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Mensaje de Paz
Edición de Mayo de 2008
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Índice
¡Seamos atrevidos!
La oración
Como ser verdaderos adoradores
El gran Ayudador
¿Te gustaría conocer a Dios personalmente?


¡Seamos atrevidos!

Se cuenta que en la estación donde el célebre Albert Einstein cada día tenía que tomar el tren, una tarde, tímidamente se le acercó un niño. Ese chico le pidió que le explicara un problema de matemáticas que formaba parte de sus tareas escolares. Y ese gran hombre, sonriente aceptó.

Nos imaginamos como el profesor de física más célebre del mundo, allí en un banco del andén, en medio del ir y venir de la multitud, tuvo a bien conceder su atención a ese niño. Seguramente el niño estaba muy feliz por la ayuda más competente.

Era atrevida la actitud del chico, es verdad. Pero sabía que se dirigía a aquél que, mejor que nadie, era capaz de ayudarle. Y no fue defraudado.

¿No es este incidente una buena ilustración de cómo todos nosotros deberíamos ser aún más atrevidos para acercarnos al Dios omnisciente y todopoderoso? Él nos escuchará.

(.)

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Más necesario que el aire o el agua…

La oración

En la Antigüedad, el Dios del filósofo Platón era inalcanzable por su grandeza. El de Epicteto se confundía con la materia. Muchos ídolos del paganismo son demonios lejanos y amenazadores. En cambio, el Dios de la Biblia está a nuestro alcance en Jesucristo.

Para sintonizar con Él ya no hacen falta complicados ritos, sacrificios sangrientos o una multitud de seres intermedios. Porque escrito está: "Hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres: el Mesías Jesús como hombre" (1 Timoteo 2:5).

Así que orar es dirigirse al Señor, conscientes de su presencia. Breve o extensa, la oración auténtica y sincera no consiste en meras fórmulas o en vanas repeticiones, sino que ha de ser semejante a la conversación de un niño con su padre. Ahora bien, para que ese diálogo pueda iniciarse y ampliarse, hace falta que descanse sobre un firme fundamento: el perdón, la comunión y la paz.

Decía el gran evangelista Spurgeon: "Más vale una sola oración sentida que diez mil rezos rutinarios; más vale una sencilla elevación del alma que las más sublimes fórmulas copiadas de un libro". Y añadía: "Cualquier oración que sólo brota de los labios o de la mente es abominación delante de Dios; sólo el clamor o la súplica que manan desde lo más hondo del corazón le son agradables".

¿Dónde orar?

No hay lugares que sean más propicios o más "santos" que otros. Es ésta una idea pagana y equivocada. Por lo tanto, se puede orar en cualquier lugar: en la calle, en el automóvil, en la oficina, en el tren, en la escuela o en la fábrica. Pero es evidente que se ora más a gusto en un sitio silencioso; en la paz del campo, de los bosques o en algún rincón de nuestra casa. Cristo nos dice "Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre (celestial) que está allí a solas contigo. Entonces tu Padre, que ve en lo oculto, te lo abonará" (Mateo 6:6).

¿Cuándo se debe orar?

¡A cualquier hora! "Mi Dios en su misericordia vendrá a mi encuentro", dice el salmista, "pero yo cantaré de tu poder; sí, gozoso cantaré por la mañana tu misericordia (Salmo 5:3). Mientras que en otro pasaje bíblico leemos ésta oración: "En el día de mi angustia busqué al Señor; en la noche mi mano se extendía sin cansarse (Salmo 77:2). Y en el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos: "Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios…" (16:25).

Por este motivo, el apóstol Pablo manda a los cristianos de Tesalónica: ¡Orad sin cesar! O sea: estad siempre en disposición de hablar con Dios, por cuanto la oración es un modo de vivir.

Orar es más necesario que beber y respirar

Es por medio de la oración como el ser humano se allega a Dios y como Dios penetra en él. En efecto, orar es llamar a Aquél que creó y mantiene cuanto existe. Es hablar con ese Dios personal que nos oye en todo tiempo. Es invocar al Todopoderoso capaz de transformar nuestras circunstancias por difíciles que sean. Pero para gozar plenamente de esa preciosa comunión, hace falta estar en paz con el Ser que conoce todas nuestras idas y venidas y todos nuestros pensamientos por secretos que sean.

Y dicha paz interior sólo se recibe con el pleno perdón de nuestros pecados. No sólo está escrito que: "Al que aparta su oído para no oír la ley (de Dios), su oración también es abominación" (Proverbios 28:9), sino que leemos asimismo en el Nuevo Testamento: "Nada debe afligir o angustiaros, sino decídselo siempre todo a Dios en oración. Pedidle y asimismo, dadle gracias, entonces, Dios os dará su paz que desborda todo entender humano…"

Amiga lectora, lector amigo: permítanme unas preguntas para concluir: ¿Gozan ustedes de ese maravilloso diálogo y de esa comunión con Dios? ¿Le conocen, de veras, como su único Salvador y Señor? Si no fuera el caso, ¿no quieren dejar entrar a Jesús el Señor en su vida para que les lave completamente de todos sus pecados, restaure su personalidad y les dé vida eterna?

