MDP Archivo 2007 Julio 07
Índice
El único Dios
El Primero y el Último
Un nombre propio único y admirable
Abdías
La alabanza en la práctica
La verdad os hará libres
El único Dios
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra", así inicia la Biblia en Génesis 1:1. Las primeras poblaciones creyeron en un solo Dios. Para ellas era normal, ya que tenían testimonios de Él muy cercanos.
Desde la época de la "ilustración" (siglo XVIII) muchos contradicen el conocimiento de Dios y sostienen que la idea de Dios se desarrolló en la humanidad poco a poco, es decir, del animismo al politeísmo para llegar -por último- al monoteísmo. Pero serias investigaciones no apoyan esta teoría.
El retroceso de ya no creer en un único Dios y cada vez más en una multitud de dioses se debe al alejamiento del Hombre de Dios. La causa es el pecado. El apóstol Pablo describe esa degeneración en la Epístola a los Romanos (1: 19-23).
El mensaje bíblico nos brinda la posibilidad de volver al verdadero Dios. El mismo Hijo de Dios se ofrece como único puente que supera la ruptura causada por el pecado.
Pero hoy vivimos otra degeneración, la que cuando se dice "Jesucristo", muchos piensan en alguna religión o iglesia, pero no entendemos eso.
Amigo: invoque usted mismo a Jesucristo, dígale que quiere conocerlo y volver al único Dios. Sólo así, usted conocerá el verdadero objetivo de la vida.
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El Primero y el Último
Estimado lector: "¿Desprecias tú la inagotable bondad de Dios, Su paciencia y generosidad, sin darte cuenta de que es precisamente Su bondad la que te está llevando a convertirte a Él?" A continuación Dios habla aún con más aspereza al hombre que critica a los demás: "Tú que eres terco…". (Romanos 2)
¿Puede Dios ser tan duro e impertinente?
¡Qué tercos somos!
¿Nos molesta que Dios insista diciendo que todavía tiene paciencia con nosotros? ¿Lo tildamos por desfachatado porque nos ofrece sus riquezas inagotables? ¿Lo percibimos por pesado porque todavía aplaza nuestro castigo?
Nuestras reacciones incongruentes hacia Él reflejan la perversidad espiritual que hay en nuestros corazones. Efectivamente: ¡Ser pecador no es algo insignificante!
Dios es sabio y capaz
Dios no se da por vencido porque nos ama. Su bondad que no se agota hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos. La Escritura no sólo dice que Dios es "bueno" y que tiene "paciencia", sino habla de "riquezas de bondad" y de una "paciencia inagotable". Dios no tiene límites.
¿Por qué esto nos molesta?
Dios no depende del Hombre. Él existía desde siempre. Y lo maravilloso es que Dios creó al ser humano para que pueda tener comunión con él. Creó el Universo para que el Hombre pueda tener, por lo menos, una mínima noción de la grandeza e inteligencia de su Creador. Organizó todo perfectamente desde lo macroscópico hasta lo microscópico para infundir al Hombre la confianza en Su capacidad. Con todas Sus revelaciones insiste incansablemente en la conquista del corazón de cada ser humano por medio de Su infinito y paciente amor.
El propósito de la creación no fue que el Hombre se alabara a sí mismo por todo lo que ha descubierto en lo creado. Si el Hombre se limita a estos elementos y no vuelve a su Dios, con todo su corazón, su vida es inútil y perdida.
Pero el propósito de Dios es vivir en eterna comunión con el Hombre. Para disponerlo, encargó a Su propio Hijo, Jesucristo. Por medio de Él, al inicio creó todo lo visible e invisible. Jesucristo se hizo hombre para poder rescatar y pacificar a todos los hombres rebeldes y perversos de corazón. Él también volverá otra vez para acoger - y resucitar - a los que lo han recibido en su vida, para gozar con todos ellos por toda la eternidad. "Todo fue creado por medio de Él y para Él" (Colosenses 1:16).
La conversión
Amigo mío: está bien que contemples el cielo, las estrellas, las plantas y los animales. Que estudies lo que la ciencia sabe sobre nuestro cuerpo. Pero tienes que saber que todo esto son sólo las huellas de tu Creador; Él mismo es muy superior. Su mayor grandeza se revela en la persona de Jesucristo, en Su bondad y Su paciencia inagotables hacia los rebeldes. ¡Piénsalo bien!
¿Quién puede resistir a tal amor? ¿Quién quiere resistir?
¿No deberías arrepentirte de tu vida sin Dios? ¿De tu resistencia, de tus pecados? Dile de todo corazón: "Señor, heme aquí, perdóname, quiero ser tuyo".
El juicio de Dios
La Escritura dice que Dios ha designado como Juez sobre todos los hombres a su Hijo Jesucristo, él que hoy se ofrece cual salvador que perdona y ama.
