantes para la obra de Dios, pero que están parados en el lugar equivocado. Haciendo mucho por Jesús, hablando mucho de Jesús, pero teniendo su confianza puesta en otro lado. En los casos que presenté: uno confiaba en la magnitud de su Iglesia el otro en su intelectualidad.

La Palabra de Dios dice en Mateo 7:24-27: "…cualquiera, pues, que me oye estas palabras (las de Jesús) y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina."

¿Dónde crees que edificaron su casa estos dos creyentes que te conté al principio?

Mira que te digo "creyentes" es decir personas que creen en Jesucristo, pero que no se apoyan enteramente en Él.

Ya ves que es posible hacer mucho por Jesús sin tenerlo en cuenta en todas las cosas. Es bueno hacer cosas por el Señor, pero permanezcamos apoyados siempre en la roca que es Jesús, y que la obra del Señor no nos haga olvidar del Señor de la obra.

¿Recuerdas la historia relatada en Lucas 10:18-42? Jesús, durante su viaje, entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Pero Marta, que andaba muy afanada en los múltiples quehaceres del servicio, vino a decirle: "Señor, ¿no se te da nada que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude". El Señor le respondió: "¡Marta, Marta! tú te afanas y te agitas por muchas cosas. Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le será quitada."

María eligió lo mejor, ella prefirió quedarse tranquila a los pies de Jesús, sabía que Él era su confianza y su amparo.

Si estás demasiado ocupado en las actividades de la Iglesia o en los estudios, te invito a que elijas la mejor parte: sentarte, orar y buscar la dirección del Señor, apoyarte en Él y solamente así estaremos seguros que nuestra actividad hará avanzar la actividad del Señor.

¿En dónde está tu seguridad? ¿En qué te apoyas para tanto afán? Piénsalo a solas y con total sinceridad, entonces busca en el Señor: nuestra única seguridad.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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Serie Biblia XVIII

Daniel

Este libro pertenece al género literario llamado "apocalíptico", rico en símbolos y visiones, y relata como un joven judío deportado a Babilonia en 597 a.C. puede por gracia de Dios interpretar los sueños de los opresores del pueblo hebreo. Su nombre es Daniel que significa "Dios es mi juez". Su noble linaje le propició la inserción en el servicio palaciego babilónico.

El ambiente pagano que se vivía en esa rica corte no fue óbice para que Daniel llevara una vida genuinamente devota y llena de espiritualidad. Su vida como profeta comenzó bajo el yugo de Nabucodonosor y se prolongó hasta los días de Ciro, rey de Persia. Fue contemporáneo de Jeremías, Ezequiel (14:20), Josué, Esdras y Zorobabel.

Daniel es considerado el profeta de "los tiempos de los gentiles" (Lucas 21:24), pues su visión abarca todo el curso del dominio mundial de los gentiles -que comienza con el cautiverio de Judá bajo Nabucodonosor (2Cr 36:1-21)- hasta el final catastrófico del mismo y el establecimiento del reino mesiánico.

El relato descubre la fidelidad a Dios y la fuerza espiritual de Él recibida, que Daniel y sus tres amigos mantienen y que les permiten negarse a renegar del Dios Altísimo, a pesar de los peligros mortales que ello conllevaba. Esta demostración de lealtad al Señor Todopoderoso inspiró a sus contemporáneos y nos insufla aún hoy en día la esperanza y la seguridad de que Dios nunca abandona a quien le es fiel.

La primera parte del libro nos muestra la confianza en Dios de Daniel y sus tres amigos, y el estricto apego a los fundamentos religiosos mesiánicos que ellos profesaban. La segunda parte del texto nos describe las tres grandes visiones de Daniel, así como el triunfo definitivo de Dios como Señor de la historia y soberano del reino eterno.

El libro puede dividirse en cuatro partes, a saber:

1. Deportación de Daniel (cap. 1)
2. Sueños de Nabucodonosor (caps. 2-4)
3. Daniel en tiempos de Belsasar y Darío (caps. 5-6)
4. Visiones apocalípticas de Daniel (caps. 7-12)

Fernando Torres

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Jóvenes (o menos)
- ¡ Hay una medicina contra las preocupaciones!