Oigan lo que la Biblia les dice aún: "Sacude tu indiferencia… arrepiéntete y cambia de vida. Mira, yo estoy a la puerta llamando - dice Cristo - si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo" (Apocalipsis 3:19-20).

La esencia misma de la oración auténtica es dejar que Jesús el Señor penetre en nuestra vida. Amigos: ¡Abran de par en par la puerta de su corazón, y cantarán con gozo: "Alma mía, alaba al Eterno, por cuanto es hermoso celebrarle! ¡Todo cuanto respire alabe al Dios viviente!" ¿Acudirá usted al Señor ahora mismo?

por Pablo E. Le More (seleccionado)

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Como ser verdaderos adoradores

La adoración, dice la Palabra de Dios, debe ser en espíritu y en verdad (Juan 4:23). Muchos creyentes conocemos esta palabra, pero me gustaría que reflexionemos acerca de qué significa realmente una adoración así.

Adorar en espíritu es lo contrario de adorar en la carne. Pues la carne se opone por naturaleza al espíritu. Las personas que adoran en la carne son inconstantes en sus actuaciones, ahora están con las manos elevadas a Jehová y al instante mirando con desprecio al hermanito nuevo que llegó a la iglesia. O la jovencita adolescente cuyos ojos se llenan de lágrimas al adorar a Dios en alabanza mientras se ubica enfrente del chico que le gusta para seducirlo con insinuaciones.

De ellos Jesús habla en la Palabra de una manera muy dura en Mateo 15:7-9 "¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes: ‘Éste pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas’". Estaban adorando a Dios como cumplimiento de una regla humana que dice: "se supone que si estás en una iglesia, debes adorar". Pero su corazón estaba en otra parte.

Para adorar a Dios en Verdad es necesario que nos preguntemos primero: ¿soy una persona justa? ¿Estoy teniendo misericordia con los demás? ¿Soy una persona fiel? Analizar nuestra posición frente a Dios nos ayudará a no estar entre los que Jesús llama abiertamente hipócritas. ¿Sabes? hipocresía significa fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Veamos en nosotros mismos qué sentimientos nos animan a adorar.

El Señor nos dice en Oseas 6:6: "Lo que pido de ustedes es amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos". El Señor nos demanda amor. ¡Amor! ¡No adoración de puros labios!

No seamos como esos israelitas que describe Éxodo 32:6: "En efecto, al día siguiente, los israelitas madrugaron y presentaron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y se entregó al desenfreno."

Seamos constantes y consistentes, con coherencia entre lo que mostramos y lo que nos anima. La adoración es una manifestación que debe ir acompañada de una vida de sumisión al Señor. Sigamos el consejo del Señor en Deuteronomio 6:3-9 cuando se dirige a nosotros diciendo: "Escucha, Israel, y esfuérzate en obedecer. Así te irá bien y serás un pueblo muy numeroso en la tierra donde abundan la leche y la miel, tal como te lo prometió el Señor, el Dios de tus antepasados. Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades"

Hagamos todas estas cosas: Amar a Dios, grabar sus palabras en nuestro corazón (poniéndolas por obra) y hablar a otros de la gracia maravillosa que Dios derramó sobre nosotros por medio de Jesucristo. Así estaremos preparados para adorar a Dios en espíritu y en verdad.

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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El gran Ayudador

Así como Jesús estuvo en la tierra en forma de hombre, también prometió que enviaría un consolador: el Espíritu Santo. Gálatas 4:6 nos dice: "Ustedes ya son hijos. Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: ‘¡Abba! ¡Padre!’"

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y salvador comenzamos una nueva vida en Cristo y, como toda nueva vida, necesitamos una guía que nos oriente, alguien que nos capacite. Por eso 2 Corintios 3:6 afirma que: "Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida."

Una vez convertidos a Jesús y de haber sido perdonados de nuestros pecados, nuestro cuerpo ya no es el que nos debe dominar sino que debemos andar en el Espíritu. La mejor forma de hacerlo es dejando que el Espíritu ande con nosotros cada día como afirma Gálatas 5:16: "Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa." De hecho, es por el Espíritu Santo con quien fuimos sellados que nos mueve a predicar el Evangelio. Isaías 61:1  declara: "El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres."

Dejar que el poder del Espíritu Santo actúe en nosotros y no ponerle obstáculos de la carne. Es tener dentro nuestro al mejor enseñador de la Palabra, pues Él es el autor de la Biblia "porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21)

Él es quien nos ayuda a cuidar lo que aprendemos porque… "el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre -dice Juan 14:26 - les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho."

Él nos consuela en la adversidad y es quien intercede por nosotros en nuestras oraciones porque "Así mismo, en nuestra debilidad -dice Romanos 8:26-27 - el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios."

¡Que el Espíritu Santo viva en nosotros! ¡Recibamos esa maravillosa promesa para ser verdaderos cristianos que no sólo andan con fe sino también con poder!