El motivo porque Dios juzgará y castigará con la máxima pena - el infierno - no es que la paciencia o la bondad de Dios se agoten. Son inagotables. Pero Dios condenará porque Él también es justo. Tiene que castigar con pena inagotable a los que persisten en rechazar Su amor infinito.
Dios también tendrá que terminar con la injusticia para que Él sea el primero y el último.
Conclusión
Hoy todavía es el tiempo de Su paciencia y bondad. Hoy el pecador puede arrepentirse de su dureza y rebelión. Y hoy mismo puede romper el círculo vicioso de su egoísmo y acudir a su Salvador. Hoy puede humillarse y clamar: "¡Señor, ten misericordia de mí!"
Hoy mismo la inagotable bondad de Dios puede conducirte, amigo mío, al arrepentimiento tuyo, al perdón y a poder vivir eternamente con Él.
Él, que te amó primero, ¿es el que tú amas hoy y que amarás por último? ¡Decídete hoy!
Juan
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Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Colosenses 1:15-16)
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Yo soy el que soy
Un nombre propio único y admirable
JHWH es el nombre propio de una Persona; no un nombre común (como dios). No tiene plural.
Con este nombre se distingue JHWH de todos los portadores de los otros nombres. No hay ningún otro que se llame así. Él es único. Él, pues, no se confunde con ningún otro. Él es exclusivo. Así lo podemos ver en 1Reyes 18:21,36,39, en la pregunta del profeta Elías: „Si JHWH es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él".
JHWH es un nombre con un significado. Tiene un significado e identidad propios. Con la revelación de ese nombre a Su pueblo, el Dios de Israel no ha tenido la intención de hablar sobre sí mismo en enigmas, sino explicar más detalladamente sobre sí mismo.
En ese nombre divino hay una llamada a conocerle como el único Dios verdadero.
Moisés e Israel en Egipto aceptaron con fe este nombre divino, aunque no alcanzaran a comprender su pleno significado. Al nombrar ese nombre su fe en el Dios del pacto se fortalecía, y la esperanza de que Él estaría cerca de ellos para librarlos de todas sus angustias.
Los judíos cuando leen el Antiguo Testamento no pronuncian el nombre de JHWH. Se refieren a Él con el nombre de Adonai (Señor).
Nunca ha sido la intención del Dios de Israel revelar ese nombre divino para hacerlo algo incomprensible o impronunciable. Los judíos que tradujeron el Antiguo Testamento al griego (llamada la Septuaginta), tradujeron el nombre de JHWH por Kurios (que tiene autoridad, dominio, pleno poder, que es señor o dueño, soberano, Dios). Por eso no sólo están en línea con lo que se ha dicho antes, sino que han tenido la intención de dar a su Dios un nombre que en el pensamiento griego pudiese describir con aproximación lo que es ese Dios. Lo mismo han hecho los escritores del Nuevo Testamento cuando lo escribieron en el „griego koiné" (lengua común del mundo grecorromano), tanto al Dios de Israel (JHWH) como a Jesucristo le dieron el nombre de „Kurios". Con ello daban fe de lo que ese Dios significaba para ellos, expresado en un idioma común en esos días. Como hizo el Ángel del Señor, cuando le reveló a José el significado del nombre de Jesús: „Porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21). Así, tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo son una ininterrumpida revelación de la esencia divina del Dios de Israel. La difusión y la defensa de la verdad de este Dios JHWH y Su Hijo Jesucristo, siendo el único y adorable Dios, ante quien todos los señores y dioses de los gentiles deben quitarse.
Así como con „Adonai", tampoco con „Kurios", se dice todo sobre JHWH/Jesús. De hecho no se puede. La traducción a un idioma, de lo que Dios en Su propia revelación ha dicho en el idioma que Él ha escogido (el hebreo), resulta una traducción aproximada.
Los distintos idiomas modernos han traducido el nombre de JHWH según la palabra griega „Kurios". En holandés con la palabra „Heere", en inglés con „Lord", en alemán con „Herr", en francés con „Seigneur", en español con „Señor" y en latín con „Dominus".
Lo único que debemos dejar claro es, que JHWH/Jesucristo es el único Dios digno de servir, quien nos ha hecho un gran bien, por que Él nos creó y nos situó en una relación de pacto, el Juez y Redentor, con quien se nos permite vivir en una relación personal y que determina toda nuestra vida. Y eso en contraste con... todos los que quieren ejercer poder sobre nosotros (poderes modernos, ideologías, fanatismos, tecnocracias, etc.).
C. den Boer, En la Calle Recta n° 195
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Si el Dios verdadero es el Señor, debéis seguirlo (1Reyes 18:21).
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Serie Biblia XXXII
Abdías
Es el primer profeta que utiliza la expresión "el día de Jehová" (v. 15). Parece ser que este libro profético fue escrito entre los años 538 y 520 a.C., aunque no hay una constancia. De todos los libros del Antiguo Testamento, éste es el más breve.