Momentos solemnes como el de estar a punto de pisar el umbral de un nuevo año despiertan en muchas personas sentimientos extraños. Recuerdo esa sensación vivida en el círculo de mis hermanos de fe:

Yo, con diecisiete años de edad, por una parte ya he cumplido con algunos "deberes" de mi vida: me he entregado al Señor Jesucristo para seguir Sus planes, mi formación profesional está en buen camino y dentro de poco sacaré sin mayores problemas el diploma anhelado. Pero, claro, por otra parte hay muchas cosas inciertas: ¿Qué chica será mi compañera en la vida? ¡Y la llamada al servicio del Señor!, ¿qué podría incluir?, Servirle económicamente significaría concentrarme más en mi carrera, ¿O servirle en mi ciudad, que quiere decir llevar una vida modesta teniendo tiempo para el prójimo y la iglesia?; ¿O un servicio a tiempo completo?, ¿En mi país o en otros países? Además, ¿el tiempo futuro sería de prosperidad, de crecimiento de la obra del Señor, de libertad o de persecución para los creyentes?

De repente soy despertado de mis pensamientos: Herman, ancianito y muy amante de los niños y jóvenes, toma la palabra para concluir el encuentro despidiendo ese año e inaugurando el nuevo. Pintaría una perspectiva espléndida, de victorias con el Señor. Por lo menos así me lo espero, ya que él tiene el don de animar a los demás.

„¡Jóvenes, estáis llenos de ilusiones!... pero os pasará cuando tengáis que llevar la carga de la vida; muy pronto vendrán los achaques de la vejez, entonces aprenderéis también vosotros a ‘echar vuestra ansiedad sobre Él’. Todavía no os imagináis la gravedad de las preocupaciones que os amenazarán, más pronto de lo que os imagináis."

¡Qué decepción para mí, o más bien, siento en mí una rebelión! No comprendo nada más: El viejo, que ha vivido bien sus años, guiado con éxito una pequeña empresa, ahora tiene su pensión, disfruta una descendencia que incluye la tercera generación, sólo le espera la gloria con el Señor, ¡Y se cree con derechos a tener motivo para acongojarse! Casi no oso pensarlo, pero mi mente me dice: "¡Es una enfermedad, Herman se ha vuelto loco!".

Espontáneamente, y con intensidad, nace en mí la convicción de que un joven como yo tiene cien -o mil- veces más motivo para preocuparse. Mi futuro es importante y las decisiones que aún tengo que tomar son tremendamente transcendentes. ¡Soy yo quien tengo plenamente el derecho de estar preocupado y de vivir con ansiedad!

Empiezo el año nuevo con esa nueva visión. Me da importancia a mí y a mi futuro. ¡Cuántas dichas esconderá mi porvenir! -¿O tragedias?- ¡Pero tengo que estar atento y manejar bien las decisiones! Concibo en mi mente proyectos fascinantes mientras pasan el día uno, dos, tres y cuatro de enero. Gradualmente mi vida pierde su esplendor y sus colores, y se torna gris, cada vez más… Me cuesta bastante dificultad diagnosticar: ansiedades, preocupaciones, congojas, pues, ¡yo estoy afectado del mismo tipo de "locura"! Al admitirlo, el Señor me recuerda Su "medicina" almacenada en la Biblia en 1 Pedro 5: 7: "Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros".

¡Qué grave error es pensar que algún cristiano tenga "el derecho" a las preocupaciones (¡qué codiciable derecho!).

El Señor Jesucristo no gastó bromas al decir: "No os angustiéis por vuestra vida…" ¡leer el párrafo completo en Mateo cap. 6, versos 25 al 34! Y al decirnos Él estas cosas, no sólo "prohíbe" las angustias, sino ofrece también continua curación de ellas.

Ir conociendo mejor la Biblia, y aplicarla, es una medicina saludable.

Juan

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