¡Dios te bendiga!

Hugo Alberto Díaz

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¿Te gustaría conocer a Dios personalmente?

¿Qué se necesita para comenzar una relación con Dios?, ¿esperar que caiga un rayo?, ¿dedicarte a hacer buenas obras religiosas y desinteresadas?, ¿convertirte en una mejor persona para que Dios te acepte?

NINGUNA de las anteriores. Dios ha revelado muy claro en la Biblia como nosotros podemos conocerlo. Aquí hay cuatro principios que te ayudarán a descubrir como tú puedes empezar una relación con Dios.

Principio Uno: Dios te ama, y te creó para conocerle personalmente.

Dios te creó. No sólo eso, Él te ama tanto que quiere que pases la eternidad con Él. Jesús dijo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

¿Qué nos impide conocer a Dios?

Principio Dos: Todos nosotros somos pecadores y estamos separados de Dios.

El hecho es que necesitamos a Jesús. La Biblia dice: "…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Aunque la intención de Dios para nosotros era que tuviéramos una relación con Él, nosotros por naturaleza queremos hacer las cosas a nuestra manera.

El resultado del pecado en nuestras vidas es la muerte, separación espiritual de Dios (Romanos 6:23). Aunque tratamos de alcanzar a Dios mediante nuestros propios esfuerzos, fallamos inevitablemente.

El diagrama muestra el abismo que existe entre nosotros y Dios. Las flechas señalan que nosotros podríamos estar tratando de alcanzar a Dios mediante nuestros propios esfuerzos. Podemos tratar de hacer buenas obras, o de ganarnos la aceptación de Dios a través de una buena vida o una filosofía de vida moral. Pero nuestros mejores esfuerzos son insuficientes para cubrir nuestro pecado.

¿Cómo podemos cruzar este abismo?

Principio Tres: Jesucristo es la única provisión de Dios para el pecado del hombre.

Jesucristo es la solución de Dios para el problema de la imperfección y la maldad del ser humano. Debido a la muerte de Cristo en la cruz no tenemos que estar separados de Dios más tiempo. Jesús pagó el precio por nuestros pecados y al hacer esto él cruzó el abismo que había entre nosotros y Dios.

En vez de hacer un gran esfuerzo para alcanzar a Dios, sólo necesitamos aceptar a Jesús y su sacrificio como el único camino a Dios. "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al Padre, sino por mi" (Juan 14:6). Él también dijo: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi, no morirá eternamente" (Juan 11:25-26). Pero Jesús no solamente murió por nuestros pecados, él también resucitó (1 Corintios 15:3-6). Cuando él hizo esto, probó sin lugar a dudas que él tiene el derecho de prometer vida eterna, que él es el Hijo de Dios y la única forma en que nosotros podemos conocer a Dios.

No es suficiente solo saber estas cosas...

Principio Cuatro: Debemos individualmente recibir a Jesucristo como Salvador y Señor.

La Biblia dice: "Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12)

Aceptar a Jesús significa creer que él es el Hijo de Dios, así como él lo dijo, e invitarlo a guiar y dirigir nuestras vidas, y a hacernos personas nuevas (Juan 3:1-8).

¿Qué harás con respecto a lo que Jesús dijo?

Considera estos círculos:

Vida autodirigida

El yo está en el trono, Jesucristo está fuera de la vida. Los intereses son dirigidos por el yo, a menudo resulta en discordia y frustración.

Vida dirigida por Cristo

Jesucristo está en el trono de la vida. El yo está sometiéndose a Jesús. Los intereses están dirigidos por Jesús en armonía con Dios.

¿Cuál círculo representa mejor tu vida? ¿Cuál círculo te gustaría que representara tu vida?

Comienza ahora una relación con Jesús...

Tú puedes recibir a Cristo ahora mismo. Recuerda que Jesús dijo: "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él" (Apocalipsis 3:20). ¿Te gustaría responder a su invitación?, Aquí está la forma en que puedes hacerlo:

Las palabras precisas que tú usas para hacer un compromiso con Dios no importan. Él conoce las intenciones de tu corazón. Si no estás seguro de cómo debes orar, esto puede ayudarte:

"Señor Jesús, quiero conocerte. Quiero que entres en mi vida. Gracias por morir en la cruz por mi pecado para que yo pudiera ser completamente aceptado por ti. Sólo tú puedes darme el poder para cambiar y para convertirme en la persona que tu quieres que sea. Gracias por perdonarme y por darme la vida eterna con Dios. Te doy mi vida, por favor haz con ella lo que tú desees."

Si en este momento sinceramente le has pedido a Jesús que entrara en tu vida, él entra tal como él te lo ha prometido. Tú acabas de comenzar una relación personal con Dios.

Lo que sigue es una vida de cambios y de crecimiento. Llegarás a conocer a Dios más y más a través de la lectura de la Biblia, la oración y la interacción con otros que también tienen esta relación con él.

www.cadaestudiante.com (abreviado)

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