El motivo de esta profecía es el saqueo y la ocupación de Jerusalén por el pueblo de Edom, actualmente conocido como Idumea, que se unió al ejército invasor de Nabucodonosor (vs. 11-14).
Abdías anuncia el castigo de Edom por esta traición y la proximidad de "el día de Jehová" cuando el juicio de Dios caerá sobre los edomitas y el reino judaico será restaurado.
Este libro puede dividirse en tres partes, a saber:
1 La humillación de Edom (vs. 1-14) 2 El juicio sobre Edom en el día de Jehová (vs.15-18) 3 La restauración de Judá (vs. 19-21
Fernando Torres
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La alabanza en la práctica
Alabar, glorificar y adorar al Señor es el designio de la Creación de Dios.
¿Le damos nosotros la alabanza que Él merece?
No solamente de la boca de los ateos se oyen maldiciones y blasfemias, sino se oyen muchas quejas también de personas que quieren ser cristianas. ¡Pero la persona que de verdad es salvada, tiene que glorificar a su Dios! Está de moda "organizar" la alabanza y la adoración con música y ritmos. Lo que muchas veces resulta, pero, no es nada más que una manipulación masiva.
La verdadera alabanza tiene tres condiciones:
1. Se honra a Dios dándole las gracias por todo lo que Él ha dispuesto en la vida personal. Se confiesa: "Yo acepto y confieso que es justo como Dios me trata… ¡gracias Señor!" (Salmo 92: 15).
2. Yo medito la Palabra de Dios y reconozco que la salvación viene únicamente de Él.
3. Nunca debo buscar la alegría de la alabanza -sería idolatría, sino querer buscar a Dios mismo, a Jesucristo y Su presencia. Si Él por la oración me concede alegría o tristeza en la soledad de mi cuarto como Él me instruye, o en la gran reunión de los santos, esto lo decide el Señor.
"Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová, nuestro Hacedor…"
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La verdad os hará libres
„Jesucristo, verdadero Hijo de Dios, ha sido hecho verdadero Señor mío. Pues antes de Él, yo no había tenido ni Señor ni Rey" (Gran Catecismo, Wittenberg, 1529).
Quisiera explicar esta opinión histórica porque hoy entendemos la vida de otra forma. Pensamos que la verdadera libertad se realiza cuando nos hacemos autónomos o cuando podemos seguir los impulsos propios. Soñamos con ser el dueño de nuestro propio destino. Uno se ama a sí mismo y trata de realizarse al máximo pensando que esto es la plenitud de la vida. Los obstáculos como la falta de dinero o salud se consideran como estorbos o "tiranos injustos"…
La frase inicial dice lo contrario, es decir, que el hombre autónomo es esclavo. Esclavo de sí mismo. Esclavo de la sociedad. Esclavo del "¿qué dirán?" Esclavo del pecado, como también Pablo suspiró: "No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago" (Ro 7:19).
Un camino que no existe
Muchos optan por realizar lo bueno, o al menos intentan evitar lo malo; pero es una utopía. Cuando el Hombre no tiene dueño actúa según su naturaleza pecadora. Su buena voluntad no controla sus hechos, sino su naturaleza los domina.
Cuando el hombre pertenece a sí mismo, está como atrapado en un círculo vicioso; se convierte en su propio señor y dios, pero también en súbdito y prisionero de sí mismo.
En realidad, el hombre "autónomo" quiere él mismo ser dios. Quiere que el verdadero Dios no sea Dios. Pero el Hombre es un dios miserable, uno que sólo quiere poseer y es incapaz de ser… ser la fuente de todo. - ¡Qué tragedia es el pecado!
La verdad nos hará libres
Por esto dice Jesucristo: "Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres" (Jn 8: 31 y 36).
Jesucristo es el "Yo soy". Él es, eternamente vive y da vida.
El hombre que se entrega a Jesucristo está por encima de todo lo que está en la tierra; ya no es súbdito de nadie. Está libre para hacerse súbdito de todos los hombres, voluntariamente, para servirles en nombre de Cristo. Esta es la libertad cristiana y "la religión pura" (Stg 1:27).
Señorear la libertad
Jesucristo ha llegado a ser el Señor y Dueño de los suyos; es decir, de los que se le han sometido. - ¿Cómo señorea Él?
- Dando libertad a los suyos.
- ¿Cómo señorean los que son de Él?
- Igual que Él, desatando a los demás. "Hijo mío -amigo mío- tus pecados te son perdonados". No lo pueden decir por autoridad propia, mas en nombre de su Señor. Él un día oró: "Pero no ruego solamente por éstos - los creyentes de entonces, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos…"
Concluimos: La libertad -el evangelio- se expande en la medida en la que el Hombre se somete a Jesucristo. Así también el Hombre cesa de subyugar en la medida que él mismo se somete a Jesucristo.
La Verdad nos hace libres.
Juan
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